Pese a que nos separó un largo tiempo y el espacio entre nosotros parecía infinito, aunque próximo en distancia, siempre recordé a Isidro como Cícero, el amigo bueno de mi hermano Andrés.
Hace unos días le envié esta fotografía fechada el 26 de Marzo de 1956, sospechaba que le conmovería ver desde el aire el esqueleto de nuestro colegio todavía sin vida.
Os dejo la fotografía original en el álbum EL COLEGIO.
Disfrutad de la visión y la lectura.
MARZO DE 1956
ISIDRO CICERO
Me dice Josemari que esta foto se obtuvo el 26 de marzo de 1956.
Para esa fecha, la mi Marga acababa de cumplir dos añines, o sea que si la comparamos hoy con la nuestra nietuca Helena, Marga era más pequeña todavía. Si las comparamos por las fotos que se conservan de la una y las que frecuentemente le hacemos a la otra, parecen la misma niña. Son igual de lindas, tienen iguales ojos.
Valga esta introducción familiar para situarnos en el decurso del tiempo, o su transcurso o su permanencia, o su fugacidad, o su repetición. En medio del tiempo aparece una fotografía fechada como ésta y enseguida te ves impelido a los cálculos como si la foto fuera un mojón entre dos huertos.
Para aquel 26 de marzo -si la foto se hizo el día 26, yo tengo las reservas que luego diré- Justino Blanco Villacé, José María Cortés Aranaz y Jesús Herrero Marcos eran ya granducos, eran mocitos de cinco o seis años. No seis años exactos, ni los tres por un igual: Josemari, cinco años, un mes y ocho días; Justino superaba los seis por un mes y tres semanas; Herrero, por tres meses y 26 días. Lo de Jesús Herrero tiene más fácil calculación. Porque si lleva el dulcísimo nombre que lleva, seguramente es debido a dos cosas: A ser de Palencia y a haber nacido en Año Nuevo. En Palencia el nomenclátor del calendario está por encima de cualquier otra consideración y el año nuevo conlleva llamarse Manuel por Enmanuel o Jesús por nuestro santísimo redentor que también ese día celebraba su santo.
Otro que también tenía seis añitos cuando entonces era Luis Carrizo Medina, mi amigo querido. Cuando Luis vea esta foto, señalará con el dedo el viejo santuario que aparece en el centro de la imagen antes de que lo tiraran y dirá: Anda, mira, 1956, por aquel entonces ayudaba yo aquí a misa. Porque ya sabéis que Luis vivía en la Virgen del Camino, como Quique ahora, mientras todos los que no éramos él, cumplíamos parecidos años y distintos meses y nos preparábamos cada cual en su pueblo, para cuando todo esto que se ve en la foto estuviera culminado y para la fecha de nuestro advenimiento al lugar, fecha definitoria, fundamental e indeleble en la biografía de cada uno.
Y también dirá Luis Carrizo: Anda mira, esto fue en marzo, ¿no? Pues en mayo de aquel año hice yo la primera comunión aquí en este mismo santuario que ya no existe. Conserva Luis en Alicante el recordatorio – con la fecha- donde se dice bien claro que el niño Luisín Carrizo (sic) había recibido aquel año el pan de los ángeles en el santuario de Nuestra Señora del Camino. Por la Asunción o por el Corpus, que eso para los efectos da lo mismo.
Para aquel 26 de marzo, El Pitu ya iba a la escuela en Casorvida con los de ocho y Argüeso, en Llano, tres cuartos de lo mismo. Para entonces, hacía un año ya que Tuñón había perdido a su madre, no quiero ni pensar cómo pasaría el compañero el tramo desde 1955.
Y ese tramo era justo el tiempo que un reducido grupo de frailes dominicos llevaba viviendo en el espacio que se ha revelado en esta foto. No aparecen en la foto los dominicos, como tampoco aparece el rubio flequillo de Carrizo. ¿Veis cómo las fotos callan tanto como lo que dicen? Aquel grupín iba a devenir con el tiempo en la fuerza transformadora de este paisaje y sin embargo no aparece en el paisaje. Nos consta, eso sí, que aquel grupín que no se ve, vivía ahí, tenía planes fundadores y transformadores de esto que se ve.
