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Antiguos alumnos dominicos VIRGEN DEL CAMINO - LEON

VOY VOLANDO

VOY VOLANDO

Voy volando. Hoy es 23 de Abril de 1965. Son casi las doce de mediodía por el reloj del Santuario, miércoles. El sol da por detrás del avión.

Estoy en cuarto curso, mi primer año en la Escuela Mayor. En la última clase del pasillo -pues somos los más pequeños-, la que está al final junto a la Rondalla, mis compañeros de curso seguro que estarán contestando al P.Morán la traducción del día de la guerra de las Galias. De buena me he "librao", hoy tocaban esos de la 3º con el genitivo plural en -ium. Tejerina ¡enchufao! lo contestará todo.

El amigo de mi padre que es piloto del avión le ha invitado a dar un paseo en Junker y mi padre ha venido al Colegio a buscarnos.

Mi hermano Andrés no se ha atrevido a subir porque es un poco miedica.

Seguro que Pepe Colinas sale de la portería al oir el ruido del avión.

Fray Francisco me ha dado una pastilla por si me mareo.

Cuando este cacharro se ha levantado casi se me salen los tiburones del desayuno por la nariz y por las orejas, pero ya se me ha pasado.

Qué pequeño parece el pueblo.

Es un día soleado, esta tarde no nos libra nadie del paseo a Quintana. A ver si los grandullones nos dejan jugar al futbol. Roces Concheso cogió cuatro ranas la semana pasada y las tiene en la camarilla y por la noche no hay quien las calle. Y no me quiero chivar de dos que se quedaron en el Valle escondidos y no fueron hasta Quintana.

Desde la ventanilla del Junker veo la bolera con el canalón por donde bajan corriendo las bolas.

El sebá de la Escuela Mayor se aprecia peor que los dos de la Menor de los que veo hasta el redondel.

Un fraile, no creo que sea el Padre Enrique, me parece que tiene pelo, pasea por el pasillo entre los campos de futbol con dos apostólicos, posiblemene estén buscando la vocación. Yo no sé si la tengo.

La estatua del P.Morán sigue mirando hacia el exterior de la valla.

Ahí abajo la curva que abraza las bodegas y que rompe recta en dirección a Astorga.

Las puertas de las dos Recreaciones están abiertas, esta mañana había un tufo de chirucas...

¡Qué pequeñas parecen las torres de alta tensión!

La piscina sigue vacía, seguro que cualquier día nos mandan a limpiarla, a mediados de Mayo chapuzón diario que te crió.

Las capillas me parecen una caja de zapatos.

¡qué bajitas son todas las casas que rodean al Santuario!, parece un barco con su mástil sin vela. Y un tablero de damas detrás.

Mira que es grande el aeródromo, no me lo parece cuando cruzamos las pistas de paseo hacia el Ferral.

El Teatro parece como un añadido, el reino del Padre Iparraguirre, ¡cuánto me gusta el teatro!

Este año me tocó camarilla con ventana pero para la parte de atrás, y no cierra nada bien. ¡Que pena! las de este lado son más luminosas y calentinas y con la ventana más grande.

Fíjate cómo refleja el sol en los cristales de dos camarillas del segundo piso.

Desde aquí arriba no parece tan difícil escaparse hasta el Bar Central.

Campos de futbol, baloncesto, balonmano, valonvolea, el foso de los saltos. Pero sin rayas ni límites.

Abajo veo los bancos en el medio de los campos de la Escuela Menor. Recuerdo en segundo que me pinté la cara con profidén y dimos vueltas alrededor de aquellos hierros con enredaderas enroscadas y el P.Cura nos hizo sacar las bandurrias, a mí la mandolina de las narices, y nos tuvo toda la mañana cantando. Cuando volví a la camarilla se me había secado el profidén en la cara y me lo tuve que arancar como pude, menos mal que todavía no me había salido el pelo.

Me parece que el que los campos de la Escuela Menor se vean desde aquí arriba más oscuros debe ser porque hay menos piedras.

Todo el Colegio está vallado, no tenemos escapatoria.

¡Ahí va! acaba de despegar una avioneta a la derecha.

El Coronel Portomeñe le dice a  mi padre que va a dar otra vuelta por encicma de León y que después aterrizará. Este amigo de mi padre debe ser el jefe de aviación, lo digo por cómo le saludaban cuando subíamos al avión.

Se me mueve el estómago,  casi me cago, cuando baje "iré a mayores", la verdad es que este avión me está dando un poco de miedo, aunque menos que el Padre Cura.

Isidro Cícero, que es muy amigo de mi hermano Ito, me ha dejado la cámara que ganó en lo de la Coca Cola y voy a tirar una foto, a ver si me sale. Aunque el carrete me lo ha subido mi padre, me dice que lo ha comprado en la Gafa de Oro de León.

A ver si cojo todo el Colegio.

click.

el furrielín volador.

Nota.- Ved con detalle esta espléndida fotografía (23-4-1965) en el álbum EL COLEGIO de Ver Fotos/Documentos.

JUSTINO CUMPLE AÑOS

JUSTINO CUMPLE AÑOS

Felicidades, buen amigo. Y que cumplas muchos más.

PALABROS DE TRAPIELLOS

PALABROS  DE TRAPIELLOS

Os dejo la información que publicaba LA CRÓNICA DE LEÓN en su edición de antesdeayer, 31 de Enero.

 


 

LITERATURA / Novedad

Fray Josemaría García Trapiello, exorcista en Compostela, presenta un precioso volumen de viejas palabras

 

F. Fernández / León


La invitación para la presentación del último libro de la editorial leonesa Lobo Sapiens llega envuelta en cierto misterio y cargada de enigmas. “Les adelantamos que el próximo día 3 de febrero, viernes, a las doce del mediodía y en el transcurso de un “café literario” en el hotel Conde Luna (organizado exclusivamente para medios informativos), tendrá lugar la presentación del libro “Igual que cerezas”, de ediciones El Lobo Sapiens, cuyo autor es el leonés José María García Trapiello. Se trata de un amena e instructiva incursión en el viejo palabrario leonés y de la lengua, trabajo de exquisita orfebrería literaria que se aleja de la habitual obra publicada de este autor (fraile dominico, profesor, misionero y actualmente capellán en Compostela, de cuya diócesis es exorcista), obras como ‘El esplendor de la vida consagrada’ o ‘Ministerio de liberación: el oficio de exorcista”. 


Hay palabras que tienen magia, una de ellas es la de exorcista, cargo que desempeña el autor del libro en la diócesis de Compostela. Por ello, nada más llegar la invitación llueven las llamadas a la editorial: el teléfono, la fotografía, un contacto...
- Hasta el viernes nada.

La única aclaración de que se trata de un libro de viejas palabras que el singular dominico ha ido anotando durante mucho tiempo, del estudio que ha hecho sobre ellas y del resultado final, que es un sorprendente libro, un lujo y mil historias contenidas en cada página, en cada palabra.

