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Antiguos alumnos dominicos VIRGEN DEL CAMINO - LEON

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE TOMÁS ÁLVAREZ (Madrid, 4 de Abril)

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE TOMÁS ÁLVAREZ (Madrid, 4 de Abril)

 

Nuestro compañero Lalo F. Mayo nos invita a la PRESENTACIÓN de este libro de Tomás Álvarez (os recuerdo que en la portada del blog tenemos el enlace a su página), prólogo de Luis María Ansón, ilustrado por el pintor astorgano Sendo  y con una exquisita Edición y diseño de categoría del propio Lalo.
Miércoles 4 de Abril, 19 horas. El corte Inglés de Callao, 7ª planta.
Del pintor Sendo, Rosendo García Ramos, os diré que es nacido en San Justo de la Vega (León). Estudió en la Escuela de Arquitectos Técnicos de Madrid y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y Bilbao. En 1979 obtuvo la Cátedra de Dibujo de Instituto de Bachillerato. A partir de 1987 ejerce como catedrático de Diseño en el Instituto Español de Lisboa y alterna su trabajo pictorico entre Lisboa y León.


Os adjunto una invitación a la presentación en Madrid del libro «Cosas de la bucólica. La gastronomía en el Quijote». Su autor es Tomás Álvarez, curso de 1959. Tomás, que solo estuvo un año en el colegio, es periodista y casi siempre trabajó en la agencia EFE.
Es natural de La Cepeda y ahora, una vez jubilado, se dedica a dinamizar culturalmente aquellos queridos pueblos tan próximos a la paramera. Tomás Álvarez es autor de numerosos libros, desde novelas y cuentos hasta ensayos en materia de Viajes, Historia y Comunicación; ha sido directivo del diario Mediterráneo, la Radiotelevisión Valenciana y la Agencia EFE, donde fue responsable de Reportajes, Economía y director en Argentina, país en el que contó con la colaboración literaria de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Claudio Sánchez Albornoz.
El libro, cuyo autor confió en mí para darle forma física, fue presentado en Astorga dos días antes de acabar el pasado año; unas semanas después, en León; y el próximo miércoles 4 de abril tendrá lugar en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Callao su puesta de largo en la capital de España de la mano de José María Merino.
Si alguno de los lectores de este blog residentes en el foro tiene un ratín para pasarse por allí se lo agradecería inmensamente, además de tener la ocasión de darnos un abrazo.
Salud
Lalo Mayo

Cosas de la bucólica

Cosas de la Bucólica. Gastronomía de El Quijote, es un ensayo que analiza a fondo los aspectos gastronómicos de la gran novela cervantina
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El análisis, enmarcado en el contexto de la literatura y sociedad de hace cuatro siglos, está prologado por el académico Luis María Ansón y contiene una serie de ilustraciones del artista Sendo, realizadas para esta edición, relativas a temas cervantinos

El libro desmonta el tópico de la gastronomía del Quijote como únicamente manchega. En el se afirma: “Productos, platos y refranes son esencialmente hispanos, comunes a la mayor parte del territorio peninsular, y además se enriquecen con los ecos de las experiencias culinarias del autor en el norte de África e Italia”

“En aquella época, Miguel de Cervantes fue un observador excepcional —afirma el autor—. Su curiosidad y su peripecia vital le permitieron adquirir un conocimiento privilegiado de la sociedad real del mundo mediterráneo en el momento en que dos grandes potencias, los imperios otomano y español, dirimían allí la hegemonía mundial de las culturas. En este mar se jugó el destino del universo. Cervantes lo conoció muy bien y fue un hombre de frontera; pero un hombre que no sólo conocía —gozaba o sufría— con lo que ocurría en Lepanto, Argel, Chipre, Malta o Túnez, sino que se interesaba por las novedades que llegaban de Flandes, Portugal o las tierras del Nuevo Mundo.

Esa curiosidad y experiencia Cervantes la vertía también en sus obras, y el Quijote es buena prueba de su cosmopolitismo. Provisto de un conocimiento universal, en las páginas del Quijote aparece también una gastronomía multicultural.

En esencia, el volumen profundiza en las comidas, los productos, los refranes y los dichos relativos a la gastronomía en la obra cumbre de nuestras letras, pero en ella también se descubren interesantes aspectos geopolíticos y culinarios del final del siglo XVI, época en la que cambian tanto los hábitos del comer, por influencia de las relaciones entre las cortes europeas, como los productos, por la llegada de nuevos ingredientes desde América.

ALELUYA ALELUYA y EL MANDAMIENTO NUEVO

ALELUYA ALELUYA y EL MANDAMIENTO NUEVO

Felices Pascuas.

Aleluya Aleluya, Canto del Apocalipsis IV, y El Mandamiento nuevo, composiciones de D.Joaquín Hernández.

Interpretada y grabada por Santos Vibot, pVicente y Baldomero, 1976.

https://drive.google.com/file/d/1KeWa9iZs40u61Rhnxf2fQKcrXUmJh02d/view?usp=sharing

 

El mandamiento  nuevo

https://drive.google.com/file/d/1XAp_x_6IQOXy1Jfiwjy8KVL_6NoupvdS/view?usp=sharing

SEMANA SANTA, RECUERDOS DE ESTUDIANTE (Por José María Urbano)

SEMANA SANTA, RECUERDOS DE ESTUDIANTE (Por José María Urbano)

Estudié todo el bachillerato en el colegio Virgen del Camino (León), bajo la gestión de los Padres Dominicos (OP), y lejos de haber quedado estigmatizado, como leo ahora en ocasiones por parte de quienes -cuarenta o cincuenta años después- recuerdan historias complicadas (que   respeto, pero que en todo caso yo tuve seguramente la suerte de no vivir), guardo un recuerdo imborrable de la Semana Santa en el colegio. Y eso no significa -el que sea imborrable- que disfrutara con todo lo que hacíamos.

Recuerdo que era una semana entera sin clase (fiesta), pero a la vez muy exigente. Incluso hasta en el comer, en donde lo del ayuno y abstinencia no era una figura retórica, sino un ejercicio físico y mental, entre los ‘ruidos’ del estómago y el vértigo de irte a la cama soñando con paraísos mucho más terrenales que los que en esa semana preconizaban nuestros segundos ‘padres’.escolania

Y recuerdo, sobre todo, que a partir del Jueves Santo, los que pertenecíamos a la Escolanía Virgen del Camino, que durante muchos años figuró  como una de las más importantes de este país, invitada a a participar en el congreso anual europeo de Pueri Cantores (junto a los Pueri Cantores de Viena, por ejemplo), no parábamos, atendiendo a los solemnes actos de la Semana Santa de León, que tenían en el Santuario de la Virgen del Camino uno de sus referentes. Por supuesto, incluidas las autoridades, las civiles, las militares y las mediopensionistas. En aquellos días, ‘todo León’ subía a la Virgen del Camino.

En todo caso, mis recuerdos más importantes son los musicales, los que durante esa semana nos obligaban a un esfuerzo añadido, con ensayos permanentes, y luego con una atención especial para que todo saliera bordado en los conciertos diarios. Días en los que había que alternar piezas de Palestrina con las de  Tomás Luis de Victoria y su Officium Hebdomadae Sanctae (en los que mi hermano Javier era el solista tenor, lo que me daba pie a mí, un bajo más en el coro general, para hinchar pecho), Mozart ó Haendel. Y el recuerdo especial de la Misa de Resurrección, a las doce de la noche del sábado (ahora las ‘resurrecciones’ se hacen a las siete de la tarde, esto ya no es lo que era), en la que el ‘Aleluya’ de Haendel (cinco voces mixtas) hacía temblar el techo del santuario.

