EN LA PLAZA DE LA CATEDRAL
Esta fotografía de 1980 recoge un momento de la salida de la plaza de la Catedral de León de la imagen de la Virgen del Camino de regreso a su casa en el Santuario.
Esta fotografía de 1980 recoge un momento de la salida de la plaza de la Catedral de León de la imagen de la Virgen del Camino de regreso a su casa en el Santuario.
Estimado una vez más Furri, ahí te mando un programa del famoso auto sacramental EL HIJO PRÓDIGO (representado el 12 de febrero de 1967) que mi también estimado hermano y compañero me ha regalado (menudo hermano tengo).
Procede madártelo porque casi todos los hijos pródigos vuelven a casa por Navidad para tomarse lo del nescafé y el turrón. Como verás el elenco lo ocupa casi al completo la gloriosa quinta del 61.
Alguno de los actores siguen interpretando el papel hasta el día de hoy, otros renegaron para interpretar el papel contrario. En cualquier caso nada de medias tintas.


Me encontré esta fotografía en Internet del viejo Santuario de la Virgen del Camino. Escalofrío de soledad, tristeza y desamparo. No aparece ni dios.
¿A quién se le podría ocurrir construir nada ahí?
Le he preguntado a Jesusito Herrero qué le sugiere y qué es lo que él ve, y así me contesta.
Nuestro Furri me encarga que le ponga pie de foto a esta iglesia. Y fíjate lo que me manda: Una foto en la que se ve una iglesia solitaria en medio de una paramera. ¡Nohaynidios! No está ni el gato, solo una bombilla y dos cables pelados. Se adivina a la derecha la figura borrosa de un cura con su teja y dos o tres parroquianos, pero están de modo accidental. Se colaron. El fotógrafo tal vez no pudo evitarlos. O sea, como si no existiesen. Tampoco hay un perro famélico. Se echa en falta. Un perro famélico hubiera dado una sensación mayor de soledad y precariedad y desamparo que la que ya tiene. Todo al mismo tiempo.
Yo creo que muchos aun no habíamos nacido. Que el Furri nos lo diga y que cada uno eche cuentas. Tampoco es que importe demasiado. Lo que si debe hacer es frío, un frío que se ve a través del alma. Ese frío que hace brotar los sabañones como si fueran setas y que, pasados unos años aún se reproducían en los dedos y en las orejas de unos chavalines que veinte años o treinta más tarde llenarían esos campos yermos de risas y mocos, esos compañeros inseparables que nos acompañaban desde octubre hasta mayo.
Se pone el sol en el horizonte. Siempre es así. La bombilla parece que se ha encendido, aunque también puede ser que ese brillito solo sea el reflejo del sol a través del cristal. Al fondo unas casas. Tampoco hay nadie por allí. Ni tampoco hay nubes en el cielo. Ni una sola. Es invierno y los árboles no tienen hojas. Esta noche caerá una helada de las buenas. El camino que pasa por delante de la iglesia también está desierto. Es lógico, debe correr el cierzo, pero silencioso, porque tampoco se oye nada, aunque el silencio sí se puede oír según dicen.
La guerra ya pasó. Acababa de pasar. Lo dejó todo así. Vacío. Silencioso. Desolado. Los paisajes y las conciencias; y las heridas secretas abiertas de par en par por muchos años más. Pero por aquellos días en que se hizo esta foto alguien pensó que este era un buen sitio para hacer cosas. Había mucho espacio libre y tal vez sería bueno levantar algo y darle un nuevo aire, más moderno, como se decía entonces. Se podría hacer un nuevo santuario y un nuevo seminario lleno de chavalines, de cientos de chavalines con cientos de sabañones y mocos. En fin, una utopía enorme. Figúrate. ¡A quien se le ocurre semejante idea!... Y también habría sitio para varios campos de futbol y de baloncesto y de balonmano y balonvolea…¡Hombre¡, y una piscina enorme, hasta ahí podríamos llegar… Pero en fin. Era solo un sueño.
Pero al que se le ocurrió la utopía estuvo varios años soñando con este lío y a él sí le cabían los sueños.
Jesús Herrero
El sábado pasado, me acerqué, a las seis de la tarde, a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Gijón, conocida popularmente como “La Iglesiona”. Yo entré unos quince minutos antes de la celebración de la misa, ya que se me apetecía contemplar, un poco a mi aire, el interior de esta obra modernista del arquitecto catalán Joan Rubio y, sobre todo, los frescos de los hermanos alemanes Immenkamp. En eso estaba cuando apareción un cura joven que escondía su redondez bajo una sotana impoluta, dirigiéndose con paso decidido hacia la sacristía. Por mi cabezá ya se deslizó un pensamiento parecido a esto : ”Vaya generación de curas que nos están dejando los seminarios ultimamente”. Yo seguí mi recorrido contemplativo al mismo tiempo que me estaba dando cuenta que tendría que volver en alguna otra ocasión, ya que las vidrieras también merecían una pausa por mi parte. Mientras tanto, los feligreses que llegaban, iban ocupando los bancos en unos lugares que me pareció tenían cada uno reservado por ser habituales ocupantes. Y al toque manual de una campana que portaba un monaguillo cuarentón, de blanco inmaculado, apareció el joven sacerdote.
In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
Mi santa y yo nos miramos extrañados e instintivamante contestamos: Amen.
Aquellas palabras latinas hacía tiempo que no las habíamos escuchado y me transportaron a una época lejana y que, teniendo ahora delante la fotografía del interior Santuario de la Virgen del Camino, me están dando pié para comentarla.