Se podría añadir, y no es poca información, que palabros de Trapiellos. Quiere ello decir que detrás de Fray Josemaría, el dominico, el exorcista, el capellán, está un hermano más de la larga saga de los Trapiello, hermano de los escritores Pedro y Andrés, lo que viene a ser un aval más para el trabajo de José María, quien primero fue profesor de la Universidad Laboral de Córdoba, después cura párroco en Cármenes, posteriormente marchó como misionero a Guatemala y después descubrió la faceta reflexiva y de clausura de su sacerdocio. En este tiempo recibía de su amigo el arzobispo de Santiago, el zamorano Julián Barrio, el encargo de acudir a Roma para formarse y ser el sacerdote oficial que debía realizar los exorcismos en la diócesis compostelana. El lugar elegido era la prestigiosa universidad Athenaeum Pontificium Regina Apostolorum, un nombre que saltó a las páginas de todos los periódicos hace dos años cuando decidió incluir entre su oferta académica un curso de exorcismo.

Sin embargo, quienes busquen en esta profesión morbo o amarillismo no lo encontrarán en el padre Trapiello, un personaje que sólo hace aquello en lo que cree. Cuando fue nombrado exorcista explicó su trabajo de forma escueta. “Yo aquí estoy trabajando en el campo de la oración y la espiritualidad, de los exorcismo no hay nada que decir, mi cometido es el que marca el obispado y la conferencia episcopal, algo muy privado. De ahí que ni quiera decir absolutamente nada, ni aparecen en ninguna parte”. 

Curiosamente el origen del libro que hoy presenta está en un trabajo antiguo, de 2007, que recoge vocabulario leonés y del que sólo editó cuatro ejemplares y de uno de ellos nada se sabe. Curiosamente en ese mismo tiempo aparecían en la prensa nacional una serie de artículos que llevaban por título ‘El arca de las palabras’, (el de Fray Josemaría se llama ‘El desván de las palabras’) de los que era autor el escritor Andrés Trapiello, hermano del fraile, sin que ninguno de los dos supiera del trabajo del otro.
Palabros de Trapiellos.

http://www.lacronicadeleon.es/2012/01/31/vivir/palabrosde-trapiellos-139293.htm

EL FRAILE QUE SE PARECÍA A BÚSTER KEATON y otros pecios de la memoria (II)

EL FRAILE QUE SE PARECÍA A BÚSTER KEATON y otros pecios de la memoria (II)

La bendita avería inesperada de la calefacción del Colegio que relata Marcelino, compañero te corrijo pues estoy seguro fueron las Navidades 66-67, me ocasionó mi primera pérdida de vocación. En esas Navidades, únicas de apostólico en casa, me enamoré, ¡por primera vez!, como un pardalín, de una chica que había estudiado violín conmigo de niños (nuestro profesor era Odón Alonso padre). Mi primer escarceo amoroso fué el ir con ella al Teatro Emperador a ver la película Busquen a esa chica, del dúo Dinámico, y nada más.

Por eso, querido Marcelino, estoy seguro de que fueron esas Navidades.

Lástima que al finalizar las vacaciones y de nuevo en el Colegio, me enamoré ¡segunda vez! de otra niña que subía al coro con sus padres a la misa de una de los domingos.

Mi tercer amor era una chiquilla que nos seguía en los paseos de Caleruega.

Y el cuarto...

Disfrutad de la segunda parte de los pecios de la memoria de Marce.

 


 

El fraile que se parecía a Búster Keaton y otros pecios de la memoria (II) 

  • Don Florentino Soria y el cine
  • Bendita avería inesperada
  • Una ingenua forma de comunismo
  • De los autos sacramentales al Reloj sincopado
  • Un recuerdo preterido 

 

 

 

Don Florentino Soria y el cine 

 

Cómo olvidar algunas películas memorables que nos proporcionaba generoso don Florentino Soria, a la sazón subdirector de la Filmoteca Nacional. ¡Cuánto le debemos a este hombre, qué agradecido le estoy por el buen cine que pudimos ver! Precisamente me acordé de él, hace meses, el día en que se murió el inmenso Luis G. Berlanga, el amigo con quien colaboró y quien le dio papeles anecdóticos —fugaces apariciones sin texto— en su trilogía nacional. Y se filtraron, vertiginosos, títulos y secuencias de tantas buenas películas que vimos gracias a su generosidad; títulos tan inolvidables como Calabuch (de la que fue coguionista), Bienvenido Mr. Marshall, El puente (qué tremenda película: cómo nos marcó…), Sólo ante el peligro, El chico, El hombre que mató a Liberty Valance, Los hermanos Marx en el oeste, Moby Dick, Diálogo de carmelitas

 

A Florentino Soria Heredia, padre de nuestro añorado compañero Fernando Soria Tosantos, lo recuerdo muy bien. Cuando los días de visita acudía a ver a sus hijos y familiares (los Torrellas, Heredia), me llamaba la atención por su aspecto de profesor despistado y atuendo inconfundible: el mentón (el cazu, como decimos en Asturias, como se dice en su Gijón natal) prominente y puntiagudo, flequillo rebelde, sienes plateadas a pesar de ser entonces todavía bastante joven, y también la llamativa pajarita de colores, las gafitas de intelectual… Seguramente Luis Heredia me pueda corregir esta imagen o matizarla, ¿verdad, compañero?

En 2008, uno de los periódicos asturianos* recordaba su trayectoria y entrevistaba al nonagenario hombre de cine que, por sus respuestas, conservaba íntegra su lucidez. Y me acordé con simpatía y agradecimiento de cuánta tristeza había aliviado tantos domingos de tantos meses; aquellos tremendos domingos que nos sumían en la más deprimente desilusión sin el bálsamo del cine…

 

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*La Nueva España (Domingo, 30 de marzo de 2008) en la sección TV y Espectáculos: “Florentino Soria, historia viva del cine español”. Se puede acceder al artículo pinchando en la hemeroteca del diario y marcando ese epígrafe.

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 Bendita avería inesperada

 

Y no olvidaré nunca la navidad del curso 65-66, el correspondiente a mi cuarto de bachillerato: Una avería en la calefacción fue la causante de que a última hora nos enviaran — ¡por primera vez en navidades!— a casa de vacaciones; no sé muy bien si sólo a los de la Escuela Mayor. Y recuerdo la intensidad de los rumores, la inquietud, la zozobra, el deseo de que se cumpliese el pronóstico: la calefacción necesitaba una reparación de urgencia. Y así fue: ¡todos a casa! Bueno: casi todos. Desgraciadamente, algunos compañeros por diversas causas tuvieron que quedarse allí (uno de ellos porque era canario, a quien llamábamos el Guanche, ¿os acordáis de él?) Tal vez sea esa la causa de mi extraña fascinación agradecida desde entonces por los radiadores, mi simpatía por esos benditos radiadores…

 

Una ingenua forma de comunismo

 

En ámbito tan reaccionario y conservador, destella intermitente el pabilo de una velita inolvidable, tierna e iluminadora: la requisa de parte del contenido de los paquetes que recibíamos por correo. Tengo buen recuerdo de esa sisa solidaria (si bien ni maldita la gracia nos hacía entonces cuando era tu paquete el aligerado al extremo, sobre todo de cuanto pudiera alimentar a los mures) pues fui agente de requisa cuando compartí con Emilio Devesa la ayudantía del P. Huarte, subdirector de la Escuela Menor. Y el recuerdo es grato —siempre que lo cuento o rememoro esbozo una espontánea sonrisa tierna, nostálgica—porque con motivo de alguna festividad, se repartían equitativamente en aquella suerte de fuegos de campamento, bien en el exterior si el tiempo lo permitía, bien en la propia recreación.