Y un recuerdo final. Los integrantes de la Escolanía, tras los aplausos de un santuario lleno a rebosar, nos íbamos directamente al comedor del colegio, ya de madrugada, en donde nos esperaban, a modo de compensación, pastas con vino, servido en aquellos vasos de acero inoxidable, y seguramente reducido con agua y azúcar. Y al día siguiente, domingo, menú especial: cordero.

(La fotografía pertenece a un concierto más de la Escolanía Virgen del Camino, dirigida por el padre dominico Ángel Torrellas, un ‘mártir’ que un día lo dejó todo para dedicarse a los más necesitados en Centroamérica, en donde murió).

(Dedicado a concejales/as que “descubren”, hoy, la música en ruedas de prensa como si la hubieran inventado ellos/as, y a los que piensan, hoy, que la lucha por los derechos de los demás empezó cuando llegaron ellos).

(Publicado en EL COMERCIO DIGITAL) 

 

 


 

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.

SEMANA SANTA EN LEÓN 2018

EL RAPTO DE LA JUSTINA (Una historia de amor a destiempo) por Eugenio Cascón

EL RAPTO DE LA JUSTINA (Una historia de amor a destiempo)  por Eugenio Cascón

ALGO PARA SITUARNOS

 

Es posible que algunos recordéis a dos mujeres que venían al colegio a limpiar y que eran conocidas como la Veneranda y la Sabina. Se las nombraba así, con el artículo delante, como era costumbre popular en la época, sin que ello conllevara ninguna connotación despectiva, a pesar de lo que algunos puedan pensar. Es solo un uso lingüístico que aún pervive en nuestros días en determinados ambientes populares.

 

Estas dos mujeres, la primera ya de cierta edad y la segunda más joven _aunque no tanto como la del relato_, se ocupaban sobre todo de la zona de los lavabos, de las tareas más sufridas e ingratas. Efectuaban su trabajo a conciencia y, duras como todas las mujeres de pueblo de la época, jamás expresaban una queja. Así, al menos, permanecen acurrucadas en mi memoria, aunque no sé si esta será del todo fiable.

 

Solo conservo de ellas, pues, algunos retazos de recuerdos dispersos e imprecisos, suficientes, sin embargo, para que, recompuestos a mi manera, me hayan permitido pergeñar una especie de cuento del que son protagonistas dos sosias suyas. Dado que se trata de una historia inventada que encierra unos hechos imaginados, pero inimaginables en aquellas calendas, para evitar malentendidos he optados por sustituir los nombres originales por otros de fonética similar, aun siendo consciente que, en relación con el título, hubieran quedado mejor los auténticos: lo del “Rapto de la Sabina” está ahí, a huevo.  

 

Partimos, por consiguiente, de unas personas que fueron reales, pero el relato gira en torno a unos personajes ficticios. Y lo que me ha salido, aun con su toque de humor melancólico y su pizca de socarronería, es nada menos que una historia de amor, desarrollada en un lugar y un tiempo en los que nunca pudo haberse producido. Es solo una fantasía desarrollada en un espacio en el que el amor humano estaba vedado, en el que en gran medida nos fue cercenado, aun antes de nacer, el despertar de los sentidos y de los sentimientos propio de la adolescencia. El aprendizaje sería, como ya hemos comentado en tantas ocasiones, tardío, incompleto y hasta doloroso.

 

Confío en que muchos de vosotros guardéis en vuestra memoria más cosas que yo en la mía de aquellas dos mujeres que, de alguna manera, formaron también parte de nuestra comunidad. Si es así, estaría bien que os decidierais a dar salida a esos recuerdos, a compartirlos, como es costumbre y finalidad de este espacio, a modo de modesto homenaje a ellas. 

 

E imagino que ninguno de los frailes de buena presencia y en edad de merecer que por entonces habitaban el lugar se dará por aludido con lo que se cuenta a continuación. ¿O quizá sí?

Eugenio Cascón Martín

 

 


 

LA HISTORIA

 

El colegio era muy grande y estaba habitado por una turbamulta de quinientos adolescentes que llenaban todos los espacios y los recorrían en todas las direcciones una y otra vez, las más de ellas en prietas y ordenadas filas, bien organizadas y controladas por la superioridad. A ello habría que añadir los frailes, que, aunque eran menos, también ocupaban lo suyo; y las monjas, que hacían la comida y lavaban la ropa; y Pepe, el portero, y…

 

Dado que el ser humano tiende a producir desechos y a ensuciar el hábitat en que se mueve, era inevitable que tanto personal allí enclaustrado maculara continua e inexorablemente pasillos, aulas, dormitorios, recreación, retretes y demás dependencias, lo que hacía preciso asearlo todo. Pero no había problema: las brigadas de limpieza se desplegaban a su debido tiempo, integradas, con mayor o menor voluntarismo y entusiasmo, por los propios estudiantes, que empujaban incontenibles _pasillo adelante, pasillo atrás_ aquellos artilugios, bautizados como tranvías, que dejaban el suelo a propósito para Narciso a base de petróleo. Y, del mismo modo, se higienizaban periódicamente las aulas, tras remover pupitres y mesas, las camarillas (cada uno la suya y con esmero, bajo la amenaza perpetua de una inspección por sorpresa), y todo lo demás. 

 

Pero quedaban las zonas de evacuación de aguas menores y mayores, que constituían lo más peliagudo y desagradable. Y a estos efectos, los rectores se habían estirado contratando a dos mujeres del pueblo, que aparecían por allí algunos días con el fin de ocuparse del aseo de aquellas instalaciones menos nobles. Eran la Perseveranda y la Justina.

 

La Perseveranda era una mujer ya entrada en años, pequeña y enjuta, de facciones endurecidas, de nariz grande y mejillas hundidas, tal vez socavadas por la escasez; de voz algo ronca y atuendo de pobre. Quizá la dureza de su vida la había envejecido prematuramente y tenía menos años de los que aparentaba. Era la que llevaba la voz cantante y, a su lado, la presencia de la Justina apenas se notaba.

 

Era esta una muchacha mucho más joven, de pelo rizado y cara redondeada, también de no mucha estatura, muy tímida y siempre sonriente. Apenas hablaba, cubierta siempre por una bata o guardapolvos de color azul industrial.

 

Ambas formaban la breve cuadrilla que, como quedó dicho, se encargaba de limpiar la superficie _y hasta las entrañas, si hacía falta_ de los urinarios y letrinas. Y a fe que hacían su trabajo a conciencia, sin remilgos ni retrocesos ante lo más repugnante. Se comentaba cómo la Perseveranda era capaz de introducir la mano a pura piel, sin guantes, en aquellos agujeros negros para extraer la materia innoble que había dado lugar a un atasco. No es de extrañar, pues, que alguno de los mandos más conspicuos gritara de vez en cuando, a modo de amenaza terrorífica, a los alumnos que mostraban un comportamiento díscolo:

 

_¡Al primero que hable lo mando a ayudar a la Perseveranda!

 

Y el silencio era instantáneo.

 

Bien, ya hemos hecho, aunque sea someramente, la presentación de nuestras dos chicas, así que vamos ahora con el relato de los acontecimientos de que las hemos convertido en protagonistas.  

