Instantáneas de un día de visita de una de nuestras familias, en este caso de la familia Correas. Retrato a los pies del Santuario, es media tarde de un domingo del final del invierno, puede ser de 1963.
Los "enchufados" que teníamos en León capital a nuestra familia, no éramos muy conscientes de lo que suponía un día de visita para quienes no la teníais próxima y permanecíais "acuartelados" en el Colegio de la paramera durante casi todo el año.
No obstante, os confieso que no eran días muy agradables: mi padre nos recogía en un taxi sobre las dos de la tarde, después de cantar en la misa de una. Recuerdo que era la tercera misa del día, la de la Capilla, la de las once en el Santuario y la de una a la que acudían las familias de León con sus abrigos de pieles, éllas, y sus gabanes, éllos, y sus hijas mozuelas quinceañeras con sus abrigos de paño por las que los ojos nos hacían chiribitas. En realidad no subían a oir Misa, sino a oir a la Escolanía, los padres, y a ver de nuevo a los apostólicos guapos, las niñas.
Llegar a casa, la comida ya en la mesa con mi abuela, mis padres y mis hermanas.
A las cuatro y media de la tarde, rápidos al autobús de Martiniano Fernández para llegar al rosario de las cinco de la tarde en el Santuario. Siempre recordaré aquella profunda-profunda tristeza, soledad, angustia, no sé, que sentía al regresar al Colegio, sensaciones que únicamente se desactibaban ante la certeza total de que esa tarde de día festivo hubiese película en aquel Teatro al que jamás he vuelto a entrar.
Nunca las he vuelto a sentir.
Todavía podemos escuchar aquella festiva llamada por los altavoces de la Recreación: "Hermanos Correas, VISITA".
Amigo Julito, con mis sinceros deseos de que las cosas se puedan ir solucionando, ya sabes.