 

 

Cerrad los ojos, dejaos llevar por el recuerdo: ¿no os veis en la recreación, cada uno sentado en el cajón que tenía asignado, en espera del reparto, entre risas, voces, bromas? Poned atención, el P. Torrellas, maestro de ceremonias imprescindible, reclama un momento de silencio, da el tono y arrancamos a cantar (en tales ocasiones nos estaba permitido desafinar a quienes natura no había dotado del don de oído musical). Si la memoria no me falla, una de esas veladas entrañables, a modo de fuego de campamento, se organizó un día de esa navidad del curso 62-63 o puede que la del año siguiente, tal vez el día de los Inocentes. ¿Os acordáis, compañeros? Durante la velada, entre risas y bromas, se fueron sucediendo canciones regionales, villancicos, chistes, imitaciones.  Aquel acto de solidaridad hermanada pervive luminoso en la memoria.

Mientras, seguía nevando y mi gozo momentáneo, paliativo de tanta tristeza, se continuó durante una parte de la noche, embelesado en el cadencioso aleteo de los copos, en su danza silenciosa, tal vez también escuchando entrecortadamente, a trompicones se puede decir, fragmentos de algún programa nocturno en una de aquellas —rudimentarias pero útiles— radios de galena clandestinas. Viendo caer la nieve en la duermevela, observando absorto desde la ventana cómo los desfalleciente copos bailaban delicadamente acariciados por la brisa, era tan intensa la ensoñación que me desdoblaba y me veía allá abajo, hollando aquel manto blanco sobre los campos de deportes, camino de la finca: mi espectro pisaba la nieve crujiente pero no dejaba huella.

  

 

De los autos sacramentales al Reloj sincopado

 

Además del cine que nos llegaba, el otro espectáculo al que teníamos acceso como espectadores (y cuando correspondía, también participación como actores o tramoyistas) era el teatro. Sigo recordando con nitidez aquel escenario nuestro, la elemental tramoya, los decorados sencillos pero efectivos y suficientes. Me acuerdo, cómo no, de los autos sacramentales: aquel notable empeño en que tantos participasteis: Los encantos de la culpa, El gran teatro del mundo

 

 

Aunque —y no sabría explicar por qué— más que los autos sacramentales, pervive con más intensidad en la memoria alguna representación breve, ligera: una función constituida por varios números. Y de esa tarde, de ese repertorio variado guardo especial recuerdo de una improvisación mímica, pura actuación gestual, cuyo fondo y motivo era la pieza breve El reloj sincopado de Anderson: un banco, un perchero y un modesto fondo con arbolitos verdes pintados sobre cartulina blanca: una magistral actuación no sabría precisar de quién (¿Zarzuelo, aquel gran actor de papeles cómicos?). En ese almacén en que se van acumulando los recuerdos, esos recuerdos que ahora desempolvo con mimo, vislumbro al actor (¿Berrueta tal vez?) disfrazado de Charlot: bigotillo perfilado a carbonilla, pantalones anchos y caídos, bombín de incierto color, bastón endeble y combado… O tal vez fueran dos las actuaciones y la memoria haga un trasvase sincrético. Recordaréis cómo los días siguientes de aquella lograda imitación, hala, nos pusimos todos a hacer lo mismo, a imitar al imitador mientras tarareábamos los compases más sugestivos y pegadizos de la pieza breve de Anderson.  Así que en mis escarceos teatrales de tres años después, con aquel grupo que formamos varios universitarios de la cuenca minera del Nalón —un grupo de teatro de agitación política que trataba de adaptar el método del denominado teatro pobre de Grotowski—, me acordaba más que de la grandilocuencia de los autos sacramentales, de aquel genial número, tan entrañable, con el reloj sincopado como  motivo.

En esa misma velada —si mi memoria no trastoca actos y fechas— se puso en escena una parodia de “La canción del pirata”. Y de nuevo la evocación, tan caprichosa, quiere verte a ti, oh insustituible furriel, Eldelabientempladamandolina, interpretando ese número sobre aquel escenario nuestro (¿o ahora es posible que no fueras tú y sí Berrueta o Zarzuelo? En escena, si cerráis los ojos, cuantos asististeis a la función conseguiréis ver al improvisado actor, llegado al “no corta el mar” (y reforzaba la negación con la cabeza al tiempo que remedaba con sus dedos índice y corazón a modo de tijeras imaginarias el corte que negaba), “sino vuela” (y aspaventaba entonces con los brazos extendidos a modo de alas tal que si fuera a despegar del suelo); “bajel pirata que llaman” (¡baje el pirata, que llaman!, y ahuecaba las manos sobre la boca como refuerzo gestual), “por su bravura el Temido, de uno (carrerita hasta un extremo del escenario) a otro (otra carrerita hasta el otro extremo) confín”. ¿Os acordáis, o es solo una fantasía retrospectiva de esta memoria desfalleciente?

 Ya no en el teatro, sino en el estudio de la Escuela Menor, y con impulso y dirección del P. Sánchez Ramírez (¿qué fue de él?), recuerdo varias lecturas de piezas breves de teatro leído, con los flexos y el micrófono como únicos auxiliares…Y ahí sí que me tocó leer algún papel;  me acuerdo, por ejemplo, de mi participación en La nicotina.

  

 Un recuerdo preterido

 

Sin embargo, la magnífica actuación de aquel rapsoda profesional que en su día nos maravilló había quedado relegada, aparcada en quién sabe qué recoveco sinuoso de esa papelera de reciclaje que viene a ser la memoria. Pero en estas llegó Cícero y despertó de su sueño aquel recuerdo arrinconado: según leía, me parecía estar allí todavía, escuchando embelesado la memorable actuación que nos marcó durante meses, aquella educada voz que ponía emoción y sentimiento al recitado.

Y del repertorio, resonaron estremecedores como entonces los versos de Lorca, las terribles cinco en sombra de la tarde, las cinco en punto de la tarde, que repetimos y repetimos imitando en lo posible las pausas y la fuerza arrolladora de aquella voz privilegiada, plena de intensidad y sentimiento.

Y cuántos días hicimos el ganso — ¿no os acordáis?—, dando palmas y simulando un taconeo de baile sobre las losas relucientes de los pasillos o en la recreación o donde se terciara,  mientras recitábamos el estribillo de este poema menor, pero simpático y cargado de ritmo y duende, que el rapsoda había interpretado magistralmente:

 

Uno, uno, dóh y tréh,

tréh banderilleroh en el reondel.

 

Marcelino Iglesias.

  

CRONICA DE UNA REUNIÓN … NO-ANUNCIADA

CRONICA DE UNA REUNIÓN … NO-ANUNCIADA

por Julito Correas (el privilegiado que tenía rodilleras en el Colegio) y Josemari Sierra Tascón ( el mayor de la gloriosa del 61). En la fotografía faltan Pajarín que estaba pagando la cuenta y Quique que hizo el afoto; aparecen Javi Moreda, Julito Correas, César Loseiros, Felipe Tascón, Jesusito Fresno y Josemari Sierra.

¿Hace falta decir que todos glorias del 61?




 
J. Oye Quique, me tienes que hacer un favor…
Q. Vale.
J. Tienes que hablar con…
    Y por cierto, cuándo nos vemos y comemos, o algo!
Q. Pues yo  hoy, no. Mañana, tampoco. La semana que viene viajo… Es que los prejubilados tenemos mucho que hacer todos los días… no como otros, que van a la oficina o al colegio.
 
Pues comemos pasado mañana…
 
J. Yo llamo a Javivi y a los adláteres, hacemos una cadena y… a ver qué sale.
Q. Yo aviso al GL. Y para reservar… podemos ser dos, tres, cuatro, cinco… hasta 10 ó 15.
 