 

Aquel día, como tantos otros, acababan de llegar al colegio y se dirigieron al tajo empuñando escobas, cubos, mochos, bayetas, botes de lejía y demás instrumentos necesarios para la sinfonía que a diario interpretaban. Los habitantes del internado, aves acostumbradas a los grandes madrugones, hacía rato que habían volado de los reposaderos y se hallaban ya entregados a los quehaceres que, inclementes y rutinarios, llenaban sus horas. Incluso las abnegadas monjitas llevaban tiempo trasteando en la cocina, seguramente a esas horas lavando la ingente cantidad de tazones que poco antes habían contenido un café claro que, embebido por el panecillo de rigor, había servido de parcial consuelo mañanero a los estómagos de la multitud de adolescentes hambrientos. Quizá estuvieran comenzando ya a preparar la siempre nutritiva, aunque no siempre apetitosa y a menudo monótona, comida que, a mediodía, había de tener el mismo destino.  

 

Tal vez quedara, refugiado en su habitáculo, algún doliente con décimas de fiebre que pronto sería consolado por la llegada, precedida del ruido de rosarios de madera y el aroma de café, de fray Francisco, el que los llamaba “ovejos”, que venía a traerle el desayuno. Lo malo era que posiblemente trajera también consigo, oculta entre el manteo, alguna jeringa que pronto esgrimiría triunfante ante la mirada aterrorizada del enfermo, dispuesto a clavarla en lo más mullido de sus carnes traseras. Y aquello ya era peor.

 

Sin embargo, nada de esto estorbaba a las dos mujeres, a las que ya vemos sumergidas en las alicatadas catacumbas de los retretes. Como no parecía que hubiera atascos ni inmundicias que requirieran esfuerzos especiales, la Perseveranda, que, como más veterana y experimentada, era la que organizaba y daba las órdenes, pensó que cada una de ellas podría ocuparse de los servicios de una planta, y así ahorrarían tiempo.

 

_Justina _dijo a su joven  compañera_, quédate tú aquí y yo me voy al piso de arriba.

La dócil y callada Justina asintió, e instantes después cada una estaba entregada a la realización concienzuda de su trabajo.       

 

Pasó el tiempo y la Perseveranda, acabada su parte de la tarea, hizo acopio de sus aperos y se encaminó, escaleras abajo, a recoger a la Justina, para irse juntas a limpiar a otro sitio.

 

_Justina, ¿has acabao ya? Venga, date prisa, que todavía nos queda mucho por hacer.

 

Pero la Justina no pareció haberla oído. Volvió a llamarla, más alto, y como la otra seguía sin responder, entró en los aseos, a ver si le había ocurrido algo, que nunca se sabe en suelos mojados y resbaladizos. Sin embargo, la muchacha no estaba allí.

 

_¡Qué raro! _dijo para sí extrañada_ ¿Dónde se habrá metido esta, si nunca da un paso sin mí?

 

Salió y siguió llamándola, aunque sin atreverse a soltar todo el chorro de su ronca voz, no fuera a ser que le llamaran la atención a ella. Decidió entonces ampliar el radio de la búsqueda, primero por aquellos dormitorios, para luego encaminarse a los otros, los de los más pequeños, ver si, como era tan mohína, había terminado antes que ella y se había ido a limpiar allí sin avisarla.

Tampoco tuvo éxito, de manera que continuó las pesquisas por otros lugares. Vio a un fraile que venía por el pasillo y a él se dirigió comentándole el asunto. Pero el buen religioso, que debía de estar inmerso en profundas cavilaciones, no le hizo demasiado caso y se limitó a decirle:

 

_No te preocupes, mujer, que estará en cualquier sitio. Verás cómo aparece de un momento a otro.

 

Y siguió su camino sin salir de sus abismos interiores. La Perseveranda, sin embargo, no estaba tranquila, pues de algún modo se sentía responsable de la muchacha y no entendía que hubiera desaparecido así, sin decirle nada.

 

Preguntó a varios alumnos que, entre clase y clase, habían salido corriendo para ir “a menores” sin que los vieran, puesto que la necesidad de desaguar era perentoria. Ellos, lógicamente, nada podían saber, pues llevaban toda la mañana en el aula. Sin embargo, aquello fue suficiente para que la noticia comenzara a extenderse. 

_Oye, que dice la Perseveranda que la Justina ha desaparecido y la andan buscando por todas partes.

 

_A lo mejor la ha secuestrado alguien _aventuró uno en tono jocoso, y todos se rieron con ganas. ¿Quién iba a secuestrar a la pobre Justina?

 

_No te preocupes, mujer _intentó alguien tranquilizar a la Perseveranda, ya muy nerviosa_.  A lo mejor se ha sentido indispuesta y se ha marchado a casa.

 

_¿Sin avisarme antes? _objetó ella_. No lo creo. Esto me huele mal.

 

_¿Pero qué le va a haber pasado aquí, dentro del colegio?

 

A todo esto, la nueva había llegado a la autoridad, que se personó en el lugar donde se había formado el pertinente corro en torno a la Perseveranda y, tras recabar la información de rigor, decidió enviar a alguien a preguntar al portero si la había visto salir.

 

_No, yo no la he visto irse. Y no me he movido de aquí en toda la mañana, eh _contestó el bueno de Pepe, tan pachorrudo como de costumbre.

Se formaron varias brigadas para proporcionar más eficacia al rastreo, pero el tiempo fue pasando y seguía sin haber señales de la desaparecida. Pasaron las clases de la mañana, y la comida, y las horas de estudio, y las clases vespertinas… Ya avanzada la tarde, el prior tomó el mando y decidió celebrar un pequeño cónclave para ver qué podía haber ocurrido y qué decisión se podía tomar. Se aventuraron hipótesis de todo tipo, unas verosímiles y otras no tanto, incluida la de una posible fuga con alguien de dentro, “porque de fuera no ha venido nadie y a ella no se la ha visto salir”.

 

_¿Con quién? Con un fraile no va a ser…

 

_¡Qué disparate!

 

_¿Y con un alumno de los mayores? De la escuela menor no, claro, porque con once o doce años… _elucubró otro miembro de la comunidad.

 

_¿Pero qué dice usted, padre?           

 

Con todo, se decidió agrupar por cursos a todos los alumnos de la escuela mayor y pasar lista, pero no faltaba nadie. Ni siquiera -¡qué casualidad!_ había aquel día ningún enfermo que pudiera haberla oído salir.

 

_A ver si se ha ido, sin que nadie la viera, por los campos de deporte, hacia el cementerio, y le ha dado un aire por ahí.

 

Por si acaso, se envió a algunos apostólicos a dar una batida por aquel lado, los cuales, aunque fuera a deshora, hasta dieron la acostumbrada vuelta a la finca, pero sin resultado.

 

Alguien aventuró otra sugerencia:

 

_Quizá haya salido por la puerta principal sin ser vista, mientras el portero estaba charlando con alguien, cosa que no sería de extrañar, y esté tranquilamente en su casa. Habría que ir a ver.

 

Era cierto, a nadie se le había ocurrido hasta entonces que podría estar en su casa. Y si no era así, convendría avisar a los padres, que seguramente estarían extrañados de la tardanza de su hija.

 

El propio al que se encargó la gestión volvió al cabo de media hora, trayendo consigo a unos progenitores invadidos por la inquietud, los cuales se convirtieron instantáneamente en destinatarios de un improvisado interrogatorio acerca de los posibles motivos de la chica para haberse fugado.

 

_¿Qué motivos había de tener? _se extrañó la madre. _Es una muchacha buena y obediente, y no tiene novio ni na.

 

_A lo mejor tiene amores ocultos que ustedes ignoran.

 

_Que no, que yo conozco muy bien a mi hija y sé los pasos en que anda. Además, a mí me lo cuenta todo y si anduviera con alguno me lo habría dicho _casi se incomodó la buena señora.

 

Se habló entonces de dar aviso a la Guardia Civil, pero aún era pronto, no habían pasado ni doce horas y a lo mejor todo quedaba en una anécdota.

