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MONDEÑO, EL TORERO MONJE

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DIARIO DE SEVILLA

 

 

JUAN GARCÍA, ’MONDEÑO’

’Mondeño’, el torero monje

  • Es un personaje de novela. Se crió en una choza en Andalucía, respiró el éxito en la cumbre del toreo. Tomó los hábitos de fraile y retornó a los toros. Tras su retirada, únicamente ha asistido a tres corridas. Vivió en México, España y desde hace un cuarto de siglo reside en el corazón de París, envuelto en una vida ’glamourosa’.

LUIS NIETO01 MAYO, 2009 - 01:00H

 

 

"¿Cómo ha dado conmigo?", pregunta sorprendido Juan García Mondeño, nacido hace 75 años en Puerto Real y que tomó la alternativa el 29 de marzo de 1959 en la Maestranza, de manos de Antonio Ordóñez. Formó parte de aquel archiconocido cartel compuesto por Puerta, Camino y Mondeño. Alejado del mundo taurino, señala: "Hace muchísimos años que no he concedido una entrevista".

-Juan , ¿cómo llegó al toreo y por qué?

-Mi familia era muy pobre. Viviamos en una choza, entre Puerto Real, donde nací, y Medina Sidonia. Mi madre, con el trigo sobrante del campo, lo molía y hacía una pasta que comíamos mis padres y mi hermano Pepe, que murió muy joven, a los 50 años. Mi padre trabajaba de guarda en la finca de Terry. Nos hinchamos de aquella pasta y de tagarninas. Un banderillero, Carnicerito de la Isla, me dijo que tenía planta de torero y me alquiló un traje de luces para salir de sobresaliente. El rejoneador no mató al toro. Me quedé tan quieto que pensaron que no tenía sangre en las venas. Entonces, me contrató Curro Rodríguez para torear en San Fernando. Yo tenía 18 años. Luego, en Cádiz, formé un lío, toreando sin picadores, junto a Curro Girón.

-Deslumbró de inmediato.

-Sí. Aunque vino la cogida de Zafra, que me dejó cojo en 1957. Me trató un médico en Lisboa. Tenía lesionado el ciático. Me dijeron que no podía torear más.

-Pero llegó a hacerlo con una prótesis...

-Me gasté el dinero que tenía para la prótesis, que ideamos mi amigo Rafael Vaquerizo, sevillano, y yo. Tenía unos hierros que subían por la pantorrilla y una hebilla. Me hicieron unas zapatillas con una especie de tacones para que un muelle me posibilitaba el movimiento que no podía hacer mi pie derecho. Al año siguiente toreé en El Puerto con la prótesis y el aparato se salió. Una cosa era torear en el campo y otra en la plaza con zapatillas. Toreé más de 30 novilladas picadas y en el 59 era famoso. En Sevilla, que me ayudó mucho, corté una oreja a un toro de Carlos Núñez y nadie se enteró de que llevara el aparato. Las cosas fueron adelante y tomé la alternativa de manos de Ordóñez en la Maestranza.

-¿Qué le imponía más, el toro o el público?

-Sin duda, el público. La verdad, no pasaba miedo.

-Entonces, ¿qué lectura hace del miedo?

-Es algo natural, pero que hay que soportarlo para no caer muerto (se ríe)... de miedo.

-¿Y qué es el valor?

-Un don especial, con el que se aguanta el miedo lo máximo posible.

-¿Cuáles fueron sus mejores faenas y en dónde?

-Varias. En Sevilla, de novillero; Valencia, Barcelona, Bilbao, Santander, Tarragona. Casi siempre he dado lo que podía, por eso el público me respetaba.

-¿Y sus plazas predilectas?

-Sevilla y, lógicamente, en mi rincón, El Puerto. De Sevilla me gustaba el silencio y el respeto. Además, la gente está muy cerca, alrededor tuyo. No es como en las plazas monumentales.

-¿Qué es el triunfo?

-Parte de la vanidad humana, que a mí no me ha gustado nada.

-¿Y el fracaso?

-Forma parte de la vida. No sólo del toreo. Es como la guerra, tiene que llegar para que aprendamos del mismo.