Y sin duda ni razón, conveniencia o incontinencia… el Sábado 28 aparecían en Oviedo Quique y JoséMari Sierra hacia el mediodía y entre sidrina y sidrina aparecieron Pedro “Pajarín”, César Loseiros, Chuchín Fresno y Javi Moreda, Felipe Tascón… y porque no pudieron venir a última hora Carlitos Bañugues, Arango… y alguno más.

 
Total, como teníamos un presupuesto de 19€ por barba, decidimos darnos a los “bichos” del Cantábrico y en La Chalana a fé que dimos cuenta del menú Concordia, que empieza por gambas y acaba en chuletas de cordero así como de un larguero de crustáceos astures que no se lo saltaba un gitano!


 
Cafés, chistes, recuerdos,  risas, Tascones,  disolventes… hasta las seis de la tarde, que los camareros nos miraba aviesamente. Y como parecía no ser suficiente, paseamos hasta la zona del Reconquista a reconquistar la zona. Que si peruco aquí, que si copichuela allá, sin querer nos dieron las once de la noche en El Limbo, pub del  leonés Pío.


 
Los leoninos enfocaron el coche hacia el Huerna. Los gijonudos ya habían hecho mutis por el foro y otros habían dicho lo de “cada mochuelo a su olivo”.
 
Yo esperé pacientemente preocupado al frío del pitillo hasta que llamé para  comprobar que Quique estaba ya en la calle de la Uva y que JoséMari Sierra estaba a las puertas de su casa.
 
Día completo: risas, amigos, viandas, abrazos, cariño gratuito y verdadero…
 
 Ya estoy esperando otra llamada para tener otra excusa….
 
 Tengo que ir en breve  a León a…  y también pronto a Madrid a…
 
Un abrazote a todos.

 

Julito Correas


Pues que estaba yo conmigo mismo tomando un vino (¡qué raro!: Raro que fuera PP - léase Prieto Picudo - que no tengo ganas de tener problemas con la Cospe ni siquiera con la Cope) y ¡zás!. Que suena el teléfono. Lo juro: Oí el teléfono. Claro: era el primer vino. Y, ¿a qué no sabes que erea el Quique; sí hombre, el Muñiz, ese bajito de La Virgen del Camino que salía en una "afoto" o "semeya", por eso de la globalización y de las llinguas globales.

Y yo, que soy un hombre fácil, aunque ellas no lo sepan, piqué y además sin cebo. ¿Sabes lo que proponía? Ir a Oviedo, a comer unos bichos feos, horribles, con tenazas: Pa tí y pa mí, como los extintos cangrejos. Y, además de hombre fácil, yo que soy de mar adentro - quiero decir - de muy adentro. De donde nací yo a la playa más cercana hay 120 km. Mira si soy de muy adentro. Vamos que soy de puerto, de cerca de Vegarada, pero de puerto.

Pero a lo que íbamos, que me apunté voluntario, sin saber qué iba a encontrar. Díxome el tal Quique que estaría Julio "el Correoso". Que estaría Felipe de apellido de abolengo (Tascón). Que además también iría César Alvarez (Loseiros), y el entrañable Pedro "Pajarín", y Jesús el duro como un Fresno, y Javier García "Moreda", que me entero, vive en la misma calle donde yo viví hace tiempo, cuando emigré a Gijón recién licenciado. (¿Qué dices? ¡Yo no tengo carrera!: Licenciado del ejército. Esa cosa que teníamos que hacer a los 21 años).

¿Las cigalas? Taben buenes. Eso decían las que las comieron. La sidrina del principio tampoco estaba tan mal. Yo no sé lo que comí. Sólo sé que me extasiaba de hacer el conocimiento, de volver a conocer a todos los compañeros que pasamos buenos ratos, aunque alguno no tan bueno: Charlando, recordando, hiriendo al recordar y tratando de curar todos los malos recuerdos. ¿Lo conseguimos? Bueno; no sé. Que juzgue un juez si no le acusan de prevaricación: Quedamos en volver a vernos.

Y, a ver si somos más, en cantidad me refiero. Porque más no podemos ser: Somos los que somos.

Bueno, de copas no hablo. Aunque las hubo.

Del conductor de la ida y la vuelta ni hablo. Para qué: Es más alto que yo. Lo pasé muy bien. Y me recordé mis vivencias en Oviedo en los últimos años de la década del 70 y del 1996 al 2007.
Que estubo de prostituta progenitora, para ser más "fisno". Que sí, lector, que te animes.
Besazos.

Josemari Sierra Tascón
 
        
 

CUATRO TIPLES

CUATRO TIPLES

Cuatro chavalines de voz blanca con pantalón corto, flequillo, pajarita y capa de la Rondalla fotografiándose junto a la piscina en Diciembre de 1964 a punto de salir para Madrid a ganar el premio de Villancicos.

Felipe Tascón y Carlitos Bañugues firmes, y Vallina y Angelillo arrodillados.

Los cuatro mejores tiples que pasaron por la Paramera, claro está, tres de la gloriosa del 61, o ¿no?

A CABALLO

A CABALLO

PaPedro, te equivocas; todo lo que tú escribas en el blog nos interesa, ¡vaya si nos interesa!

Esta fotografía que hoy véis me la envió nuestro compañero Hipólito Fraguas. Se trata de la fotografía a caballo de Luis Martínez, compañero del PaPedro en Corias.

Le he pedido información sobre esta fotografía y esto es lo que me escribe el PaPedro, pese al puñetero catarro que arrastra desde Diciembre.

 


 

 

Hola, Josemari:

Dudo que el comentario sobre esta foto pueda resultar de interés para los lectores del Blog, porque  es anterior a la inauguración del Colegio Virgen del Camino.

Yo fui destinado a Corias el verano de 1951. Luis Martínez debió de llegar en el verano de 1952, pues era de un curso inferior al mío. Yo no montaría como él a caballo, yo venía de ciudad, él de la Asturias campesina. Se ve que monta con gran dominio del animal. En aquel tiempo, prácticamente, no quitábamos nunca el hábito.

La foto está tomada, sin duda alguna, en uno de los “días de campo” que, con frecuencia, hacíamos en el Santuario del Acebo, que se encuentra por encima de Corias y Cangas del Narcea. Luis Martínez fue profesor durante años en Corias, incluso, cuando la “escuela apostólica” ya se había trasladado a la Virgen del Camino en el año 1957, él creo que siguió dando clase en Corias. Tengo idea de que él  estuvo después en algún lugar de América y, definitivamente, dejó la Orden.

En aquel tiempo, como se ve por la foto, éramos jóvenes. Recuerdo que los frailes jóvenes nos hicimos con unas bicicletas, incluido Antonio Alonso Uría, para darnos paseos por la única carretera que llevaba a Corias, durante el buen tiempo.

Y ya que me das pie para ello digo en voz alta lo que, a veces, se me ocurre al leeros a vosotros. Nosotros reproducimos en los alumnos lo que nos habían inculcado a nosotros anteriormente. Claro que siempre hay diferencias, porque yo recuerdo lo que sufría ante prácticas del director de una parte de la escuela, mientras yo tenía que acatar como subdirector.