A primera vista, lo primero que se aprecia es que el sacerdote está de espaldas a los feligreses lo que, en principio, nos situaría en los años anteriores al Concilio Vaticano II, ( 1962/1965). Lo más curioso es que el altar, se ve claramente, ya está alejado del retablo. El altar se puede rodear, no como antiguamnente que el altar estaba integrado en el retablo. La razón es que el arquitecto, el querido Fray Francisco Coello, ya en 1958 lo había diseñado en ese lugar, según se recoge en los pocos bocetos que se pueden ver en el libro publicado en el año 2006 por AACC8 Arquitecturas Contemporáneas, adelantándose el arquitecto/fraile a algunos de los resultados del Concilio Vaicano II.
En qué momento de la misa nos encontramos, viendo la foto, no es posible saberlo, pero en Gijón, en la misa del Sagrado Corazón, el sacerdote , despues de la Consagración, en castellano, y los rezos que siguen a la consagración nos deleitó de nuevo: Per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri omnipotenti, in unitate Spiritus Sancti, omnis honor et gloria per omnia sæcula sæculorum. Tampoco nos lo esperábamos aunque mecánicamante contestamos: Amen. Es entonces cuando uno se da cuenta de quienes son los habituales a esa misa de las seis de la tarde y los que somos nuevos. Los nuevos miramos a nuestro alrededor algo sorprendidos, tenemos una reacción algo cómica. En ese movimiento de sorpresa de nuevo descubro otra curiosidad, esta vez entre alguna de las feligresas. No son muchas, como en la foto del interior del Santuario, pero las hay que llevan pañuelo o velo sobre la cabeza, unas de color blanco y sólo una de color negro.
Conservo una foto de una boda, En Arriondas, en 1956, donde en primer plano aparecen, además de los novios, mis padre, que son los padrinos y, no está bien que yo lo diga, pero están guapísimos. Mi madre lleva un velo negro sobre su cabeza; ese año había fallecido mi abuela, la madre de mi padre, y por eso se cubría con el velo negro.
En la iglesia de Gijón la decoración es abrumadora. En el santuario leonés las paredes son limpias, sin confesionarios a la vista, ni lámparas de mil brazos, ni Via Crucis rococos. Sencillos ambones o atriles reemplazaron los antiguos púlpitos, en muchas antiguas iglesias auténticas obras de arte del ebanista, del orfebre, del escultor marmolista, del artesano forjador. El arquitecto Coello hizo desaparecer todos aquellos elementos que pudieran desviar la atención de aquello que era lo importante: el retablo y, sobre todo, la imagen digna de devoción de La Virgen del Camino.
Y este sábado, en la iglesia del Sagrado Corazón, “La Iglesiona”, con ese joven sacerdote de celebrante, los que allí participamos de la Eucaristía ni tan siquiera fuimos invitados a “darnos la paz”. De repente me dio la impresión de haberme trasladado en el tiempo a mis años de niñez en Ribadesella. Mi santa y yo rompimos ese momento con un beso y algunos se atrevieron a imitarnos, aunque fuera dándose la mano.
En 1968, en mi casa ocurrieron tres acontecimientos tristes, más para mi madre que para el resto de la familia. Se marcharon a ese nuestro Norte, cuando ella contaba 39 años, su hija de dos años, su única hermana y su marido, nuestro padre, que tenía 45 años. Ese año, tres hermanos ya andábamos compitiendo en piragua por esos rios de Dios. Corríamos con un club, La Sociedad Cultural y Deportiva de Ribadesella, que obligaba a que se fuera socio de la misma para poder acceder a sus instalaciones y beneficios deportivos de material para poder competir. A fallecer nuestro padre, que era el socio, resulta que ninguno de los tres hermanos habíamos cumplido los 18 años, y para hacerse socio había que ser mayor de edad. Mi madre rellenó la ficha, aportó la correspondiente fotografía y se hizo socia, pudiendo nosotros seguir con nuestra actividad piragüística. En el 2004, el que en aquel entonces fuera presidente de la Sociedad, me trajo un sobre y en su interior venía la ficha de socio que mi madre había hecho 36 años antes.
¿Por qué cuento esta anécdota aquí? Porque la fotografía, siendo la de una mujer joven y hermosa, reflejaba todo el dolor, tambien la serenidad de una madre, hermana y esposa que se había quedado sin lo que más quería. Y es que en la fotografía que comento del interior del Santuario, apenas si se aprecia la imagen de La Virgen, pero puedo hablar de su expresión de dolor, de su resignación, mirando la fotografía de la ficha de mi madre como miembro de la Sociedad Cultural y Deportiva de Ribadesella.
Ya que empecé en Gijón, allí voy a terminar. El joven cura finalizó la misa: “Ite Missa est” y algunos contestaron “Deo Gratias”, y yo dije sencillamente: “Amen”.
Para acabar, y si, despues de todo, en la fotografía del Santuario lo que ocurre es que el sacerdote y los dos monaguillos acaban de entrar, no apagaron las luces de la sacristía, los feligreses se ponen de pié, el celebrante se apresta a besar el altar, como se hace antes de empezar la Eucaristía, y a continuación lo rodea y se pone cara al público para celebrar la misa…Nunca lo sabremos.
Carlos Tejo
Paseando por los alrededores del Santuario y observando la puerta de granito que talló Subirachs y llamada de los Peregrinos, que abre al fondo el acceso a la explanada del Santuario de la Virgen del Camino, me llamó la atención algo en lo que nunca me había fijado.
En lo alto del inmenso bloque aparece lo que me atrevo a llamar Trinidad Horizontal. Me baso en la figura del Trono de Gracia tan representado en la escultura gótica (imagen de Dios Padre entronizado que sostiene en sus manos la cruz de su Hijo y descendiendo en forma de hálito divino la paloma del Espíritu). También se le conoce a esta figura en el gótico como Trinidad Vertical.
Pero son sólo elucubraciones mías.