-¿Qué precio pagó por ser torero?

-Ninguno. He recibido alegrías, reconocimientos y algunas cornadas, pero éstas forman parte de la Fiesta.

-Fue uno de los toreros más castigados de su época.

-Recibí una veintena de cornadas, dos de ellas muy duras. Sobre todo, una en Zaragoza, en el estómago y otra en la femoral, en Santander. Álvaro Domecq y Pepe Camará me dijeron que me parecía mucho a Manolete.

-¿Qué buscaba cuando toreaba, qué sensaciones tenía?

-Únicamente quería sentirme querido y admirado por la gente. Ver a la gente feliz. Para mí, el público era lo más importante. El torero es un ser importante. Nos jugamos la vida de verdad. Mi toreo, por mi forma de ser, fue místico, de gran verticalidad y me gustaba pasarme muy cerca el toro. Nunca quise torear más de sesenta corridas en una temporada.

-De hecho, para mí usted es el eslabón entre Manolete y José Tomás. ¿Qué opinión tiene de ellos?

-A ninguno de los dos los he visto torear. De Manolete me hablaron muy bien y mucho Domecq y Camará. A José Tomás sólo le conozco personalmente.

-Tras su éxito decide cambiar el traje de luces por los hábitos de dominico. ¿Por qué?

-Desde niño quería haber sido misionero. Mis padres no sabían leer ni escribir, pero nos educaron muy bien. Cuando llegaba una visita nos levantábamos, no hablábamos fuerte. Pisé la escuela por primera vez cuando tenía 13 años. Fui a San Juan Bautista de la Salle. Allí aprendí valores cristianos. Parece ser que tenía sentimientos profundos para ser sacerdote, aunque mi abuela paterna, la Pepa, que era más valiente que El Guerra y anticlerical, se oponía radicalmente. En el 63, con todo a mi favor, ingresé en la Orden de los Dominicos. Quería que me hubieran mandado donde no me conocieran, pero decidieron que iría un año a León y otro al convento de Caleruega (Burgos). La gente iba en peregrinación. Recuerdo a un hombre enfermo que había llegado desde Palma y me dijo que se tenía que confesar conmigo porque yo era un santo, como si yo fuera San Martín de Porres, y le quedaba poco de vida, como así sucedió. Tomé los hábitos. En la calle había miles de personas, con el Nodo. Aquello no fue lo que esperaba y volví a los toros. Era torero y era lo que sabía hacer. Luego, me fui cuando quise, con la vida solucionada económicamente.

-¿Hay similitudes entre un torero y un monje?

-Hay algo especial entre ambos mundos y es la liturgia, como sucede incluso a la hora de vestirse el torero y el religioso.

-¿Ha continuado viendo toros?

-No voy a los toros. Desde que me retiré sólo habré ido a dos o tres corridas y porque me lo han pedido amigos. Una, en México, con Antonio Ordóñez; otra en Sevilla y otra en El Puerto. No quiero ir porque sufro mucho. La Fiesta es muy dura. Para mí el toreo fue un medio de vida, no una vocación como les ha sucedido a muchos otros. Es algo que me puede. Cuando toreaba yo no sentía miedo. Pero desde el tendido, viendo a amigos, lo paso fatal. Ni siquiera las veo por televisión.

-¿Cómo es su vida ahora?

-Vivo en París, cerca del Arco del Triunfo, desde hace 25 años. Antes residí en México D.F., Madrid y Barcelona. Ahora llevo una vida con mucha actividad social. Una de mis aficiones son los coches de época -posee cinco: dos Rolls Royce, un Mercedes, un Ferrari y un BMW-. Hace poco gané un premio de belleza y mecánica en el concurso Entusiastas del Club Rolls Royce en Inglaterra. Es una afición cara, por el mantenimiento de estas joyas. En agosto acudiré a otro en Estados Unidos. También soy un amante de la Harley y en marzo acudo a una convención que se celebra todos los años en Florida. Otra afición es la buena mesa, acudo a restaurantes como El Bulli, que es muy bueno. Cuando tengo oportunidad, para alejarme del ajetreo, me voy a mi casa en Mairena del Aljarafe, donde tengo naranjos, cabezas de toros y me relajo regando las macetas.

