BENDITO DIA DE SANTA CECILIA
No encuentro otros textos mejores para celebrar este bendito día que lo que nuestro siempre muy querido Santos Vibot escribía al no menos querido Luisito Heredia en este Blog, hoy hace un año:
¿Verdad, Heredia? Aquella merendola en la recreación, con su olor a banderillas toreras, queso, patatas fritas...cervezas con gaseosas dulces, mistela, anís y coñac para los mayores, galletas de coco...Y tu tío Angel feliz comiendo y fumando con nosotros...¡Santa Cecilia, qué vientos de Rondalla e inminente emoción de villancicos, turrones, contadas peladillas de piñones y frutas escarchadas como besos!
Recordad lo que escribió en AROMAS DEL COLEGIO II.
Oigo de nuevo, como el rumor del mar en aquella querida caracola de mi abuela leonesa, la luz y la alegría tan serenas, aquél mediterráneo destellante en los trinos de sol de las bandurrias, la ceremonia y gracia de aquellas islas míticas bañando nuestro páramo de espumas: ¡"Bolero Mallorquín"!
Irrumpe...(esta palabra evoca muy bien La Rondalla: escuchad en el tesoro de los discos la "irrupción" que introduce el villancico leonés "La Baila", con su aliento orquestal, y que tal vez sea la única grabación que nos queda de toda aquella magia).
Irrumpe la agitada "Gavota" de la Suite nº 5 para clavicembalo de Juán Sebastián Bach, con aquellos pasajes turbulentos de las guitarras en el segundo tema.
Y el "Rondó" de la Suite en Si menor, también de Bach, con su anhelo sin fin, tan alemán, tan hondo.
Y aquellas elegantes "Tiranas" del siglo dieciocho, tan goyescas y amables.
La de Pablo Esteve, exultante de vida.
Y el Anónimo, dando protagonismo en el segundo tema a los dulces laúdes varoniles.
También escucho absorto la íntima "Sonatina" de Scarlatti, esa meditativa danza de cámara, lánguida y suspirante, tal vez coreografiada en el fresco Palacio de La Granja, una tarde de junio, con los altos visillos de encaje mecidos al oreo de los jardines.
Esfinges y tritones.
Otro italiano prendado de Madrid nos hacía silbar sus fantasías: ¡querido Boccherini, cuánto amamos esa segunda parte de tu azul "Minuetto", trufado de boleros y verdes quitasoles con puño de marfil!
Y aquél alado tema, desvalido y ambiguo de Beethoven, su "Minuetto en Sol"...: ¿de qué daño nos habla, ensimismado, de qué secretas penas?
Pero acudía el Mozart más alegre con su "Pequeña música de noche", a bendecirnos con todos sus ensueños, sus minuettos de sedas y sonrisas, sus giros y melodías querubínicas para tararear por los pasillos.
Y aquél "Vals nº6", que era otro minuetto de felicidad.
Y recordáis aquellos Pasodobles y Zarzuelas... la "Fantasía de La Verbena de la Paloma", "Amparito Roca" -la España más feliz de nuestros padres, sus ecos de fliscorno tuba y ron-,
el Coro de repatriados de "Gigante y cabezudos" ("Tras larga ausencia..." ¿lo escuchais?).
Cuando además cantaba La Escolanía se nos hacía un nudo en la garganta.
Como en "La Baturrica" y en "La Baila" (¡por Dios!)
Y aquellas "Cuatro sevillanas" con las que vibraron de contento los pocos andaluces que hubo en el Colegio.
Y nosotros también.
Y aquel "Per tu ploro" inolvidable donde volvían de nuevo las brisas y el dolor mediteráneos en su envolvente ritmo de sardana sinfónica, y aquellos pocos chicos catalanes que también nos quisieron.
Y el "Rêverie" de Schumann, ese rumor de alas, esa caricia en nuestro ojos casi adolescentes, ese beso soñado -tal vez de nuestras madres- en la penumbra de las camarillas antes de adormecernos en la noche...
Y aquella "Canción india" de Rimsky-Korsakow que descendía del cielo entre suspiros... - siempre la imaginé en las noches de luna, tan punzante y sutil-
¡¡"Recuerdos de la Alhambra" para morir de tanto desamor!!
Junto a aquella "Canción del Gondolero", romanza sin palabras
para mecer aquellas amistades tan risueñas en las que deslizamos unos años nuestras pequeñas vidas soñadoras, y que pudieron ser fecundas y felices como lo fue la vida entera de Felix Mendelssohn Bartholdi, admirado por Goethe desde niño.
También nos consolaba aquella "Canción triste" de Tschaikowsky, su quimérica ausencia, su balsámico acento desolado.
No nos privó Torrellas de imaginar Ballets y nos dejamos las puntas con callo de los dedos, pero felices por aquél reto azul tornasolado, en el dificilísimo "Pizzicato" de Sylvia de Delibes, arlequines que fuimos de nosotros.
Y "Bajo la doble águila" -al estilo Big Band americano-
y el "Vals del Emperador"
y la azul "Barcarola" de Los cuentos de Hoffman
y la intrincada suite de "Peer Gynt"......regocijados en el frío del invierno silbando maravillas como "Alegres campesinos" enamorados de toda ingenuidad
FELICIDADES A TODOS LOS QUE AMÁIS LA MÚSICA, A TODOS.