El 26 de marzo de 1956, a Bernardo Cuesta recientemente fallecido en Salamanca, aún le faltaban cinco meses para nacer, ya ves. Fue por San Bartolo de ese tan citado año cuando Bernardo aparecía en escena por la puerta de la derecha según se mira desde la platea de espectadores, empezando entonces mismo a representar en el Gran Teatro de este Mundo el papel de Religión. Digo yo que sería ese papel el que traía asignado, porque fue el que representó. El Gran Teatro del Mundo años después iba a ser repetidamente programado allí para las grandes y tradicionales fiestas priorales, todo el mundo lo sabe; antes había que construir el teatro, no el teatro del mundo, que eso ya lo había hecho don Pedro en el XVII, sino el teatro del colegio, que si bien os fijáis, no aparece todavía ni un ladrillo de él, ni siquiera las trazas aparecen el 26 de marzo de 1956.
Legalmente, en 1956 el grupo invisible de frailes tiene una consideración elemental y básica porque es todavía una simple “casa” dominica y tendrá que esperar siete años, hasta 1963, para ascender a la categoría de convento con todas las de la ley. Todo esto ya nos lo ha explicado con pelos y señales Santiago Rodríguez y hacedme caso: Lo que diga Santiago Rodríguez en esta materia, en asuntos de arbitraje, como en muchas otras, va directamente a misa. Pues ya lo dice Santiago: cuando la foto y durante siete años más, el grupo de frailes no tienen la autonomía que tendrían más tarde; no pueden hacer elecciones de prior y, por el momento, hay uno de ellos a quien el provincial Segismundo Cascón ha encargado la supervisión y la responsabilidad.
Cuando en 1963 adquirieron esa madurez canónica que dice Santiago, ya andábamos nosotros por allí traduciendo a César, formando equipos de pirus y mascos para la liga del fútbol, cantando a Palestrina (algunos motetes) y encargándole a Perico, al que en León llaman Pajarín; a Manso, a Rescalvo y a Lobo, si yo no recuerdo mal, la misma tarea de monaguillo que en los tiempos de la foto venía desempeñando con rigor y solvencia Luis Carrizo. Con rigor, con solvencia, sabiéndose el confiteor de carrerilla y sin darle ni un trago a la vinajera, que Luis iba para deportista de fondo.
En cuanto pudo elegir prior, el grupo de frailes aprovechó la ocasión para votar la candidatura de fray Eulalio Calzón Ruiz, quien hasta entonces había sido el superior. Este religioso siempre ponía un punto después de la C y así recortaba lo de Calzón, Jaime Rodríguez Lebrato recortaba el Rodríguez poniendo el punto después de la R, ya se ve que los recortes no son sólo cosa de ahora. A aquel fraile, como también era de la Tierra de Campos, le pasó un poco lo que a Jesús Herrero. Miraron el almanaque, leyeron lo que ponía y no lo pensaron más. Si ponía Santa Eulalia, el niño se llamaba Eulalio. Era el 12 de febrero de 1913, así que cuando la foto ésta que me manda comentar Josemari, el Paulalio tenía 43 años, un mes y doce días.
Nosotros le conocimos en las dos fases, la de superior y la de prior. Aparte del auto sacramental de las tradicionales fiestas de su onomástica, un año se le cantaron con flautas unas letrillas en italiano macarrónico haciendo como que se le vacilaba. (A ver quién tenía huevos).
Il patre superiore,
Mi re do
Il patre superiore
Mi re do
Il patre superiore,
Non se fa l’eco.
Queremos ir de campo
Mi re do
Queremos ir de campo
Mi re do
Queremos ir de campo
E il se fa il sueco.
O muy parecido, que así lo entendí yo. Lo cual que yo me preguntaba quién sería el loco que quería irse al campo a mediados de febrero con aquella friura. Y por qué se pedía con tanta insistencia una tortura semejante. Desde luego, pensaba yo, para tales valentías, conmigo es mejor que no cuenten.
Alguien bien informado me explicó que aquella partitura de flautas la había traído de Roma el padre Cura entre muchos otros papeles y conocimientos que importó desde la ciudad eterna. Y eso ya se comprende mejor. Il superiore de Roma, donde el padre Cura se estuvo formando tan rigurosa como concienzudamente, seguramente no se llamaba Eulalio, su onomástica no sería en lo más crudo de febrero. Probablemente fuera en mayo, o en junio cuando la campiña del Lazio es más sensual y voluptuosa, nada que ver con la paramera leonesa en febrero.