 

Por lo demás, la vida seguía en el colegio como cualquier otro día, aunque aquel había algo nuevo de que hablar. Después de la cena y del paso por la capilla, los apostólicos comentaban el suceso entre sí al subir a los dormitorios, sobre todo los que ocupaban aquel donde se había producido la extraña desaparición. Como la mayoría necesitaban pasar por el evacuadero, se detuvieron a mirar, por si acaso, cada una de las cabinas, pero nada. De lo que sí se hablaba ya entre risas era del “Rapto de la Justina”, fácil transposición onomástica a partir de una historia clásica de sobra conocida. Pero pronto se impuso el silencio y todos se fueron a dormir.

 

Abajo, por el contrario, continuaban la preocupación y el no saber qué hacer. La plana mayor, formada por el prior y los dos directores, junto con la Perseveranda _la pobre mujer no se había movido de allí en todo el día, ni siquiera había comido_ y los familiares seguían a la espera, pensando qué podrían hacer o a quién recurrir. Ya habían escudriñado todos los rincones, incluidos el teatro y las salas de visitas, así que no sabían por dónde más podrían buscar.

 

_Bueno, si no aparece, mañana, a primera hora, habrá que llamar ya a la policía _decidió el prior. _Y ustedes, es mejor que se vayan a casa, a intentar descansar un poco _aconsejó a los padres de la chica. Pero ellos se negaron en redondo a marcharse sin saber nada de su hija.

 

En aquel momento, cuando ya el grupo comenzaba a disgregarse, el timbre, agudo pero sofocado por mor de la hora, de una voz femenina sonó en el extremo del pasillo:

 

_¡Está aquí, la he encontrado!

 

Una monja, la madre Patrocinio, avanzaba por el largo corredor, llevando de la mano, casi a rastras, a la pobre Justina, que reflejaba en su cara todo el pavor de la culpa y de su más que probable expiación.

 

_¿Qué ha pasado, madre? ¿Dónde se había metido esta infeliz?

 

Tras respirar hondo un par de veces para recuperar el resuello sin el que la había dejado la tarea del arrastre, la buena monja, esponjándose discretamente por su logro, comenzó a contar:

 

_Pues resulta que, al entrar en los retretes de nuestro convento, me di cuenta de que había una puerta que llevaba cerrada casi todo el día. La empujé para ver si es que se había atascado, pero no cedía. Bueno, me dije, ya le diré mañana a fray Francisco, el carpintero, que la abra. Pero, cuando ya me iba, me pareció oír un  ruidito dentro, como si alguien llorara intentando que no se le oyera. De manera que pregunté: “¿Hay alguien ahí?”. Pero nada, no hubo respuesta. Volví a preguntar, más alto, y lo mismo. Comencé a aporrear la puerta y dije que iba a avisar para que vinieran a echarla abajo, y entonces apareció, así, como la ven, llorando y muerta de miedo. Le pregunté qué hacía allí, pero no quiso contestarme; es más, no ha habido manera de que abra la boca en todo el tiempo.

 

Cuando por fin calló, todos se volvieron a mirar a la reaparecida, que continuaba en estado casi catatónico y con la cara descompuesta. Preguntas acusadoras y reproches airados llovieron en un instante sobre su indefensa figura, pero el prior, como máxima autoridad, logró imponer silencio, y comenzó él mismo un interrogatorio más ordenado.

 

_Vamos a ver, Justina. ¿Quieres decirnos qué ha pasado y por qué te has escondido?

 

Pero ella seguía con la boca cerrada y mirando a ninguna parte, con un susto en el cuerpo y en el alma que la atenazaba por completo.

 

De nuevo comenzaron a hablar y a preguntar todos a la vez, sobre todo la progenitora, que había entrado en un apreciable estado de histeria. Pero lo único que consiguieron fue un mayor aturdimiento de la chica.

 

En vista de ello, la Perseveranda se dirigió al prior en un aparte y, casi al oído, le pidió:

 

_Padre, déjeme un rato a solas con ella, que a lo mejor yo consigo sacarle algo.

 

El mandamás, fiándose de la sabiduría de aquella superviviente de mil situaciones desesperadas, como bien decía su nombre, le dio el permiso y la orden pertinentes, y todos los demás se apartaron con discreción. De este modo, las dos mujeres se quedaron solas, como a diario durante el trabajo.

 

_Pero, vamos a ver, desgraciá _comenzó la Perseveranda_ ¿Se puede saber por qué te has escondido?

 

La actitud inicial de la muchacha fue la misma, pero, al darse cuenta de que no la oía nadie más que su compañera de fatigas, soltó por fin la lengua, aunque, por lo vacilante de su discurso, más bien parecía media lengua.

 

_Bue, bueno, te lo voy a decir, pero me tienes que prometer que no se lo vas a contar a nadie.

 

_No, no se lo voy a contar a nadie, no tengas miedo. Habla de una vez.

 

Y con palabras entrecortadas y trufadas de algún que otro jipido, la Justina empezó a desgranar su historia.

 

_Perseveranda, me da mucha vergüenza decirlo, pero es que me he enamorao.

 

_¿Y eso que tiene que ver con la que has organizado aquí? A todas nos ha pasao cuando teníamos tu edad. ¿Y de quién te has enamorao, si se puede saber?

 

_De un fraile _susurró la pobre chica.

 

La cara de la Perseveranda era para haberla trasladado a un lienzo:

 

_¡¿Qué?! ¡¿Qué dices?! ¡Tú estás mal de la cabeza! ¿Cómo se te ha ocurrido ese disparate?

 

_Yo no quería, pero se me ha ido metiendo dentro y no lo he podido evitar. En eso no se manda. Por eso me he escondido donde las monjas, a ver si me admitían y me dejaban estar con ellas, y así poder quedarme aquí cerca y poder verlo todos los días, aunque fuera na más eso. Pero luego no me he atrevido a decirles nada y me he encerrao en el váter.

 

_¿Y qué pensabas, quedarte allí hasta que te murieras de hambre? Pero vamos a ver, más que boba, ¿en qué fraile te has fijao?

 

_Eso no te lo voy a decir, ni ahora ni nunca.

 

Cumplida su misión, y visto que no podía sacarle una palabra más, la Perseveranda llamó al resto del cónclave y, rompiendo su promesa a las primeras de cambio, disparó:

 

_Ahí la tienen, que dice que se ha enamorao de un fraile y que quería quedarse en el convento pa verlo tos los días.

 

_¡Chivata, que eres una chivata! _protestó, llorosa, la infeliz Justina. _Si lo sé, no te digo na!

 

El cuadro se describía por sí solo: los padres, aturdidos, boquiabiertos e incapaces de decir palabra; el prior y los dos directores, más bien divertidos y casi sofocando la risa; la monja, estupefacta; la Perseveranda, presumiendo discretamente de sus dotes detectivescas; y la Justina, encogida, aterrada y llorando ya a moco tendido.

 

_¡Mala pécora! _estalló por fin la progenitora_. ¡Tú te has vuelto loca del to! ¿Cómo te vas a enamorar de un padre? ¿Es que no sabes que los sacerdotes son sagrados? ¿No podías haberte enamorao de un chico del pueblo, como todas las demás?

 

_Esos no me gustan, que son muy brutos _logró articular a duras penas la ya convicta y confesa. _Además, a mí me gustan los hábitos _añadió con todo el candor que le otorgaba su inocente condición

 

_¡Anda, cállate, desvergonzada! ¿Dónde has aprendido esas picardías? En casa no te hemos educao así. Y tú _dirigiéndose a su marido_ dile algo, que parece que estás pasmao.

 

_Bueno _intervino el prior, tratando de aparentar seriedad. _¿Y puedes decirnos quién es el afortunado?

