Entrañables recuerdos que comparte Manolo Junco Nachón con nosotros en este precioso relato en el que nos describre y descubre "su" lejano día 19 de Noviembre de 1957, ¡¡hace ya 50 años!!.
Perdóname por publicarlo: "... no me gusta publicar, aunque pensé enviarla a algunos como una imagen casi real de mi recuerdo, tambien se la envié al p.Pedro ya que él era uno de los protagonistas y me respondió que estaría bien en el blog...".
Gracias Manolo, amigo, por tu sensibilidad. Efectivamente, era el comienzo.....
Hoy se cumplen para mí los 50 años de AQUEL DIA, ¡qué recuerdos! unos aún frescos, otros no tanto, con muchas lagunas, a pesar del tiempo transcurrido la imagen de aquel viaje y los días previos es algo que me acompañó siempre, en compañía de mí padre iniciè el viaje a primera hora de un día frío de otoño, con niebla como corresponde a mi querida tierra, era el día 19 de noviembre de 1957, había terminado un temporal y el tiempo empezaba a asentar, hoy era un día importante.
En primavera había llegado una carta, similar a la de todos los compañeros que nos incorporabamos por primera vez a éste mundo nuevo que era el colegio de la virgen del camino, una carta que estará por el desván de casa, en una carpeta perdida rotulada con todo esmero por mí padre: "Virgen del Camino", y puede que hasta tenga el escudo del colegio, la carta firmada por el p.Eulalio... que además de confirmar mi admisión, daba todas las instrucciones precisas indicando la fecha del 19 de noviembre para la incorporación así como el número con que debía marcarme la ropa "49-A", aún no sé el porqué de la A, quizá fuera para no coincidir con los que venían de Corias?
Durante el verano, mi madre con todo esmero había ido completando todo lo necesario, elige-prueba-compra... y bordando la ropa con el citado identificativo, llegó septiembre y no me incorporé a la escuela, cuando se acercó la fecha fuí a despedirme de todos mis compañeros y del maestro, aún recuerdo la imagen de aquella tarde soleada en que después de cinco años, por fín no iba a la escuela...
Se acercaba la fecha y el domingo 17 mi padre mos reunió a toda la familia después de misa, "hoy viene el fotógrafo", vamos a hacer una foto todos juntos", esta foto que aún conservo, permanece enmarcada en mí casa.
Llegó el martes, nos dirigimos a la estación de económicos, con una maleta de las de la época (formato único), de cartón, repleta de ropa y de ilusiones y así iniciamos el viaje en tren, un tren que por aquella época utilizaba el vapor, de vía estrecha y vagones de madera con entradas en los extremos, que al cabo de tres horas de viaje nos dejó en Oviedo, después de pasar por Soto donde abandoné definitivamente mis primeros diez años de infancia para introducirme en mí segunda década, perdí de vista los picos de europa que asomaban entre la niebla y tuve que cambiar de asiento para seguir viendo aún el sueve y el picu pienzu, entramos en Piloña donde el tren hacía tantas eses y se retorcía tanto que acabé mareándome..., llegamos a El Berrón, para entonces la niebla ya había dejado sitio a un sol resplandeciente, allí tuvimos que esperar un cuarto de hora para que pudiera enlazar “el carbonero” (fc. de Langreo), que nueve años después sería mí compañero de fines de semana... esta pausa me permitió reponerme, lo justo hasta llegar a Oviedo.
En Oviedo, cogimos un taxi hasta la estación del norte donde dejamos el equipaje y tuvimos tiempo para pasear y comer, finalmente tras un adiós a la calle uría cogimos el expreso que nos dejó en León, si el viaje hasta aquí había sido agotador, éste lo superó, para mí empezaba una serie de novedades que me dejaban asombrado, los trenes eran mucho más grandes, también con vagones de madera y dos màquinas de vapor, tras el toque del silbato del jefe de estación y un pitido del maquinista aquello se puso en marcha y de esa forma me veo conociendo nuevas tierras, nuevos paisajes y nuevas gentes, nuevos horizontes, la cuenca del caudal fué para mí una novedad, con las minas y los ríos negros, acostumbrado a un río de agua trasparente, el agua teñida de carbón era algo difícil de explicar.
Buscando explicación a estos cambios, llegamos a Mieres, hasta aquí el viaje había sido tranquilo pero allí, en el andén todo era actividad y un griterío enorme, ¿qué pasaba? me asomo a la ventanilla y veo cantidad de gente, muchos niños que se despiden de sus familiares, cargados con una maleta similar a la mía, muchos de ellos se conocen y se acomodan en el mismo vagón, en Pola de Lena se repite otra vez la escena, el viaje ya no será el mismo, la calma que nos acompañó hasta aquí no se volverá a restablecer, la causa no la descubriré hasta llegar a León.
A partir de allí, cada giro que daba el tren me ofrecía una vista diferente y un paisaje nuevo hasta que llegamos a puente los fierros, a partir de allí más novedades, los mil túneles de pajares, túnel-túnel-más túnel alternando con breves paradas, los andenes rebosando nieve, por fín alguien menciona “la perruca”, entramos en un túnel eterno que al final, en una tarde soleada nos deja en un valle entre montañas nevadas, mucha nieve reciente que nos va a acompañar hasta la Robla, nunca había visto tanta junta, cuando miraba desde la galería de mí casa a los picos de europa nunca me había imaginado que se pudiera juntar tanta, después de varias paradas por fín llegamos a león donde nos bajamos junto con todos aquellos niños que se subieron durante el trayecto y que en lo sucesivo serían mis compañeros.
.. ...aquí pierdo un poco la memoria histórica, entre la estación de renfe y la Virgen del Camino, creo que cogimos un taxi y el autobús de fernández cuya estación estaba en el mismo sitio en que cesó la actividad, aquellos autobuses metalizados que hasta hace poco entorpecían el tráfico por León.
La tarde era fría, un cielo límpio con tono rojo intenso, un sol que se iba escondiendo, entramos en el colegio ¡Dios mío qué grande! todo era actividad, no recuerdo muy bien la recepción, aún no estaba repuesto del viaje, el colegio estaba aún en obras, dejamos el equipaje en la camarilla 156, lo arreglamos todo, conocimos parte de las instalaciones, recibimos algunas instrucciones, mi padre me dió algunos consejos y me uní al grupo que se había formado en una de las aulas de la escuela menor, donde todo era alegría y presentaciones y me empezaron a sonar algunos nombres de los que aún recuerdo, a pesar de ello el trago amargo llegó cuando mi padre acompañado por el p. Pedro se despidió tras los cristales de la puerta, entonces me quedé un rato arrinconado tratando de ordenar mí mente hasta que apareció el p enrique que nos hizo volver a la realidad.
Era el comienzo...