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LOS ZAPATOS DE EUGENIO

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Un lujo el poder leer los recuerdos que nos escribe y describe nuestro querido Eugenio. Hoy merece la portada del blog.

El agua del grifo salía fría como el carámbano, pero aún así me lavé la cara y me mojé el pelo. Me puse los bombachos, la camisa y el jersey, calcé unos zapatos ya maltrechos por años y uso y bajé a la capilla. Escondidas, las luces de neón bajaban temblorosas sobre las paredes hasta el suelo, iluminando los bancos.

Desde la esquina de la derecha, sentado en su silla, me sonrió el padre Ricardo cuando lo miré.
Pasé al lado de un grupo arrodillado en el último banco, la cara oculta entre las manos, listos para contarle al bueno del padre Ricardo o al padre Sama (perfumado y elegante), las pequeñas cosillas del diario vivir.
Me arrodillé en uno los últimos bancos, cercano a la pared para disfrutar el calor del radiador, negro y semioculto, pero muy solicitado en mañanas como aquélla. Olía a petróleo de los tranvías que pasábamos varias veces a la semana. Poco a poco la capilla se fue llenando. Los últimos llegaban de prisa, como en remolino y se acomodaban donde podían.
Silenciosos, pensativos, adormilados algunos, siempre cobijados bajo la mirada de piedrecitas de colores de la Madre, que el padre Iturgáiz había soñado para nosotros. Revestido de diferentes colores, salía de la sacristía que había oculta detrás del altar, el padre Pedro: delgado, alto y ligero, casi siempre sonriente, mientras el + padre Enrique cuidaba la generosa camada de pollitos, tratando de que nadie hablara ni se distrajera. Con precisión de convento, el armonio iniciaba sus quejas y Luis Javier, Baldomero u otros, entonaban aquello de “como el ciervo que a las fuentes de agua fresca va a beber”. Quedarse en el banco a la hora de la comunión, era demasiado atrevido y preocupante para mí, aunque no arriesgado para nadie. Podías sentarte y esperar a que pasara la fila que venía de comulgar, apartando tus piernas, eso sí, y dejando que cuando el banco ya estaba completo alguien bajara el reclinatorio y todos, manos en las mejillas, diéramos gracias al cielo mientras escuchábamos aquello de: “Hay el pan que da la vida, hay el cáliz que da ardor…”. Y pensaba yo en el vino que a veces bebía en la casa y que después en verdad me daba ardor –porque aún siendo del Bierzo y viniendo de familia bebedora, nunca lo he bebido-, y miraba al pobre padre Pedro a ver si lo notaba triste en aquellas mañanas ardorosas, después de empinar el cáliz. Tras rezar una oración final, “Cuerpo de Cristo… Sangre de Cristo, embriágame”, el pensamiento se me iba al pueblo, porque a veces mi padre, mi querido padre, se embriagaba, y yo no quería ser como él, al menos en eso.
Salíamos de la capilla en filas, listos a comenzar un nuevo día, y a veces escuchábamos al oído, “hoy no te lavaste, eh, tienes el cuello seco”, o, “chavalín, hay que sacar brillo a esos zapatos”.
Y qué curioso, por casi sesenta años, desde aquélla, ¡quién lo diría!, los he llevado siempre brillantes, impecables. 

A Ignacio, Luis, Santines, Enrique, Mariano∑

 

Volveré cualquier tarde, en un vuelo sin retorno, como tantos volvieron,  también volveré  yo. Añorando los otoños, volveré por la vendimia, sin maletas,  saludaré  de entrada a Pepe, sonriente en su garito, seguiré con la memoria el carro de Máximo, goteando mosto, perdiéndose en la granja camino del lagar, y le haré un guiño al lobo bribón, alegre y retozón de San  Froilán, mientras los chopos y cerezos de manitas amarillas volverán a susurrarme, sin herirme,  „bienvenido, hijo mío‰. Me pondré los vaqueros y la camisa parda, sin camiseta de felpa, ni calcetines de lana, calzaré los tenis, pulcros, de nylon, y recorreré en silencio, de punta a punta,  el colegio silencioso y solitario. Ya no habrá pájaros, ni jíbaros, ni culebras en las vitrinas ˆaunque siga aleteando incansable el aliento de Zavala-,  ni cortinas de colores en las ventanas, ni gritos ahogados, ni toses en los pasillos, ni pianos escondidos, ni melodiosa rondalla, ni polifónica escolanía, ni señales de pisci