 

_Ya le he dicho a la Perseveranda que eso no lo voy a decir.

 

_¿Cómo que no? _vociferó de nuevo la desolada madre. _¡Dilo corriendo o te arranco la piel a tiras!

 

_¡Que no, que no y que no! No lo voy a decir ni aunque me maten.

 

Y no lo dijo.  

 

Tras esta escena, los frailes se retiraron a sus respectivas celdas, comentando divertidos lo que acababan de presenciar, y la Justina regresó a su casa, escoltada y custodiada por sus progenitores y la Perseveranda. Durante el trayecto le cayó la intemerata, sobre todo de parte de la madre, que la iba apabullando con cosas como estas:

 

_¡Tira pa casa, pendón, más que pendón, que te vamos a tener que sacar en procesión el día de San Froilán! ¡Habrase visto, la poca vergüenza! ¡La mosquita muerta, con lo que nos sale ahora! ¡Ya te enseñaré yo a enamorarte de frailes! Mañana, a primera hora, a confesarte al Santuario, pero con el fraile más viejo, que no me fío de ti; ya estaré yo al tanto. ¡Qué disgusto, Santísima Virgen del Camino! ¿Con qué cara vamos a mirar ahora a esos benditos padres, que te habían dao trabajo y to? ¿Y qué vamos a hacer si se enteran en el pueblo? To el mundo se va a reír de nosotros y a lo mejor hasta tenemos que irnos a vivir a otro sitio. Perseveranda, por lo que más quieras, no se lo digas a nadie, que me muero de vergüenza. ¡Mal bicho, nos has buscao la ruina! Te voy a tener encerrá en casa un mes seguido, sin dejarte salir ni a comprar el pan. Y tú _le volvía a tocar al marido, que escondía su disgusto en el silencio_, ¿sigues sin decirle na? Claro, como esta ha salido a ti, sois los dos igual de modorros. De eso se aprovecha, de que siempre me dejas sola.

 

_¿Y qué quieres que diga, mujer, si con dar voces no se arregla nada? Esto no es más que una calentura de juventud. Tú es que eres muy exagerá. Ya se le pasará.

 

Y así siguieron, en el mismo plan, hasta llegar a casa, donde es que probable que la pobre Justina recibiera, además de otras lindezas verbales, algún que otro pescozón o colleja, y puede que hasta algún mojicón y algún sopapo, todo, eso sí, muy maternal y con la mejor intención, ya que en aquel tiempo estos métodos se consideraban educativos.  

 

Pero los disgustos al final se pasan y, con el transcurrir de los días, la vida fue volviendo a la normalidad. La cosa no transcendió porque en este caso la Perseverancia se portó como una señora y no dijo nada, aunque más de una vez tuvo que morderse la lengua, puesto que lo que se guardaba era un cotilleo de primera y la tentación de soltarlo muy fuerte, pero se aguantó las ganas. La Justina manifestó su culpa el confesor más veterano (al menos eso creyó su madre que había hecho, pero como es secreto de confesión…), fue absuelta y perdonada, y su desmán, al cabo de un tiempo, pasó a ser considerado una simple chiquillada, como decía el cabeza de familia. Se le permitió, incluso, volver a su trabajo en el colegio, y allá acudía a diario, más tímida y recatada, si cabe, que antes del suceso. Le había desaparecido la sonrisa que solía bailarle por la cara, pero la llamita le ardió dentro durante mucho tiempo. Era su primor amor, un amor sin duda platónico, aunque ella probablemente ni siquiera conocía el significado de esta expresión. Eso sí, la Veneranda no volvió a dejarla sola ni un minuto, no fuera a ser que le diera por desmandarse de nuevo.

 

Los alumnos no llegaron a enterarse del desenlace, ya que también allí dentro se mantuvo en secreto, y durante un tiempo siguieron preguntándose unos a otros qué habría pasado, quién habría secuestrado a la Justina durante aquellas horas. Pero la cosa no transcendió. Con todo, el “Rapto de la Justina” pasó a ser uno de los mantras más repetidos a lo largo de aquel curso, aunque ellos no supieran que quien la había secuestrado había sido su propio corazón.

 

Algo, no obstante, quedó flotando entre los frailes, sobre todo entre los que integraban aquella media docena de jóvenes todavía de buen ver, y seguro que más de uno se preguntaba en secreto si sería él el afortunado. Y, de este modo, cuando se topaban casualmente con la Justina, la miraban disimuladamente a ver si descubrían en sus ojos el secreto tan bien guardado. Pero no había forma, jamás los levantaba del suelo.

 

Y es que, a pesar de las renuncias efectuadas al profesar en la vida monástica, continuaban siendo criaturas humanas, y algo del cosquilleo que producen las consabidas mariposillas permanecía en ellos: el amor celestial, demasiado etéreo e intangible, a veces no bastaba y siempre podía resultar halagador ser destinatario del afecto de una mujer, aunque fuera solo un atisbo, aunque resultara irrealizable, aunque la enamorada fuera la Justina, tan pequeña, tan humilde, tan inocente, tan poca cosa.

 

                                                                                                                                                                                                                                                      Eugenio Cascón Martín

A LAS PUERTAS DE LA SEMANA SANTA

A LAS PUERTAS DE LA SEMANA SANTA

Hoy os dejo, rcordando aquellas tardes de Viernes Santo en el coro del Santuario, las voces de la Pasión.

En este enlace escucharéis las voces de los padres Torrelllas, Pedro y Olóriz.

https://drive.google.com/file/d/1AgE184Mk5W-DYou3qL0FEO78LCSeXRt6/view?usp=sharing

 

En este segundo deleitaros con los coros de la Pasión.

https://drive.google.com/file/d/1PJhQYiH381J5erTNAxY94E30yjdDD4yL/view?usp=sharing

EL CARTEL DE TEJO

EL CARTEL DE TEJO

Cartel de Semana Santa 2018 de Cangas de Onís, realizado por nuestro compañero Carlos Tejo.

Según me dice Carlos "me miré en el espejo de Serrano y me quedé en una lejana sombra".

DÍA MUNDIAL DEL SÍNDROME DE DOWN

Dedicatoria a mi hijo Alberto en un concierto con Mocedades en Salamanca en el día mundial del síndrome de Down.

Y para celebrar el día os dejo un video de mi interpretación del Pange Lingua.

Marta, Alberto, Darío y el pequeño Bandera; Conchita, Manolón y familia; José Manuel Bandera y familia; Leo Salvador y familia; Isabel, Josemari y familia, hermanos todos de esta amplísima familia que constituimos los antiguos alumnos dominicos de la Virgen del Camino os deseamos que paséis un día feliz y solidario.

CONCIERTO EL MESÍAS

CONCIERTO EL MESÍAS

Para los afortunados que vivís en Madrid.

Hoy día 20, en el Auditorio Nacional de Madrid, a las 19 horas. (orcam.org)

EL MESÍAS, G.F.Haendel (concierto dedicado a la memoria de D.Jesús Lóopez Cobos)


Director, 

nuestro compañero Víctor Pablo Pérez 

Nacido en Burgos, realizó sus estudios en el Real Conservatorio de Música de Madrid y en la Hochschule für Musik de Múnich. 

Señalado desde sus comienzos como uno de los grandes y precoces valores españoles en el campo de la dirección de orquesta, de 1980 a 1988 fue director artístico y titular de la Orquesta Sinfónica de Asturias; entre 1986 y 2005 ocupó el puesto de director artístico y titular de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, agrupación que se convierte rápidamente en un referente en el panorama musical español. En 1993 toma la riendas de la Orquesta Sinfónica de Galicia, labor que lleva a cabo hasta agosto de 2013, consiguiendo en este periodo un reconocimiento unánime por el nivel de excelencia alcanzado por el conjunto. 