Cuando fuimos a La Virgen del Camino, creo que algo cambiaron las cosas. Pero tú tratas de hacer simplemente lo que has aprendido, y solo cuando hay algún revulsivo (como el Concilio Vaticano), empiezan a surgirte dudas. Tenemos que reconocer las grandes limitaciones de que fuimos objeto por parte de una dictadura que encerró también a la propia iglesia.

En todo caso pienso que qué difícil es evadirse de una situación en la que vives anclado, con gran dificultad para poder romper.

Cuando se consigue, estás recobrando libertad.

Y ésta la considero como lo más importante que necesito para seguir con fidelidad el camino de Jesús, que es lo que más me interesa a mí , hoy.

211 pesetas

211 pesetas

Nuestro compañero Antonio Úbeda (un abrazo, amigo) todavía no sabe a donde le llevaron de viaje en Enero de 1968 que costó a sus padres 211 pelas.

 


 

En la factura del mes de enero del 68: ¿a donde coño iríamos de viaje que nos (me) cobraron 211 ptas. de las de entonces?.

Si alguno de los que pasean por la página es de mi quinta y se acuerda donde fuimos, que haga el favor de ilustrarnos.

Un abrazo 

--
Antonio Úbeda Párraga

ANGEL TORRELLAS, OP (10º aniversario)

ANGEL TORRELLAS, OP (10º aniversario)

El pasado día 21 se cumplió el décimo aniversario del fallecimiento del P. Angel Torrellas. Os dejo el enlace a la página del Centro Cultural de Batahola en el que le recuerdan y celebran su memoria.

 http://centrobatahola.org/

Escuchad la composición "EVOCACIÓN" que en recuerdo del P. Torrellas compuso nuestro muy querido, también al otro lado del río, compañero Marcelino García Sal y que estrenó en el propio Santuario en nuestro Reencuentro de Octubre de 2007.

Ambos descansan en paz. Siempre en nuestro recuerdo.

 


 

"Evocación" es una obra para guitarra dedicada a la memoria de Angel Torrellas, Director de la Escolanía y la Rondalla de La Viergen del Camino. Fue estrenada en el Santuario en el 50 aniversario del Colegio el día 12 de Octubre de 2007. Aunque la partitura ya estaba terminada, no fue interpretada en su totalidad, debido al tiempo y a la falta de memorización completa de la obra por parte del intérprete. Esta es la versión completa para guitarra con un fondo de fotografías de la vida de Angel Torrellas.

Marcelino

EL FRAILE QUE SE PARECÍA A BÚSTER KEATON y otros pecios de la memoria (I)

EL FRAILE QUE SE PARECÍA A BÚSTER KEATON y otros pecios de la memoria (I)

Nuestro querido compañero Marcelino Iglesias nos relata sus recuerdos y sentimientos en un viaje imprevisto al pasado de aquel colegio apostólico del que, dice Marce, ignoraba su significado, su alcance...

Espero que Marcelino no se me enface si os descubro que me ha manifestado dudas sobre la oportunidad de publicar sus relatos en el blog, pues teme que algunas de sus consideraciones, opiniones o toma de postura ideológica pudieran molestar a algunos (o muchos) compañeros.

Él conoce mi opinión sobre estos temas y como, tras leer varias veces su relato, puedo dar fé de su respeto con las personas sin renunciar al ejercicio de su libertad, ni a sus recuerdos, sensaciones y sentimientos...pues aquí os dejo la primera parte de este entrañable relato titulado EL FRAILE QUE SE PARECÍA A BÚSTER KEATON Y OTROS PECIOS DE LA MEMORIA.

Además...¡qué narices! nadie tiene que dar explicación alguna para publicar lo que le parezca en este blog.

En días sucesivos iré publicando las nuevas entregas de EL FRAILE QUE SE PARECÍA A..., y al final, lo reuniré en un documento al que os daré acceso para descargarlo. 

Ha acabado el NODO, se apagan las luces, silencio, ved y disfrutad de la primera parte de esta película, todo empieza con el recuerdo de aquel fraile delgado, cariñoso, santo, un fraile bueno, el Padre Uría...

Todavía sobreviven los recuerdos.

Gracias amigo Marcelino.

 


 

 

El fraile que se parecía a Búster Keaton y otros pecios de la memoria (I) 

  • Un viaje imprevisto
  • Del sentimiento de culpa y otros pesares, con migajas de alivio
  • Yo siempre supe qué era el amor
  • Tres navidades tan tristes


  

Un viaje imprevisto 

 

Una tarde gris de otoño, apagada como la melancolía, en un impulso —sin saber muy bien por qué ni qué quería encontrar—, decido viajar, regresar a ese espacio cerrado, a ese ámbito en que transcurrieron cinco años de mi vida. Como todo es posible en el territorio de ficción —la imaginación, la fantasía son así—, al punto levanto el vuelo. Me detengo breve instante en Soto de Rey —cruce de caminos, de líneas férreas, de sentimientos—, cuya estación marcaba bien el punto triste de la ida allá en septiembre, bien el punto alegre del regreso a primeros de julio. Una vez sobrevolada la cordillera (no sin antes echarle una mirada a ese enclave privilegiado de nombre Casorvida— único en el orbe, tal como aparece en algún texto antiguo, dicen los expertos que apócrifo—, donde, admirado sin duda por tanta grandeza, el tren siempre chifla; dicen algunos que por justa pleitesía a sus nobles moradores; otros, de colmillo retorcido, que es una simple manifestación —un alarde, vamos— de la potencia de su pitu), planeo confiado sobre el comienzo de la meseta.

 

Diviso ahora a los lejos la cruz de un santuario. Edificios simétricos, campos de deportes, una granja. Allá al fondo, según se comienza a descender la finca, camino del Tomillar, aprecio una mella en el terreno: una excavación en el talud. Ahí me veo, 45 años atrás, ultimando con otros compañeros la primera fosa, la que inauguraba lo que iba a ser cementerio. Y me acordé de un poema de Paul Celan —el poeta que decidió abreviar, poner punto final a su vida arrojándose a las aguas del Sena—, cuyos versos parafraseo: él cavó su tumba no en el agua sino en los arrebatados acordes del órgano… Y recuerdo apenado aquellos meses últimos y la fatiga con que se movía. ¿Por qué queríamos tanto a aquel fraile con algo de cara de palo, de fingida seriedad que apenas lograba disimular su alegría de vivir, la bondad que transmitía? Sigo viendo emocionado la figura de aquel organista que, con sus gestos y ademanes —conscientemente histriónicos—, provocaba nuestra sonrisa cómplice, cariñosa. Sí, lo recuerdo muy bien: en aquel octubre lejano tan lluvioso, yo también cavé en el talud de la finca.

 

 

Vuelvo grupas,  tomo tierra y entro en el Santuario. Recorro el pasillo central de la nave observando distraídamente cual si de un visitante despistado se tratara, tal vez con la actitud curiosa propia de un turista. Me siento en un rincón discreto, en un lateral, próximo a uno de los confesionarios.