 na sumergida y clausurada, pero todo me hablará a borbotones, desde lo profundo, con olor a petróleo de tranvías aparcados,  mientras sin prisa, voy buscando la capilla. Allí se juntarán mi alma de niño, asustada, gris y juguetona, y mi alma de anciano, paciente, serena y clara, para compartir con vosotros, mis amigos, palabras y silencios, miradas sorprendidas, abrazos cálidos, recuerdos y nostalgias de tantos y tantos días pasados.  Bajo el manto de la Señora, amplio y festivo, inauguraremos un nuevo curso, a distancia (on line), para gozarlo en mil familias, primero Dios, y nunca el definitivo.

  • Eugenio González Núñez 
Miércoles, 18 de Septiembre de 2013 11:02. antiguosalumnosdominicos #. VARIOS

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gravatar.comsantiago rodriguez

El mosaico que primero se colocó, fué este, el de la escuela menor. El de la escuela mayor no se colocó hasta la primavera de 1961.

Fecha: 18/09/2013 15:59.


gravatar.comLuis Heredia

Eugenio, si supieras la cantidad de gente que preguntó y quería saber de ti hubieras cogido el avión desde USA de madrugada como hizo El Furri desde Sancti Petri, que no está en Italia.
El vino era Prieto Picudo, o sea que no hacía falta mezclarlo con gaseosa ni agua. Así, a pelo, como hacían los antiguos y auténticos oficiantes, dieran una o más Misas. El mareo estaba en el ambiente. Malladina te echó mucho de menos, como siempre le pasa con los que hacéis/mos el argüeso de vez en cuando. Como Mariano prometió escribir más libros -está lanzado- con la condición de hacer en el Colegio la presentación sobre los restos de la piscina, vete sacando un billete de esos con fecha abierta, que te pueda servir , si no es para la próxima presentación, que sea por lo menos para el Centenario del Colegio. Eugenio, cuando veas el vídeo vete arranging cita con el dentista para que te lime los dientes.

Fecha: 18/09/2013 16:01.


gravatar.comjose ignacio serrano mallada

Santiago,Eugenio, Luis,

Qué sola y qué silenciosa estaba la capilla de la escuela menor. Busqué al niño. le llamé y no vino. No estaba. No había vida...

llegué buscando a mi niño,
entré esperando los gritos
de tus besos de cariño,
y en tus manos dos ramitos,
dos ramitos de tomillo.
y en tus ojitos un guiño.

sólo encontré el silencio
y soledad en el aire,
y la vejez que presencio
sin mi niño, sin donaire,
es el respiro y el precio.

llegué buscando a mi niño,
entré esperando los gritos
de tus besos de cariño,
y en tus manos dos ramitos,
dos ramitos de tomillo
y en tus ojitos un guiño
jose ignacio

Fecha: 18/09/2013 16:02.


gravatar.comenrique frade

Recuerdos y mas recuerdos,es lo que tenemos los entrados en años,vivencias infantiles donde la soledad estaba entre el tumulto infantil,estaba la soledad en el alma destetada del niño sin padres ,sin nadie a quien dar un beso para irse a la cama donde se juntaba con mas soledad,la soledad de la camareta,sin luz,sin ruido,en silencio.
En la foto de la piscina veo a los niños flaquitos ,como los niños judios de ausvich,no nos sacarian ni un gramo de grasa.Y teniamos que estar contentos ,fuera habia muchos niños que no comian cuatro veces al dia ,en las casas no habia.Que bien sabia el chocolate,el de la merienda nó,el que me traian mis primas de Puentecastro que venian el domingo primero de mes a vernos,a Mi y a mi hermano Heriberto,ese dia podia besar a alguien familiar,esperando al mes siguiente para comerme el chocolate y besar a Mis primas.Los padres una vez por Navidades,Reyes para ser mas exacto,y en el verano en casa.Pero que coño eramos felices ,nos acurrucabamos unos con otros y así ibamos pasando la niñez.Eugenio ,mi hermano un saludo y para Ti tambien J.Ignacio,para todos los demas el cariño dominico,y del camino ,que no nos falte nunca.
Abrazos quique frade.