Colabora habitualmente con el Teatro Real de Madrid, Gran Teatre del Liceu de Barcelona, Festival Mozart de A Coruña y ha actuado en los festivales internacionales de Música de Canarias, Perelada, Granada, Santander, Schleswig-Holstein, Festival Bruckner de Madrid, Festival de Ópera Rossini, Festival de San Lorenzo de El Escorial y Quincena Musical de San Sebastián. 

Además de dirigir habitualmente la práctica totalidad de las orquestas españolas, es llamado como director invitado por diferentes formaciones internacionales como la Orquesta Sinfónica de la Hessische Rundfunk de Fráncfort, Sinfónica de Berlín, Sinfónica de Múnich, Sinfónica de Dresde, Royal Philharmonic, Filarmónica de Londres, Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia di Roma, Orchestra Sinfonica Siciliana, Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI de Roma, Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi, Orquesta Nacional de Lyon, Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse, Sinfónica de Jerusalén, Orquesta Nacional de Polonia, Sinfónica de Helsingborg y Sinfónica de Trondheim.

Ha dirigido a grandes solistas de renombre internacional como Krystian Zimerman, Grigori Sokolov, Arcadi Volodos, Leif Ove Andsnes, Paul Lewis, Rafał Blechacz, Frank Peter Zimmermann, Julian Rachlin, Leóni- das Kavakos, Anne-Sophie Mutter, Midori, Gil Shaham, Nikolaj Znaider, Sarah Chang, Arabella Steinbacher, Gidon Kremer, Maksim Vengérov, Renée Fleming, María Bayo, Ainhoa Arteta, Natalie Dessay, Nathalie Stutzmann, Ewa Podles, Vesselina Kasarova, Fiorenza Cedolins, Inva Mula, Plácido Domingo, Rolando Villazón, Carlos Álvarez, Josep Bros, María José Moreno, Ann Murray o Manuel Barrueco.

Entre los galardones que ha obtenido destacan el Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España (1990), Premio Ondas (1992 y 1996), Premio Nacional de Música (1995), Medalla de Oro a las Bellas Artes (1999), Director Honorario de la Oquesta Sinfónica de Tenerife (2006), Director Honorario de la Orquesta Sinfónica de Galicia (2013), Hijo Adoptivo de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife y de la Isla de Tenerife, Medalla de Oro del Gobierno de Canarias, Académico correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y Nuestra Señora del Rosario (A Coruña).

Desde septiembre de 2013 es director artístico y titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. 

 

fotografía del concierto que nos envía Carmelo Flórez Cosío

EL CANTO DE LA ANGÉLICA

EL CANTO DE LA ANGÉLICA

Hay algunas cositas más y un poco de vanidad –no mucha a estas alturas de la vida– en el canto de la Angélica, que no es de navidad sino de la vigilia del sábado santo. Amén.

Baldomero


 

pinchad en el enlace

https://drive.google.com/file/d/16NMGNhQd1VXEyFq1Uy3qGl_wgO6lyaK_/view?usp=sharing

BARCAROLA (1976)

BARCAROLA (1976)

Por Baldo, Vibot y p.Vicente Suárez. Grabado en 1976.

Según Baldo, "una chapuza de grabación que hicimos Santines Vibot, fray Vicente Suárez y yo en el año 1976 al despedirnos de dirección de la Escolanía. Les falta el órgano, la grabamos con medios técnicos rudimentarios, la interpretamos a voces graves, cuando el original está para voces blancas y un largo etcétera de desatinos, pero ahí quedan para los que alguna tarde estén desesperados y no se atrevan a suicidarse". 

https://drive.google.com/file/d/12K8rN7wlRl0Wg0HTSvgP4a5n6kC0wMWb/view?usp=sharing

MISAL DIARIO

MISAL DIARIO

Este era el libro que, indefectiblemente, había que abrir cada día. ¿Cuántas misas fueron...? Para bien y para mal, yo sólo estuve dos años en el colegio, pero guardo únicamente los buenos recuerdos. Y dentro del misal, guardo también algunas fotos que me unen a aquel pasado, tan lejano y a la vez tan próximo. Ha sido una suerte encontrar este blog y, gracias a los buenos oficios de José María Cortés, recuperar los nombres de mis compañeros de curso, cuya imagen sólo en muy contados casos soy capaz de extraer de la memoria: los hermanos Arozamena, Soriano y Vallina (de Madrid), Carlos Alonso Herrero, Francisco Cenador, Ordás, Vidales... 


Carmelo Flórez Cosío

NUESTRO COMPAÑERO PEPÍN

Estimado Furriel:

Ayer noche, zapeando, me tropecé casualmente en la TPA con la repetición de esta entrega de la serie Pueblos, que viene emitiendo la televisión regional desde hace unos años. Se desarrollaba en tierras de Tineo, así que me acordé (supongo que una corazonada) de nuestro amigo Pepín. Me entretuve unos minutos, mientras la presentadora y el cicerone local iban de entrevista en entrevista, deteniéndose aquí y allá.
Y de pronto presentan a los siguientes entrevistados y el lugar de la próxima parada: allí estaba la semblanza de Pepin Gómez, entrañable miembro del curso del 62. Y me emocioné y sonreí.
Fijándome en él, me acordé de su padre, de la imagen que conservo de él: con los años, el parecido entre padre e hijo se ha acentuado notablemente; o eso al menos me pareció ayer a mi. Y con cariño, y acompañado por su hermana, fue presentando a su tío, a dos tías y, afortunado él, a su madre. 
 
Un abrazo y ánimo para seguir adelante con esta pantalla de nuestras cosas.
Marcelino Iglesias

ONCE AÑOS DEL BLOG

ONCE AÑOS DEL BLOG

¡Madre de Dios! Once tacos de vida delante de esta pantalla escribiendo casi a diario lo que buenamente se me ocurre queriendo daros pie para vuestros comentarios, críticas, sugerencias, relatos, recuerdos o, simplemente, silencios.

Ni yo me creía que pudiese durarme la cuerda tanto, cuerda donde anudar todos nuestros cabos sueltos.

Y Jesusito Herrero sale al quite, como todos los años, para incorporar el nuevo anagrama de este undécimo o decimoprimer cumpleaños del blog, como dice Marcelino Iglesias, esta pantalla de nuestras cosas.

Que sea enhorabuena.

¿QUIÉNES SOIS?

¿QUIÉNES SOIS?

Fotografia de la colección de Alberto Alonso Lobo.

Se ruega identificación completa de estos "apostólicos" que aparecen en lo que podría ser un día de excursión.

Yo os identifico a varios de vosotros, pecadores.



RECUERDOS VAGOS DEL TEATRO

RECUERDOS VAGOS DEL TEATRO

Tengo un recuerdo vago de los momentos de teatro: comedias y Autos Sacramentales. Las fotos, que recogen alguno de aquellos ratos de ocio, no sé a qué obra u obras pertenecen, a juzgar por el sombrero, puede ser que se trate de la misma.


Lo que sí puedo aseverar es que el oficiante espiritista, y que puede ser también el que amenaza con el puñal, es el padre Jesús González, de Sabero como yo, y que ha desarrollado casi toda su obra apostólica en la República Dominicana.

Ambas fotos están fechadas en 1960. 

Carmelo Flórez Cosío

HIMNO DE MONTECLAROS

HIMNO DE MONTECLAROS

Escuchad esta nueva grabación que nos envía el querido Baldo titulada HIMNO DE MONTESCLAROS.