Y especialmente aquel febrero, santo Dios, anterior a la foto. Teóricamente el 26 de marzo ya ha empezado la primavera, pero es un decir. Mirad la foto. Mirad, blancas, relucientes de hielo todavía, las orillas de la carretera de La Coruña, mirad helados los alcores, mirad las laderas escarchadas, nácar los tejados, los hierbatos congelados, los charcos sólidos como cristales. ¡Qué horror y qué casualidad¡ Porque precisamente aquel febrero de 1956 ha pasado a la historia por batir todos los records, por ser el más frío de todo el siglo XX. El hielo duró sobre la superficie de la tierra a lo largo de marzo, abril y hasta mayo; tanto que los pobres no sabían cuándo podrían soltar las ovejas a pacer ni para qué las iban a soltar. No sabían cuándo estaría el terreno para sembrar, ni para qué lo iban a sembrar, que es peor. No sabían si seguir muriéndose de asco en los campos, o aventurarse a la ciudad de una vez, con la plena seguridad de que tampoco en la ciudad iban a ser bien recibidos.
De aquel invierno hay fotos del Loira congelado. Y del Esla. En este aeropuerto de León, lo normal eran menos 10,4 grados; en los pueblos más altos de los Picos de Europa, menos 25, menos 32. En Villaba a donde no faltaba mucho para que se incorporaran Cirauqui, Barbería, Liaño, Barrado, Izquieta, Olano y muchos otros, 15 bajo cero, San Petersburgo menos 35, Innsbruck menos 32. Siberia se había apoderado de la Europa del Carbón y del Acero, de los países con acuerdos preferenciales y de los países autárquicos. No lo puedo afirmar, porque no tengo el dato, pero estoy por apostar que la empresa constructora que nos hacía el colegio, no pudo trabajar durante aquel temporal. Y si trabajó la empresa, porque así lo exigieran los tiempos o las contratas, pobrecitos los encofradores, pobrecitos los albañiles, pobrecitos los peones de las hormigoneras y las carretillas.
Concentrad, os ruego, la mirada en el primer plano de esta foto de marzo, observad los dos pabellones que estaban construyéndose para nosotros y decidme si no os recuerdan dos vagones de un tren abandonado en medio de la nada. Como si el Transiberiano hubiera sido atacado por una banda de jinetes mongoles muertos de hambre en mitad de la estepa. Como si la Companhia Internacional das Carruagens-Camas e dos Grandes Expressos Europeus hubiera abandonado estos vagones vacíos a la altura de Arévalo, para hacer más veraz el lenguaje cinematográfico cuando, andando el tiempo, hubiera que rodar las escenas más congelantes del Doctor Zivago.
Menos mal que aquel febrero del 56 no estábamos en León todavía, menos mal que el padre Eulalio todavía no era nuestro superior, menos mal que Santa Eulalia no era la fiesta, menos mal que nadie pudo tener la ocurrencia de reclamar un día completo de asueto en aquellos heleros.
Aquel día 26 de marzo del 56, en La Cepeda, Manuel Centeno tuvo que esperar todavía a que cayeran diecinueve hojas del almanaque para que llegara –clandestino como siempre- el 14 de abril para cumplir él también sus propios cinco añitos. O quizá me equivoco y eran seis como los de Cortés y otros que han salido en esta crónica, espero que lo aclare. Me interesa mucho Centeno, la verdad. Y no sólo, como algunos maliciosos están pensando, por darme un homenaje de botillo que también, sino porque en una ocasión reconoció Josemari que otra foto gemela de ésta nos la había conseguido Manuel Centeno. Y yo he pensado: Pues si aquella la consiguió Centeno, esta gemela es posible que también.
