Esta fotografía que hoy véis, de lujo, me la envió, hace ya algunos estadios, mi querido Julito Barrio. La he estado guardando para algún día especial, para darle el realce necesario y la trascendencia merecida pues me parece que encierra muchos sentimientos, recuerdos, alegrías, tristezas, ternura, añoranzas...
Ante la vulgaridad de mi verbo, que asumo aunque no os permito que me lo reprochéis, he pensado que esta fotografía se merecía la suave e iluminada pluma de algún prócer literario de la más famosa yeguada que conocieron los siglos, esto es, la mía. Y sin dudarlo, se la he enviado a Javidelvigopalencia para que, en alguna de sus numerosas jornadas de inmerecida y veraniega molicie, y sin que me hiciera sombra, la prologara con su verbo fluido, su fácil prosodia (para los de Ciencias excepto Fernando Box: parte de la fonología dedicada al estudio de los rasgos fónicos que afectan a unidades inferiores al fonema, como las moras, o superiores a él, como las sílabas u otras secuencias de la palabra u oración, gracias), su pluma picante, su desliz insinuante, su florida insensatez, sus signos de puntuación y su mirada enhiesta, y la realzase como se merece. A mí solo se me ha ocurrido el título: LOS PECOS y es que, desconozco la razón, pero les recuerdo a ambos con pecas.
Queridos Julito y Helio, forasteros, nunca debísteis cruzar el Missisipi. Parece que os váis a arrancar con ..dos gardenias para tí...o con bacalao, que Julito llevaba como nadie a los ensayos de los dioses de la Escolanía, ¿te enrecuerdas?.
Un abrazo amigos, hermanos.
He aquí el relato (pie de foto) de ese impresentable que es Javivi; aún no entiendo cómo se me ocurrió encargarle nada, el muy cabrón va y me hace sombra (gracias amigo, hermano, eres un fenómeno, monamur):
Fijaos en sus pies!
Hay sincronía de gestos. Bailaban la pierna derecha, -que no la yenka-, cuando los inmortalizó la cámara. Aquel baile de la "izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante atrás!"aún no lo habían aprendido, no. Estos -por aquellos días- cantaban en dueto el Aleluya del Mesías de Häendel con los ojos cerrados y a voces. Y oían con un rictus de desaprobación las primeras canciones de un cuarteto de desgreñados con flequillo, salidos de los suburbios obreros de Liverpool...
-"¿Beatles? ¿Bi qué?", preguntaba Julio, el de Cistierna.
-"Yo, de música actual conozco la misa de Tomás Aragüés", respondía Helio, con deje entre suizo y asturiano.
Esto sí; dicen que el roce genera cariños.
Julio Barrio y Helio Pedregal, -magníficos ejemplares de la yeguada de José Mari Cortés, Gran Hacedor de este "lugar" imaginario de unas memorias cada día más grandes, cada día más reales-, se rozaron desde el año 61 -pasillo va, pasillo viene, año tras año, así un día y otro; y otro más-, hasta el año 1967; así que llegaron a mover acompasadamente sus pies, sus referentes culturales, sus sueños de porvenir rebelde y brillante...
Par de chiquillos, todavía "angelitos apostólicos" en la instantánea. Casi nenúfares de alguna laguna celestial. Pura materia virginal en aquel ayer, prestigiosos profesionales en sus respectivos mundos hoy.
Tocaban la guitarra y las maracas, de igual forma que hubieran hecho con el bombo de Manolo, el de la Selección Española de Fútbol: para la foto; con similar salero al que emplea un orangután cuando enhebra una aguja, a la noche. Era para quedar inmortalizados en una imagen. ¡Vaya que si quedaron!
Pero eran tan jóvenes...! Y están tan lindos, con ese instrumental en sus manos!
En la foto, ante sus pies de ritmo acompasado, un camino de guijarros rodados; Santos Vibot podría habernos seducido con esa literatura tan suya, -toda sonidos, colores y olores- describiendo aquel crujido blando y polifónico que producían los zapatos deslizándose por sobre aquella alfombra de diminutos cantos redondos...