 

Suenan los acordes del órgano: solemnes, rasgando el silencio, acallando los bisbiseos de los rezos. Como si saliesen de un alma intensa y apasionada, se me ocurre… Y en estado de somnolencia, acunado por la intensidad sonora de aquel órgano arrebatado, comenzaron a fluir los recuerdos. Miré hacia atrás, a la cristalera que da acceso al coro y al pasadizo que cruza por debajo de la carretera, cordón umbilical entre colegio y santuario. Fue fácil provocar la evocación, permitir que los recuerdos (caóticos, entreverándose, pugnando por ocupar un lugar en el decurso del tiempo) afloraran remansándose, estableciendo entre ellos una jerarquía ordenada. Es tan fácil moverse por el territorio de la memoria: basta proponérselo, ensoñar, recordar…

 

 

 Del sentimiento de culpa y otros pesares, con migajas de alivio

 

Un escalofrío. No, no tengo miedo, pero siento frío, mucho frío. Siempre que sueño que “todavía” estoy allí, siento frío. El frío y los sabañones. El frío y el desvalimiento; el desvalimiento propio de los huérfanos, allí recluidos en aquella estepa. El frío y lo peor: el sentimiento de culpa que cala, que taladra, que socava toda resistencia. La culpa sin encantos. Frío, mucho frío y hambre. La culpa como parte inseparable del frío: dos caras de la moneda, haz y envés. Frío exterior y frío interior. Ese frío perverso cala hasta el tuétano, se apodera de tu interior, te anula.

Culpa, pecado, tinieblas: ¿será una pesadilla recurrente, una pesadilla que se disipará al despertar? Culpables de qué, pobres muchachos. ¿Por estudiar allí aunque  muchos (¿cuántos?) ni siquiera hubiéramos entrado con el propósito de ser frailes? ¿Por ser pobres, pertenecer la mayoría a la clase obrera, al campesinado? Y recuerdo ahora el día de primavera en que se presentó en la escuela de mi pueblo, en el corazón de la cuenca minera del Nalón, aquel fraile menudo, nariz de aguijón de avispa y gafas gruesas. El P. Arruga —buen orador, con probado dominio retórico— hizo una impecable exposición propagandística de las bondades del colegio, de sus instalaciones; nos mostró fotos ilustrativas: quedé fascinado por los campos de deportes, por la piscina. Pero en absoluto nos habló (o no lo recuerda ya esta memoria enflaquecida, siempre selectiva) de la necesidad de querer ser frailes. Supongo que eso se daba por supuesto. Supongo. Ya sé, ya sé: se trataba de un colegio apostólico, pero yo entonces, antes de aquel día de principios de octubre de 1962 en que crucé sus puertas, ignoraba su significado, su alcance.

 

Desolación, sospecha: acusaciones en la capilla. Es de noche. Resuenan lúgubres, como si anillaran grilletes en los pies, cada una de las voces de quien, más que amonestarnos, nos acusa indiscriminadamente. Y veo un dedo acusador vestido de blanco que dispara. Pienso lo que no pensaba aquel cohibido niño de entonces, aquel indeciso adolescente: ¿Se puede dirigir un internado como si fuera un campo de concentración? ¿Un educador puede tener como paradigma para su delicada misión biografías de grandes militares? Esparta: sobran los débiles. La mili, años después, como unas plácidas vacaciones. ¡Parecéis niñas! Resuenan aún sus gritos en el recuerdo. Largos pasillos que se alargan y alargan: pesadilla, sudor frío. Los terrores de la noche, desvalimiento, orfandad… Los pasillos se dilatan, se curvan, se alejan perdida la perspectiva. Abismo.

 

Dicen que las verdades auténticas tienen su residencia en el corazón. Y también que es fácil y gratuito viajar con la imaginación al territorio de fantasía, donde siempre que se desee, llueve. Es posible. No sé con certeza que sea gratuito bucear en la memoria. Claroscuros: alegrías, sí, pero también tantos sinsabores… A escala, he pensado hace ya tiempo que aquel microcosmos era reflejo del exterior: de una sociedad sometida por aquella nefasta dictadura, de aquel estado perpetuo de miedo y violencia, cuya cabeza visible —criminal de paz, en acertada denominación de Manolo Vázquez Montalbán— se murió en la cama y no inmolado en africana guerra por su dios y su patria (qué lástima, ¿verdad?)… Un hombre de treinta y tantos años puede ser tan hábil en el interrogatorio…: busca las llamadas —qué crueldad— manzanas podridas. Qué fácil sonsacarles a niños de diez, once o doce años: qué cobardía, qué perversión de miras, qué torpeza absurda. Inocencia, debilidad; tal vez miedo.  Dudo que hubiera algún vocacional, algún perverso. Qué nos quedaría, sin esa confianza, esa fe antropológica, a cuantos hemos depositado nuestra creencia en los seres humanos y no en otras entelequias, llámese como se llame el dios de cada creencia religiosa… Y pienso entonces que también él, que también ellos, los hombres de hábito blanco, eran producto de la debilidad, del miedo. Pero no lo tengo tan claro: ellos eran ya adultos, sabían discernir. Eslabones del poder establecido en todo caso.

 

No todo es triste. Me gusta la nieve. Recuerdo ahora un verso del Dante: después llovió en la alta fantasía. Recurro a la paráfrasis: nieva ahora en mi fantasía. Me pasaré, como siempre que nieva, la noche en vela: mirando por la ventana a ver cómo sigue nevando sobre los campos de deportes, sobre la granja; contemplando embelesado cómo aumenta de grosor la capa que ya cubre totalmente el paisaje. Blancura en la noche, luminosidad reverberada, danza blanca de copos arremolinados. Cuanta más blancura, más nieve ha caído. Y deseo vivamente que las nevadas se prolonguen días y días.

No, no todo es tristeza: también me reconforta el cine de los domingos, ese momento mágico de la semana, ese escape a un mundo de fantasía e ilusión. Pero qué terribles domingos cuando la película era censurada o no había llegado por cualquier circunstancia. Inmensa tristeza, decaimiento, melancolía. Esperar a que llegue la noche y entonces, sí: llorar en silencio, para ti solo, porque las lágrimas son de cada uno. Llorar es tan reconfortante… Y dormirse luego profundamente. Y a esperar confiando que la semana siguiente haya más suerte.


  

Yo siempre supe qué era el amor

 

Y ahora, como contrapunto benéfico, la memoria abre una rendija de luz, rescata una bocanada cálida: la hora del reparto del correo. Es, sin embargo, un recuerdo agridulce. Por una parte, qué vileza policiaca la censura de las cartas; que impudicia el asalto a la intimidad ajena. Por otra, se me siguen soltando lágrimas de emoción al recordar con ternura cuando leía una de aquellas cartas que mi tío materno Luis, con su impecable letra pulcra, escribía al dictado de mi bisabuela, mujer sabia aun siendo analfabeta. Y entonces ensoñaba y me alegraba de las pequeñas alegrías (el parto feliz de una de nuestras vacas, la buena cosecha de manzanas o de castañas, la siembra de las patatas o la eclosión de los pitinos de la pita franciscana) y me entristecía con las penas de las que mi güelina me hacía partícipe (sus dolencias y achaques, muerte o enfermedad de algún familiar o vecino, un accidente en la mina…). Y aquellos billetes de 25 o de 50 pesetas que adjuntaba…  ¿Cómo olvidar tanta ternura, tanto sentimiento aquilatado en cada carta?  Yo siempre supe qué era el amor.


Tres navidades tan tristes

 

Y me asalta ahora a traición el recuerdo de aquellas navidades tristes, desoladoras, apenas mitigadas por el afecto mutuo, la solidaridad entre iguales; en fin, los universales del sentimiento: morriña, añoranza de los nuestros, juegos y risas compartidas, la fuerza del cariño. Un contrapunto luminoso, revelador, un bálsamo blanco para tanta melancolía: durante las navidades del curso 63-64 (¿o fueron las del 64-65?) nevó y nevó, días y días. Qué alegría, cómo palió la tristeza de estar lejos de la familia, allí encerrados, allí recluidos: esa es la sensación, ese es el recuerdo de las navidades allí pasadas,  tres tristes navidades consecutivas.