Fecha: 18/09/2013 20:50.


gravatar.comSantos S. Santamarta

Regresaré contigo
una tarde de otoño, amigo Eugenio,
una tarde de otoño como aquella
-hace ya tanto tiempo…-
en la que ambos libamos temblorosos
de aquel páramo seco
colores de rastrojos
y aromas ya en sazón del mosto nuevo

Caminaremos juntos una tarde
Eugenio, compañero,
por aquellos espacios que en la infancia
nos vimos en destierro
y se hicieron después, ya para siempre,
medularmente nuestros.

Transitaré contigo esos lugares
y beberemos juntos y en exceso
de palabras y risas, rezos, cantos…
tantos dormidos ecos

Ya desnudos de todo,
solo con provisiones de silencio,
una tarde de otoño como aquella
regresaré contigo, amigo Eugenio,
y vadearemos juntos
-a ver si puede ser- tantos recuerdos…

Fecha: 20/09/2013 15:30.


gravatar.comlalo

Al ver las fotos del concierto en la capilla he descubierto, gracias a la curiosidad de Javivi, que sobre la cabeza de la Virgen hay una estrella negra de cuatro puntas y varias figuras más. Supongo que a él también le sorprendió el descubrimiento y por eso, primero disparó la foto y luego la seleccionó para nosotros.
Mi punto de vista en aquellos tres años siempre fue desde los bancos (y buena parte de él lo tenía en posición genuflexa) por lo que el sobrio artesonado de la capilla me hurtó la vista a la obra completa del pIturgaiz.
Es posible que esta circunstancia oculte el error de alguien. No creo que el pCoello diseñase la capilla contando con que una buena parte del mosaico no se iba a ver, ni que el pIturgaiz sobredimensionase su retablo sabiendo que una buena porción de su obra iba a quedar oculta.
Así que gracias a la presentación del libro de Mariano y al concierto de jubilaticantores, la buena vista de la cámara de Javier del Vigo me ha revelado dos detalles de aquellos tiempos, uno desconocido y otro olvidado:
1 Que el mosaico de la Escuela Menor era más grande y escondía una estrella negra...
2 ... y que allí nunca fui monaguillo.

Salud
Lalo

Fecha: 20/09/2013 17:42.


gravatar.comEugenio González Núñez

A Ignacio, Enrique, Santines…
hermanos de colegio-conventos,
magos de palabras y recuerdos,
-ya teñidos del color del cerezo-,
conmigo vais, nunca como hoy,
en esta dulce mañana de otoño,
perlada por el rocío mañanero.

Fecha: 21/09/2013 15:09.


gravatar.comTuñón

Amigo Frade:Dices que pasábamos el verano en casa,esa estación tiene tres meses y yo los coatro veranos que pasé en La Virgen solo vine a casa del uno al treinta de agosto.
Solo salíamos ese tiempo y algún dia que nos llevaban de campo por los alrededores.
Por lo menos es lo que recuerdo. Tuñón

Fecha: 24/09/2013 19:52.


gravatar.comjose ignacio

había clavadas tres cruces
en la capilla del alma,
madera y piedra sin luces.
y silencio que no calma,
el niño las vio de bruces
y las llevaba en su palma.

Fecha: 27/09/2013 00:03.


gravatar.comEugenio González Núñez

Eran -bien que lo recuerdo-,
las últimas noches de verano,
más que sueños, pesadillas,
de tener que volver otra vez.
Deambulaba el alma encogida,
como queriendo estirar la piel:
llenarme todo entero de lo mío,
llevarlo todo conmigo, amarrado,
para rumiarlo en tardes de estudio,
para degustarlo en cada atardecer.

Si no fuera por lágrimas ocultas,
que tantas veces a solas derramé,
no te contaría lo que te cuento,
ojalá, que nunca vuelva a suceder.

Fecha: 29/09/2013 05:31.


gravatar.comjose ignacio

Santos, Eugenio, Enrique, Baldomero...

los trajeron en camada,
pero faltaba la madre
y no tuvieron un hada
con un rayo que taladre
y cambie calor por helada

Fecha: 30/09/2013 23:30.


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