Que rueden vuestros ojos!. Pasen piadosamente por sobre sus zapatos, tan sedientos de betún como la paramera sobre la que se levantó la Fundación Virgen del Camino. Sed indulgentes! Aquel país y aquellos adolescentes no estaban para despilfarrar; mucho menos para lucir coquetos, que las mujeres andaban lejos, misteriosas, tihamertothianas (Joder! Qué palabro me ha salido y cuánto recuerdo me excitan aquellos libros en las capillas, para la meditación, cuando llegaba la noche con sus misterios, con sus anhelos, con nuestras carencias...)
Basta de nostalgias!.Echarle otra mirada a la imagen. Llegaos hasta sus pantalones.
¡No, tan arriba no; no me seáis verdes ni salidas, coñe! Si miráis con ojos "limpios", reconoceréis que estos chicos exhiben calzas bien planchadas. Raya –¡es un decir, claro!- que marcaba el colchón; dudosa "linealidad", antecedente del pantalón de mil rayas de los vascos, para días de fiesta mayor; o para lucir cuando tocaba visita familiar, a los no pertenecientes al Olimpo del GL.
Aquellos pantalones largos, de gala, con su peculiar raya, olían, además, a guardado; olor peculiar, entre humedad, chorizo, queso y buñuelos caseros, que ocupaban lugar contiguo, bajo el camastro. Fusión peculiar de olores, plancha sin consumo de energía eléctrica y nostalgias. Suerte reservada a los dioses poder guardar "paquete" casero, en lucha limpia y desigual con ratones, ratoncillos y amigos rateros, que compartían con uno aquellos privilegios, frente a las rutinas del Refectorio.
O, mores! O tempora!.
Seguid subiendo vuestra mirada, colegas! Llegareis pronto a unos rostros felices, con tupé en la cúspide. Dos dioses del Olimpo tañendo músicas que buscaban destinatarias infructuosamente; a resaltar en Helio su pose, de corte clásico, con filigrana en "ese" netamente praxiteliana; a resaltar en Julio ese aire lindo de seductor, no sólo con la palabra, con el gesto también. Posa Julio con aire de chico de barrio alto; chulito, ma non tropo. Le da réplica Helio con esa chaqueta a cuadros que no desmerecía en nada a la que usaba por la época el mismísimo Príncipe de Gales, antes de matrimoniar con Lady Di.
Ya digo: dos magníficos ejemplares de compañeros apostólicos, fundadores del conjunto conocido posteriormente como LOS PEKOS, según afirma Josemeri, quien guarda documentación que lo avala en sus archivos particulares.
Por ir acabando.
-"Escribe!", me conminó furriel Josemari. "Estás en tiempo de vagancias temporales, como yo; pero mi vagancia es de por vida, privilegio de los dioses. No la tuya, que acabará de aquí a dos meses".
Heme aquí, pues, tecleando, a instancia superior, como esclavo de antaño. Y no he de acabar, digo, sin hacer una petición al respetable:
-Que levante la mano aquel de vosotros que no tuvo o guarde una foto -solo o con el amigo más querido- tomada en aquel patio interior, el de la piscina, a la que el tiempo tapó literalmente. ¿Hay alguien? Seguro que no!
Era un lugar entrañable, íntimo. Casi femenino: sólo para privilegiados, para momentos especiales, para exhibir familia a los compañeros, que podrían divisarla a través de los cristales de los pasillos, sin el trato directo. Un oasis, en suma.
Las fotos de grupo de los primeros años se realizaron allí. Por este blog de la memoria recuperada han pasado cientos -¿exagero?- de imágenes tomadas en aquellos jardines. Los jardines del Edén.
Por las fotos de los álbumes, diría que, en tiempos más recientes, la tendencia fue dejar olvidados estos jardines, para buscar como marco los jardines exteriores, junto al estanque, el sauce, los nenúfares y los peces rojos. ¿Sería señal del cambio de los tiempos? ¡Leches, PCs y rojos!
Qui lo sa! Lo evidente, lo obvio es que Julio y Helio han dejado peZqueñinas al resto de fotos sacadas en aquel escenario, oasis de la memoria recuperada, dos dioses olímpicos en su momento de éxtasis. Salve, caesares apoteósicos, amigos queridos!