 

Cada vez que las recuerdo, siento frío, mucho frío. El frío y los sabañones, aquella tortura de picores y llagas que a tantos martirizaba durante los meses de invierno. Tristeza y dolor que algo mitigaban los villancicos por megafonía acompañándonos a todas horas, las estancias prolongadas en la recreación decorada con motivos navideños, las cenas “especiales” de Nochebuena y Nochevieja (pollo y patatas fritas como las de freiduría, y ¡hasta un poco de aquel vino aguado que nos sabía a gloria!, algo de turrón y polvorones y peladillas y uvas pasas: todo un lujo respecto al menú cotidiano). Siempre que lo recuerdo, siempre que se inmiscuye el recuerdo de aquellas navidades tan tristes, tan lejos de los nuestros, con tanta morriña acumulada, siempre se ve compensada, como un bálsamo reparador, por la nieve…Por la nieve y la programación cinematográfica especial: casi todos los días una película o, en su defecto, unos dibujos animados o unos cortos de Chaplin o algún documental. En suma, una pequeña compensación que aminora tanta tristeza, tanta añoranza, tanta pena…

 

 

Y ahora que releo lo escrito, me pregunto — ¿sorprendido?—: ¿Por qué tantos de los recuerdos que van fluyendo atropellados y con ganas de ser verbalizados se centran en o sobre motivos navideños? Soledad, tristeza, sentimiento de orfandad. En fin: los inextricables surcos de la memoria.

 

Marcelino Iglesias.

FUIMOS UNOS ADELANTADOS

FUIMOS UNOS ADELANTADOS

Hoy os dejo, y en su álbum DEPORTES correspondiente también para que no se me enfade el maestro Maxi Olóriz, esta nueva fotografía que ha rescatado de sus entretelas nuestro compañero Joaquín urbano.

Deliciosa fotografía en posición de firmes-en jarras (oxímoron).

Ahora, no me negaréis que tuvo mala sombra el fotógrafo al cortar por la derecha a los dos extremos del equipo.

París espera a quien nos facilite los nombres de toda la línea recta.

 


    FUIMOS UNOS ADELANTADOS

 
La foto que abre este portillo está fechada el 24 de Junio de 1.964, festividad de San Juan.
 
Os recordais: " El mió Xuan mirome y dixiome mocina que guapa tas..." Muchos la aprendimos en el colegio. Y este, entre otros muchos, es un recuerdo positivo que hemos de poner en valor y no quedarnos y destacar siempre lo peor. El colegio fue lo que fué, hoy pensamos, cada  cual, lo que piensa pero negar el soporte que el colegio nos dió a todos, o a una gran mayoría, me parece una posición que no responde a la realidad.
 
Retomo la foto. El partido se celebró, esas cosa del colegio, que hoy desde la distancia podemos considerar inapropiado, en homenaje a Juan García Mondeño, y al mismo asistieron y allí conocimos a Antonio Ordóñez y José Baez "El Litri". No recuerdo si estuvo algún que otro torero.
 
En la foto está quién envía la foto y Rey, Baragaña, Izquieta, Arranz, Rivera, Faes, creo que Tobes, otros de la añada del 59 (Argüeso?) y  que alguno de vosotros ireis reconociendo. 
 
Pero lo que hoy me interesa de esta fotografía de 1.964 es la posición de los equipos  en la misma. Observareis que ambos equipos están alineados con el equipo arbitral en el medio, tal como hacen ahora -desde no hace muchos años- los equipos que compiten y se enfrentan en los diversos campeonatos.
 
Fuimos pioneros de lo que ahora se hace, como testimonia la fotografía y cuyo hecho he querido remarcar.
Démosle el valor que tiene, presumamos de ello y disfrutémoslo.
 
Un fuerte abrazo para todos. Joaquín Urbano.

RECUERDO DEL PADRE MERINO

RECUERDO DEL PADRE MERINO

Me escibe nuesro compañero Hipólito Fraguas haciéndonos partícipes de su recuerdo.


Hola de nuevo José María
Enterado del proceso de beatificación de P. Merino, me tomo la libertad de enviarte esta foto personal (aunque tengo otras donde también aparece) y que él me remitió en diciembre de 1963.

En la tarjeta, que posiblemente no sea legible, dice lo siguiente:

"¿Qué hacemos ahora?..
Todos volaron...
pero yo seguiré pidiendo
y tú, Madre, velando
por los que aquí te
amaron.

Protégeme
a Hipólito Fraguas
Con todo cariño en Ella


F. José Marino
16-12-1963 Palencia

(Como puedes suponer guardo esta foto con afecto)

En aquel entonces a mí me parecía una persona muy humana y sufrida.

Por desgracia recuerdo que estuvo enfermo una temporada en aquella época.
¿El corazón?

Un abrazo.

Hipólito Fraguas

ADIÓS A CARLOS, AMIGO-HERMANO

ADIÓS A CARLOS, AMIGO-HERMANO

Permitidme este rinconcín para quienes componemos el GL. Que estas líneas sirvan de recuerdo a Carlitos -nuestro Boro- con el fin de que se entiendan las pocas ganas de escribir en el blog que hemos tenido en estos últimos tiempos. Y, al parecer, ni el Mudo  ni la Anselma las han tenido.

El lunes pasado enterramos a nuestro amigo-hermano Carlos, siempre con nosotros, hemos sido el GL+Carlos.

Vedle en la fotografía al lado de Martín en un viaje que hicimos todos juntos a Caleruega.

Hay que compartir alegrías en penas, que hace unión, amistad.

 


 

 

Aquí, en este blog querido, hemos desgranado letras con sentimientos; y seguimos haciéndolo.

Seis meses para aceptarlo, viviendo un día tras otro la angustia, haciéndote a la idea y era difícil admitirla.

Y es que, el GL continuaba viéndose, tomando algún Prieto Picudo, un café, una cerveza… ¿Qué tal está Carlos hoy?...

Tengo en mi refugio (mi pequeño estudio) una foto de todos nosotros, los de aquí en celebración de boda, en la que mentalmente he tenido que poner ya una “X” por la ausencia de Carlos. Carlos no había estudiado en La Paramera, en el Colegio, pero durante muchos años fue uno más de lo que habéis bautizado como GL.

Son alegrías y penas las de dejamos en este nuestro blog y que hemos querido siempre compartir con vosotros, los que escribís o solamente leéis: Hoy ha sido la pena.

Andrés M- Trapiello.


fallece Carlos Roces Concheso

fallece Carlos Roces Concheso

Lamento comunicaros la única y última noticia de mi inolvidable compañero del curso del 61 Carlos Roces Concheso.

Todos los intentos que hicimos en estos años para reencontrarle fueron inútiles.

Me entero por casualidad de su fallecimiento.

 Descanse en paz.

LA CAÍDA (¡Catacrock!)

LA CAÍDA (¡Catacrock!)

Querido Antonio, compañero del Cole, lo estábamos esperando. Gracias por habernos descubierto tu expulsión del Colegio, y por enseñarnos el primer documento que tenemos de este tenor.

No dudes que nos vamos a levantar todos en armas contra tal decisión y contra el CONSEJO y su rúbrica; lástima que ya sea un poco tarde...