 

https://drive.google.com/file/d/1PknTQ6T5DO3FNFU0UObASpGpd-0aSsn5/view?usp=sharing

Grabaciones de himnos del NT de J. Hernández y algunas cosas más

Grabaciones de himnos del NT de J. Hernández y algunas cosas más

Querido José Mari.

Como Luisín Heredia ofreció al blog las partituras de los Himnos del Nuevo Testamento, cuya grabación se frustró en el verano de 1972, te envío una chapuza de grabación de dichos himnos que hicimos Santines Vibot, fray Vicente Suárez y yo en el año 1976 al despedirnos de dirección de la Escolanía.

Les falta el órgano, la grabamos con medios técnicos rudimentarios, la interpretamos a voces graves, cuando el original está para voces blancas y un largo etcétera de desatinos, pero ahí quedan para los que alguna tarde estén desesperados y no se atrevan a suicidarse.

Lo que sí puedo decir a nuestro favor es que están bien fraseadas, porque D. Joaquín nos enseñó cómo había que huir del "solfeado", vicio tan arraigado en nuestra Escolanía.

Hoy estuve oyendo la grabación de la misa de Aragüés, que, con un martilleo machacón de cada nota, es el mejor ejemplo de cómo no se debe cantar.

Hay algunas cositas más y un poco de vanidad –no mucha a estas alturas de la vida– en el canto de la Angélica, que no es de navidad sino de la vigilia del sábado santo. Amén.

BALDO

 


 

Nota de la Furrielería.

Estoy intentando buscar la mejor forma de enlazaros en el blog estas grabaciones.

Como muestra, hoy os dejo la primera. En el siguiente enlace podréis escuchar su grabación de la Estrofa II del Himo a la Virgen del Camino. Espero que os funcione, ya me diréis.

el furriel raso

https://drive.google.com/file/d/1wNvs_eP62P5LSAff5VJxLVbbC_42tVn9/view?usp=sharing

Carmelo Flórez Cosío

Carmelo Flórez Cosío

Yo, pobre pecador, soy de Sabero. Y ¿por qué, a los diez años, decidí ir a estudiar al colegio apostólico de la Virgen del Camino? Pues la verdad es que yo no decidí nada, sino que dos de mis tías maternas, monjas dominicas que a la sazón se encontraban en el colegio de Santo Domingo de Oviedo, me convencieron, con la anuencia de mis padres, para que diera ese paso. Fueron sólo dos años los que pasé en el colegio, pues no tardé en darme cuenta de que los hábitos que tiraban de mí de forma inequívoca e irrefrenable no eran los que aparecen en la foto.


El disgusto de las monjas fue mayúsculo, pero no quise engañarme ni confundir a nadie. Ahora pienso que fui un privilegiado con aquella, aunque corta, impagable vivencia.

Andando el tiempo, volví a la Virgen del Camino, pero esta vez vestido de azul, que es lo que corresponde a los soldados del Ejército del Aire. Y es curioso que en aquel tiempo no sintiera ningún apego por mi antiguo colegio, como si yo nunca hubiera pasado por allí, quizá fuera porque sabía que ya no encontraría a ninguno de mis antiguos compañeros entre sus paredes; por otra parte, en la Virgen del Camino sólo estuve dos meses, pues he de reconocer que fui un soldado enchufado y no tardaron en darme un destino en León, en el economato concretamente, donde permanecí hasta el fin de mi servicio militar.

El resto de mi vida ha transcurrido en Madrid, donde tengo mi residencia habitual, y donde me encontró una muchachita de León, Maribel Calleja Folguera, cuando iniciábamos la carrera de psicología en la UCM, y que me ha retenido desde entonces a su lado y me ha dado una hija. En vacaciones, a Sabero (ahora que estoy jubilado voy muy a menudo); y el mes de agosto, en Gijón, que es lugar donde siempre veraneó Maribel y a mí me encanta.

Me he debido hacer muy mayor, porque ahora sí que recuerdo con nostalgia aquel colegio y las personas con las que conviví, sin ignorar que algunas de ellas ya se habrán ido (más pronto que tarde todos seremos polvo de estrellas). Mis tías monjas hace muchos años que dejaron Oviedo, pero todavía viven, ahora en Aragón.

Seguid con salud, Queridos compañeros, no sabéis cómo me gustaría daros un abrazo a todos.

Madrid, 23 de febrero de 2018


Carmelo Flórez Cosío

ANDRÉS MARTÍNEZ TRAPIELLO (ileón.com 27-2-2018)

ANDRÉS MARTÍNEZ TRAPIELLO (ileón.com 27-2-2018)

Martínez Trapiello: "En varias ocasiones he manifestado el error de unos provincianos que educan hijos para la emigración" 

Manuel Cuenya | 26/02/2018 - 11:25h.

El polifacético Andrés Martínez Trapiello, perteneciente a la sagaliteraria de los Trapiello y autor de ’La saga de Trapi’, tiene la intención en estos momentos de continuar con su blog con tranquilidad, sin la necesidad de escribir obligado. Y confiesa que se siente algo abrumado por calificativos que lo han acreditado de escritor, fotógrafo o actor.

 

 

Andrés Martínez Trapiello

 

Perteneciente a la estirpe literaria de los Trapiello (’La saga’, como escribiera el gran Crémer en ’Diario de León’ en 2005), Andrés Martínez Trapìello es el autor de ’La senda de Trapi’, un libro "para leer a sorbos... perfecto para quienes la vida se nos va haciendo memoria", compuesto por relatos de corte ’autobiográfico’, aunque lo autobiográfico, en este caso, esté tamizado por la imaginación. Ilustrado por bellas imágenes, incluida su portada, que nos ofrece un León antiguo, en el que sobresale su catedral.

Como le gusta decir al propio Andrés: "En el libro hay autobiografía e imaginación para personajes y lugares que enriquecen una forma de vivir o de hacerles vivir. Y esas letras están ’condicionadas’, en la mayor parte de las veces, por melodías que me crean un ambiente propicio para poner una letra tras otra. Normalmente me acompañan Haendel, Prokofiev, Tchaikovsky, Bach... Y  también The Beatles".

Unos relatos que nos hablan de un tiempo pasado, que algunos desconocen (como es el caso de los hijos del autor) y que otros recuerdan con nostalgia. La memoria como fuente literaria. Y el pasado, cargado de vivencias y recuerdos, como sustancia nutriente.

Un retrato del León de infancia de Martínez Trapiello, un "León pródigo en bellezas", que su creador nos enseña con fascinación, con alma, con el espíritu de un rapaz que estuviera descubriendo su universo.

"La senda de Trapi es –nos aclara su creador– producto de mi blog". Hasta que sus amigos escritores lo impulsaron a que editara un libro, que hiciera crecer las palabras para juntarlas en un volumen.

Cuenta que su afición por las letras comenzó en el Colegio de los Padres Dominicos de la Virgen del Camino con la redacción de sus diarios, "muchas páginas de muchos cuadernos que han desembocado en mis divertimentos", apostilla este literato y fotógrafo, que dice de sí mismo que ni es escritor, porque se limita a poner una letra tras otra para su satisfacción, como evasión o necesidad de continuar una costumbre adquirida en su Colegio de los  Dominicos, ni es fotógrafo, porque sólo hace fotos.

En todo caso, en estos momentos puede verse una exposición fotográfica suya en el Club Peñalba Casino de León, donde nos muestra quince imágenes sobre paisajes urbanos de la capital provincial, su "referencia de vida por nacencia y vivencia", tomadas en distintas épocas, años y momentos.