Jueves, 02 de Julio de 2020 14:43. antiguosalumnosdominicos #. VARIOS

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gravatar.comJavier Cirauqui

Estaba ocupado y no he entrado en el blog, sobre los varios portillos de Mondeño.
Yo recuerdo la venida de Mondeño al Colegio de la Virgen del Camino, creo que yo estaba en quinto curso y él en el siguiente al mío, en el de Suescun, Iraizoz, Tabuenca, Baldo, Iturgaiz Patxi, etc., aunque realmente la vida la hacía fundameltamente con los frailes, salvo las salidas al patio, cine, etc.
La entrada de Mondeño marcó un revuelo periodístico enorme en la época. ya que era un torero y fue un hito formando terna con Paco Camino y Diego Puerta.
Mi padre era un gran aficionado a los torod, sobre todo a las corridas de San Fermín y le gustaba Mondeño. por su toreo serio y templado, en línea con El Viti e incluso Antonio Ordóñez, ídolo de las peñas sanfermineras. De niño y joven he idi con él a los toros, con merienda completa y he visto a Mondeño torear.
Cuando llegó al colegio vino precedido de una corte de periodistas y fans o seguidores, entre los que se contaba a la actriz Conchita Bautista. Su ingreso en la Virgen del del Camino llenó la prensa nacional y las revistas del corazón de la época. Las chicas de mi pueblo, cuando iba de vacaciones, me preguntaban por él.
Al día siguiente se celebró un partido de futbol entre alumnos, toreros, subalternos y frailes. Entre ellos recuerdo a Juan Bienvenida, Diego Puerta, Paco Camino, El Litri, y algún banderillero o picador de su cuadrilla. No recuerdo quien ganó. A veces pienso que todo esto fue un sueño.
Una de las cosas de su estancia es que cuando íbamos al Santuario para algunas celebraciones, desde la portería, y bajando del convento se incorporaba a las filas del curso del 58, para atravesar el pasadizo y subir al coro del Santuario.
Además, alguna de las veces que Carlos Alonso y yo subíamos a la recreación de los
frailes para recoger discos o libros, lo veíamos hablando con Arsenio, Huarte, Uría y otros frailes.
Al día siguiente siguiente del partido me dieron varias fotografías de Mondeño y periódicos y revistas de la época con el acontecimiento para publicarlas en los periódicos murales MiniMundo y Telecosas paracolgarlos en la recreación.
En Junio de 1965, yo ya me había salido del Colegio y algunos de mis compañeros como Elustondo, Egea, Suescun, Mendivil, Ibarrola, etc. me llamaron aquellos sanfermines, para que fuera a una de las puertas laterales de la plaza, Mondeño reaparecía en Pamplona, pues ya había dejado los hábitos y alguna persona iba a dejarnos entrar. La verdad es que no recuerdo si nos dejaron entrar o no, aunque sí sé, que yo lo vi en alguna otra corrida sanferminera y fardé de haber sido compañero suyo.

Bueno para terminar, aquí os mando una pichorradica en verso para recordar a Mondeño.

Es Juan García Mondeño,
patronímico de Monda,
nacido en Puerto Real,
de esbelto cuerpo trigueño,
lidiador de fina capa,
torero de gran empeño,
que cambiaste la muleta
por tu vocación de fraile
y una promesa secreta.

Concebías el toreo,
como decían los críticos,
de estilo marmóreo y frío.
hasta hierático a veces,
en un rito religioso
de una inquietud angustiada.
Reverente con el toro,
de gran personalidad,
ciñéndote los pitones
a su traje de alamar.

En tu etapa de la Virgen
el colegio conociste,
los frailes y compañeros,
y en tierras de Caleruega,
que es la vida religiosa
de un novicio dominico.
Al momento descubrirte
que aquello no era tu quite
y que tu vocación estaba
entre toros y caballos,
entre espadas y capotes,
entre el clamor de la plaza,
entre los trajes de luces.
entre el triunfo de la muerte
y ganarse las alubias.

Fecha: 07/07/2020 16:45.


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