El cardenal Landázuri, religioso franciscano, estuvo en León durante el VI Congreso Eucarístico Nacional, julio de 1964, en el que tanta y tan relevante participación tuvimos la Escolanía de la Virgen del Camino.
Luego, la ciudad y la provincia de León arraigaron en su corazón y visitaría León en difertentes ocasiones. Una calle de León, próxima a la Catedral, lleva su nombre. Y una plaza el de Congreso Eucarístico.
Falleció en Lima en el año 1997.
En la fotografía aparece durante la misa celebrada en la explanada del Santuario.
Pocas estampas he encontrado coloreadas de la imagen de la Virgen del Camino.
¿Alguno de vosotros, queridos míos, encuentra diferencias reseñables entre estas dos fotografías?

En el centro de ambas, ella el edificio parroquia-Humilladero de la Virgen del Camino. Creo que construído en 1961.
Procesión en la explanada del Santuario de la Virgen del Camino. Fotografía fechada en 1960, son los últimos meses de la construcción del nuevo Santuario.
El Padre IPARRAGUIRRE entregaba un libreto a cada uno dde los actores, aunque hicieras de judío figurante y no tuvieras texto.
Libretos salidos de la multicopista y que debía costar un ...
Luego se encuadernaban para insertar finalmente a mano el espiral.
¿Alguien conserváis alguno de estos libretos de obras de teatro o Autos Sacramentales?
En alguna que otra ocasión os he dejado en el blog, y en el álbum EL SANTUARIO de Ver Fotos/Documentos, fotografías de la torre del Santuario de la Virgen del Camino rodeada de andamios.

Hoy os dejo la de un operario currando en las alturas de la torre, el colegio a sus pies.
Casi tocando la estrella "colorá".
con sus noches frias, que acorta las tardes, vuelve mi nieto al cole, un fin y un principio, iré a coger moras, me dejo la barba, y Alberto cumple 32 años.
Estampa firmada por Amós Salvador Carreras del Humilladero de la Virgen del Camino en el mes de septiembre 1914.
«E ya que me vieron de paz, me contaron ellos y ellas el fundamento de la devoción y denominación del Humilladero, diciendo:
"-Mire, señora Justina, lo que llamamos el Humilladero es una ermita pequeña en que la Virgen se apareció a un humilde pastor, y él, humillado, la adoró y hizo humilde oración, y por eso y porque los que allí van se humillan a la santa imagen, se llama el Humilladero"».
nota de Lalo Mayo..-

¿De qué año será?
Me encuentro esta fotografía en Internet. Me chiva que es de 1967. La Virgen del Camino sale de la Catedral de León rumbo a su casa en el Santuario de la paramera.
Quiero recoocer entre canónigos, penachos, roquetes, etc. la frente del P.Jaime, la seriedad del P. José Luis y la candidez del rubio P. Angel.
¿Hay quien dé más?
Esta fotografía de un equipo de futbol del colegio, al parecer de los años 80, me la envió, ya hace tiempo,dado el padre Fernando el joven.
¡Ya hasta con publicidad!
Seguro que nuestros compañeros jóvenes nos podrán contar algo de ella.
Esta foto que hoy os dejo la he encontrado fisgando por Internet.
Aparece el artista en su taller. Al fondo se reconoce uno de los apóstoles del Santuario de la Virgen del Camino.
José Mari, ésta es una de las fotografías que recuerdo, busco y no encuentro.