"Mantengo, como en lo literario, que yo no hago fotografía, que hay muy buenos fotógrafos por estos lares; yo solamente hago fotos, quizás como compensación al no saber pintar", sostiene este autor leonés, que se considera ciudadano del mundo, y cuyos lazos familiares lo unen al terruño,  aunque sus ancestros –recuerda– ya ocupen un lugar en cualquier cementerio de la Provincia.

"Mantengo, como en lo literario, que yo no hago fotografía, que hay muy buenos fotógrafos por estos lares; yo solamente hago fotos, quizás como compensación al no saber pintar"

El alma en el arte

Andrés Martínez Trapiello es consciente, como dijera su hijo, el fotoperiodista Andrés Martínez Casares, que "el secreto de una buena fotografía es el alma". Y es lo que intenta reflejar él cuando dispara su cámara o su móvil. O lo que hace cuando escribe, imprimir alma a las palabras y las imágenes. Ese es el secreto, sin duda. La clave reside en cómo se logra captar el alma de las cosas y las personas.

"Hay fotografías que me han provocado completarlas con letras; aunque las hay que ya hablan por ellas mismas", matiza Andrés, quien escribe y fotografía porque le gusta. Y lo hace con emoción. "Si a alguien más le llama la atención, le provoca alguna emoción, me siento doblemente feliz".

Me da la impresión de que la humildad es lo que nos ayuda a seguir creciendo, aprendiendo. Y Andrés, que es un hombre humilde e inquieto, siente devoción por el arte en general, porque otra de sus grandes pasiones, como ya habíamos adelantado, es la música, su alimento espiritual. "Para mí la música es fundamental en la vida desde que la formación en el Colegio de los Padres Dominicos de la Virgen del Camino nos desveló el complemento tan maravilloso que es para una vida lo más plena posible, los ratos de felicidad que puede proporcionar. Soy adicto a ella durante muchas horas al día, me acompaña".

En realidad, se considera más consumidor de música que de literatura, aunque reconoce que hay un libro, ’Al morir Don Quijote’, de Andrés Trapiello, que le  ha dejado un estupendo sabor de boca. "Lo he saboreado como complemento a dos obras musicales de Joaquín Rodrigo: ’Fantasía para un gentilhombre’ y  ’Concierto de Aranjuez’, que me acompañaron durante su lectura", precisa Martínez Trapiello, quien es primo de los escritores Andrés Trapiello y Pedro Trapiello, bien conocidos en el panorama literario.

"Mi madre y la de los más conocidos, Pedro y Andrés, son hermanas, hijas de Andrés Trapiello que fue maestro por pueblos de la ribera del Torío y Sabero; pero Pedro y Andrés tienen otro hermano, Severino, que es un buen pintor... y Luis que también escribe... Bueno, Josemaría, otro hermano, también ha escrito un libro... y mi hermano José Luis escribió también mucha poesía...", rememora Martínez Trapiello, que en su libro ’La senda de Trapi’ nos ofrece un capítulo, ’Desfaciendo entuertos’, en el que nos desvela los parentescos. Y nos especifica que él es hijo de su tío César, el cura.

Su primo, el periodista y escritor Pedro Trapiello, le dedica unas palabras en la contraportada de ’La senda de Trapi’: "... Andrés, claro, sabe escribir porque aprendió a ver y a leer y a dudar... y porque unos frailes redondearon lo mamado con nuevas palabras y miradas, proporcionando además un sentido adversativo muy escolástico, ese del "sí, pero", ese que tanto ahormaría el estilo y actitud de no pocos "atravesados" que estudiamos con ellos sin que nuestra gratitud tardía alcance a pagarles nada".

Y el prologuista de esta obra, Javier del Vigo, escribe que Andrés Martínez Trapiello "es síntesis del linaje de los Trapiellos. Un renacentista en la aldea global: monaguillo y casi fraile en su juventud; presbítero en la película Viene una chica en la que Chema Sarmiento, el cineasta berciano, descubrió sus dotes de actor junto a Alberto Cortés; cantor solista de una escolanía dirigida por Ángel Torrellas cuando su voz era blanca  y sus pantalones cortos, concejal en el Ayuntamiento y político activo en aquella Diputación leonesa que tantas ilusiones despertaron en la Transición, melómano de cuanta música clásica o religiosa cabe en un iPad, desde Haendel a Grieg, pasando por Prokofiev; fotógrafo de los rincones de León donde el tiempo se detuvo hace siglos y se oyen hoy los pasos del tiempo ido...".

Cree Andrés que el escritor Javier del Vigo ha sabido captar muy bien su actitud ante la vida; así como las muchas actividades que ha desarrollado junto a su esposa, ya fallecida,  y sus tres hijos, que le han permitido llevarlas a cabo, entre ellas, su faceta como actor en ’Viene una chica’, de Chema Sarmiento, quien también fuera antiguo alumno de los Dominicos, "de unos cursos inferiores al mío", que le propuso la colaboración, en esta película, como el reverendo Antonio Arreola. "Yo nunca había hecho cine... Me puse sotana y casulla  y después de la primera escena que grabé en un confesionario, después de varias tomas, yo permanecí sentado en el mismo esperando a Chema que venía hacía mí. ¿Cómo he estado?, le pregunté;  a lo que con una amplia sonrisa me contestó que estaba satisfecho, pero que serían otros quienes  me lo dirían", recuerda Andrés con afecto a la vez que siente pena porque tantos valores leoneses, entre ellos el director berciano Chema Sarmiento, conocido sobre todo por su genial película ’El Filandón’ (en la que participaran grandes escritores leoneses: Pereira, Mateo Díez, Merino, Pedro Trapiello y Julio Llamazares) tuviera que emigrar, en su caso a París, donde reside en la actualidad.

"Para mí la música es fundamental en la vida desde que la formación en el Colegio de los Dominicos de la Virgen del Camino nos desveló el complemento tan maravilloso que es para una vida lo más plena posible"

"Es triste, en este sentido, esta tierra nuestra. En varias ocasiones he manifestado el error de unos provincianos que educan hijos para la emigración", afirma Andrés, quien, en esta misma línea en el ámbito narrativo, observa que hemos exportado muchos escritores que residen en otros lugares, sobre todo en Madrid. Aunque por fortuna hay escritores que continúan aquí –añade– en una labor callada que trasciende en momentos determinados.

Se muestra asimismo entusiasmado con el movimiento que existe en el campo de la poesía en León, con poetas a pie de calle; poetas desconocidos, según él, que se manifiestan con este movimiento, "es decir, el vaciarse en versos en cualquier lugar que se ofrezca a ello, ya sea un recinto al efecto, un bar o cualquier otro paraje urbano".

En estos momentos tiene la intención de continuar con su blog con tranquilidad, sin la necesidad de escribir obligado. Y confiesa que se siente algo abrumado por calificativos que lo han acreditado de escritor, fotógrafo, actor...

Entrevista breve a Andrés Martínez Trapiello

"Estoy en la aldea global"

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

’Al morir Don Quijote’, de Andrés Trapiello.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

En la música, Haendel. En la vida, mi familia.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

¿Es autora la que vende más libros en España, Ana Belén? Pues ella.

Un rasgo que defina tu personalidad.

"Yo soy yo y mi circunstancia".

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

La honestidad.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

Los políticos son reflejo de la sociedad (alguien lo dijo) y esta política no me gusta nada.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Quizás por la edad, ponerme el mundo por montera.

¿Por qué escribes?

Por divertirme, desarrollar la imaginación y recoger en letras las historias que se pierden.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Son un complemento de vida y hay veces que aportan temas para poder desarrollar, pero no son fundamentales.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

Sin que parezca pretencioso, yo mismo.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Solamente el mío, lasendadetrapi.blogspot.com.es

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Lo dijo muy bien Javier del Vigo: estoy en la aldea global.