La gemela, o melliza porque no son del todo iguales, una mira desde el norte y otra desde el sur, cualquiera de vosotros podéis recuperarla en la sección El Colegio de VER FOTOS/DOCUMENTOS como he hecho yo. Jesús Herrero primero y Luis Heredia a continuación pusieron en duda en su momento que la fecha aportada por el Furriel fuera la correcta. La fecha de aquella era la del 27 de marzo de 1956, ojo, un día posterior a ésta en cuya contemplación hoy estamos enfrascados. Las dudas de H y H venían motivadas por el año: “¿Cómo va a poder ser que las obras del colegio estuvieran tan atrasadas en el 56 como muestra la foto y que el santuario viejo aún esté en pie, si el curso primero que se inició allí fue el 57? ¿Realmente dio tiempo a terminarlo?”
Josemari zanjó la cuestión con toda autoridad: Aquí pone 27 de marzo de 1956 y por tanto es el 27 de marzo de 1956. La fecha está bien.
Sin atreverme a discutir la autoridad, lo que me extraña a mí – y espero que nos lo aclaren entre Centeno y Cortés- es ese ajetreo de safaris fotográficos por el aire. Quienquiera que hubiera tomado estas excelentes imágenes, ¿no pudo aprovechar el carrete del 26 para tirar también la del 27? ¿No pudo aprovechar el vuelo del 26 para fotografiar aquello desde el norte y desde el sur? ¿Qué fotógrafo había con tanta disponibilidad de celuloide, de queroseno y de tiempo como para volar un día y volver otra vez al siguiente? Tengo esas dudas.
He sabido que aquel 26 de marzo era lunes y por tanto el 27, martes. Pero es que además eran el lunes y el martes santos, de Semana Santa quiero decir, los que van seguidos del Domingo de Ramos. ¿No es más probable que el safari fotográfico se realizara en un único vuelo, aprovechando el Domingo de Ramos, que era día de fiesta? ¿No es posible que las fechas del 26 y el 27 escritas en las copias que estamos manejando se correspondan con otra cosa, por ejemplo fecha del revelado, de la copia entregada a los clientes, don Pablo en México, por ejemplo, Santa Sabina en Roma, vete tú a saber?
Y ¿por qué sospecho yo del Domingo? Porque he observado las dos fotografías detenidamente y he comprobado la absoluta inactividad que se ve en ellas. Es que no se mueve nada, no pasa ni un coche, ni un mal camión en la general de La Coruña. No hay ni un burro en los senderos. ¿Es que no había nada, pero nada que hacer? A no ser que unos minibultines que aparecen al pie de obra al microscopio sean en realidad oficiales de la construcción, que pudiera ocurrir; a no ser que hubiera huelga general, que eso ya te digo yo que no, aventuro que tenía que ser fiesta y aventuro para el vuelo fotográfico el Domingo de Ramos. Estaré no obstante a lo que digan Cortés y eventualmente Centeno.
Bueno, pero que el árbol, (¿dónde está el árbol?) no nos impida ver el bosque (el bosque, ja, ja, ja). Acabamos de decir que estamos en la Semana Santa de 1956. En los pueblos hemos tenido santas misiones de preparación. Apuesto a que los frailes que no aparecen en la foto se han partido el pecho por aquellos pueblos de Valdoncina y Maragatería predicando misiones y confesando a destajo, que antes de Pascua, la confesión general es obligatoria hasta para los hombres.
A Gusendos de los Oteros, podía haber llegado desde Corias el niño Maximiano Trapero para pasar las vacaciones con la familia, pero a lo mejor se quedó allá, al otro lado de los montes. El año que viene, cuando se abra la Virgen -los de León hablan así, con absoluta naturalidad- Trapero sí vendrá. Dejará el paisaje asturiano que tan profundamente le ha impresionado durante todo este curso y se incorporará al primero que se imparta en la paramera, que para él ya será el segundo.
Desde su más tierna infancia, Maximiano está fascinado por la Semana Santa de Gusendos, tanto como yo lo estuve con la de mi pueblo y vosotros con la del vuestro. La analizó, la estudió y a mí cuando estuvo por aquí me regaló un disco con las canciones de la semanilla. Maxi me ha recordado las sesiones de tinieblas, los miseseres en la iglesia, la prohibición de las campanas, las tocadas de matracas y carracas de los chiquillos por las calles, el rosario de la buena muerte del jueves y la procesión también de la buena muerte del viernes. Más adelante hablaré de una oscura y mala muerte que tuvo lugar aquel jueves santo de 1956, que caía en 29.
En el rosario de la buena muerte, se cantaba:
La juventud más lozana
¿qué se hizo?, ¿en qué paró?
Todo, el tiempo lo deshizo
Danos, Señor, buena muerte.
Por tu santísima muerte.
El día de pascua, como en Gusendos, no tenían Resucitado como en León para la procesión "del encuentro", sacaban al Niño Jesús que se encontraba con su Madre toda vestida de luto. Me lo ha contado Maximiano hace unos días.
Supongamos que tengo yo razón y las fotos se hicieron el Domingo de Ramos. Entonces coincidió con esto que cantaban en Gusendos, en mi pueblo y en otros muchos al menos de la diócesis de León:
Jesús que triunfante entró
Domingo en Jerusalén.
Supongamos que el vuelo fue el lunes 26. La semanilla para aquel día tenía previsto lo siguiente:
Hicieron allí la cena,
Lázaro y Marta asistieron
y María Magdalena,
Supongamos que fue el martes 27. Para el martes santo, lo establecido era
Martes Santo se juntaba
en la casa de Caifás
la gente vil y malvada.
Cabe suponer que el miércoles no fue lo de la foto, pero la semanilla relataba:
Miércoles Santo salió
Judas con falsos intentos.
Aquella Semana Santa de 1956, El globo rojo, que nosotros vimos en el colegio años después ganó el óscar. En las ciudades se estrenó Los Diez Mandamientos, cuyo cartel anunciador reprodujo aquí Justino con Daniel Orden en el papel de faraón y Javivi en el de Moisés, esgrimiendo las dos tablas con los mandamientos en arameo. Francisco Coello, leía sin parar revistas de Arquitectura, comprobando que el Aquinas de Madrid, toda una modernez, se llevaba el premio nacional. Don Pablo Díaz en México alternaba sus visitas a la Torre Latinoamericana que se acababa de inaugurar y a la nueva Guadalupe del Tepeyac, sin dejar de pensar en su propio proyecto para beneficio de todos nosotros.
Para el jueves santo la semanilla tenía esta canción:
Antes de haber comulgado
a todos sus pies lavó
también a Judas malvado
un sermón le predicó
mas poco le ha aprovechado.
Aquel jueves santo era el día 29 de marzo, habían pasado tres o cuatro días desde esta foto. El príncipe Juan Carlos, que hoy es el rey de España y entonces era un cadete de 18 años de la Academia Militar de Zaragoza, estaba de vacaciones. Salió de los oficios del jueves santo con la familia y una vez en Villa Giralda, donde su padre don Juan estaba exiliado, le metió una bala en la frente a su hermano Alfonso de Borbón y Borbón dos Sicilias, de 14 años. En Portugal donde este suceso ocurrió, no lo sé, pero aquí en España aquel día se llamaba Del Amor Fraterno. Fue el acontecimiento más relevante de aquella semana santa de cuando la foto, aunque, como no salió foto ninguna, nadie se enteró.
Y bueno, nada más. La que yo decía: Valgan estas consideraciones para situar la fotografía aérea en eso que llaman el decurso del tiempo, o su transcurso o su permanencia, o su fugacidad, o su repetición.
La foto ésta, como su gemela, produce el morbo de contemplar lo que nunca vimos, como un día escribió Vibot; de contemplar “la gestación de la inquietante maquinaria arquitectónica en la que nos “formaron” y que nos unió para siempre. El nido amado y maldecido”.
Antes de cerrar la sesión y enviar a Josemari esto que he escrito, me he levantado de la silla porque he notado cierta pesadez en las piernas. Luego he buscado en la estantería otra cosa de cuando la foto de 1956, que sabía que sabía que estaba allí. Era el Áspero mundo. Vuelvo a sentarme, vuelvo a mirar la foto del 26 de marzo, y copio estos versos que tienen los mismos años que ella.
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo.
Que es lo mismo que me pasa a mí. Un ancho espacio, un largo tiempo ha sido necesario para que a mí me llamen Cícero y para haber podido en esta vida pesar un poco sobre el suelo.
Vista de esta manera, me ha conmovido hasta la blandura poner los ojos sobre el áspero paisaje de la fotografía del 26 de marzo de 1956.