Menos mal que no te negaban aptitudes para "otro tipo de vida", como a uno que yo sé que le recomendaban a sus padres dedicarle a actividades manuales.

Es curioso que hayas conservado esta carta durante estos años. Es la prueba del inicio del fin y del inicio del inicio.

El documento no tiene fecha. Antonio, dínosla.

Y eras un niño...

 


 

Muy Señor mío:

Siento tener que comunicarle que en la última reunión del profesorado se determinó la exclusión de su hijo de este colegio por no creerle con las disposiciones y aptitudes que la Iglesia y nuestra orden exigen, máxime en las circunstancias actuales, para la idoneidad de sus candidatos al sacerdocio.

Esto no quiere decir que su hijo no tenga aptitudes para otro tipo de vida en la cual pueda desenvolverse mejor.

Hemos hecho todo lo posible por ayudarle en sus años de formación, esperamos le sea útil y sepa aprovechar cuanto aprendió.

Con la seguridad de que sabrán comprender nuestra decisión, aunque ciertamente dolorosa para todos, le saluda atentamente

EL CONSEJO (con rúbrica).

 

 


 

... y que además, con el tiempo cumplían la amenaza. Bueno, no hay que exagerar. A mí me hicieron un favor ya que no sabía como decirle a mi padres que, después del esfuerzo económico que hacían para tenerme allí y la ilusión que les hacía tener un hijo fraile, quería dejarlo. En fin.



Un abrazo 


Antonio Úbeda Párraga

Subirachs: Vida y obra

Subirachs: Vida y obra

Os dejo el artículo publicado por el P. Jaime R. Lebrato en el Diario de León el pasado día 15 de Diciembre en la sección de Opinión.

Fotografía: Primer proyecto de Subirachs para la fachada de La Virgen del Camino. 1958. (Museo del Santuario)

 



 

José María Subirachs es hoy una figura universal en el mundo artístico. Sobre todo en el mundo de la escultura, aunque también es un maestro en obras relacionados con el óleo, grabados y dibujos. Ya figura su nombre entre los artistas inmortales del siglo XX y XXI.

Hoy, cuando José María Subirachs ya tiene 85 años y apenas trabaja, su obra está presente en los países siguientes: Andorra, Corea, China, España, Estados Unidos, Japón, México, Suiza. Y se exhibe su obra en Museos de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, China, Corea, Roma y muchos de España.

Admitiendo que la obra de Subirachs es polifacética —oleos, dibujos, grabado— creo que podemos decir que su obra abunda en la escultura civil y religiosa. Por lo que se refiere a la escultura religiosa cristiana podemos decir que ha tratado muchos temas: Cristo crucificado, la Virgen, los apóstoles, santos, altares, sagrarios, puertas historiadas, ambones, pilas de agua bendita. etcétera. Hoy, su obra escultórica-ornamental religiosa en España es admirada, muy valorada. Bastaría citar el Santuario de la Virgen del Camino (León), el Monasterio de Montserrat y la Sagrada Familia (Barcelona).

Me ha alegrado muchísimo tener estos meses en mis manos y leer la obra de Ana M.ª Ferrin. Su título El tacto y la caricia. Subirachs. Lo edita «Ediciones Experiencia». Tiene 700 páginas de texto y 200 fotografías. Una obra muy completa sobre la persona y la obra de Subirachs. Y muy actual, pues se ha editado en mayo deL 2011.

La obra de Ana M.ª Ferrin no es un obra méramente cronológica y fría. Al contrario. Es una obra cercana, humana, cálida, vivencial. Me ha admirado mucho la gran cantidad de testimonios sobre la vida, la persona, la obra de Subirachs que la autora recoge de primera mano de muchas personas que han tratado —que hemos tratado y admirado— a Subirachs. El lector termina siendo amigo y, casi íntimo amigo, de Subirachs porque se entera como es, como viste, que alimentos le gustan, como trabajaba en el taller cuando era joven, cómo trabajó en su obra cumbre de la Sagrada Familia hasta el 2009, cómo lleva su enfermedad y sus años de mayor, qué sintió al no poder estar presente en la ceremonia de inauguración que hizo el Papa Benedicto XVI en el 2010 de la Sagrada Familia, y por ello, la inauguración apoteósica de la obra cumbre de Subirachs: La fachada de la Pasión.

La autora sintetiza la vida de Subirachs en tres etapas: Primera: la participación del artista en la Bienal de Amberes de 1955. Segunda: su primera obra capital: Las esculturas y puertas del Santuario Virgen del Camino, León: 1959-1961. Tercera: Su obra en la Sagrada Familia, 1986-2009.

Yo ejerzo ahora mi servicio como sacerdote en el Santuario de la Virgen del Camino. Uno de los servicios es el de explicar a muchos fieles devotos o muchos turistas o peregrinos que visitan el Santuario los valores arquitectónicos y artísticos que tiene. Y afirmo que tanto la obra arquitectónica (Francisco Coello) como la obra escultórica (Subirachs) de este Santuario son muestras magníficas de la «nueva arquitectura y escultura religiosa» que surgió en Europa a mediados del siglo pasado y antes del Concilio Vaticano II (1962-1965). Concilio que abrió a la Iglesia muchas puertas en el campo de las lenguas vernáculas, la liturgia, el arte religioso, etcétera.

Subirachs dice de sí mismo: «mis inicios fueron expresionistas, luego evolucioné hacia lo abstracto... he desembocado en este nuevo figuracionismo». Y la autora dice: «Las figuras del Santuario las realizó Subirachs en 1959, época tardía de su etapa expresionista, cuando se adentraba en otros estilos, pero hasta el 1961 siguió creando otras partes del conjunto en la misma opción artística». Según esto, el Santuario de La Virgen del Camino de León, tiene la «primera obra capital» de Subirachs en estilo expresionista.

No solamente eso. Yo añadiría que en los años inmediatos a la inauguración del Santuario de La Virgen de Camino, junto con opiniones negativas, surgió un movimiento de simpatía a la obra arquitectónica y a la obra escultórica del Santuario en toda la provincia de León y de España. Algunas parroquias, algunas capillas de ordenes religiosas masculinas y femeninas incorporaron elementos litúrgicos similares a los del Santuario de La Virgen del Camino. Sagrarios, ambones, crucifijos... Y casi 50 años más tarde de la inauguración del Santuario, se inaugura en la Sagrada Familia la obra cumbre de Subirachs en la que existen realizaciones artísticas totalmente similares a las de la portada de La Virgen del Camino. En las esculturas y en las puertas historiadas. Las puertas historiadas de ambos templos tienen textos íntegros del Evangelio; tienen solo palabras o solo letras en positivo o en negativo; en relieve o en incisión; tienen figuras en relieve y espacios vacíos; tienen algo que resalta la manilla de apertura de la puerta principal. Yo diría que el Santuario del Camino, es una obra artística de vanguardia, que ha creado escuela y sus influencias se ven hasta 50 años más tarde en una obra de interés internacional como es la Sagrada Familia.

¿Y por qué no añadir otro detalle?. La obra de Subirachs en el Santuario de la Virgen del Camino tiene mucho valor, «local» y «universal». Pero además tiene también un valor «cósmico». ¡Qué quiero decir? Por el libro de Ana María Ferrin me entero de que hay un «asteroide» en el cosmos que lleva el nombre de «Subirachs». Lo descubrió en el 2005 el astrónomo J. Manteca. Tiene un diámetro de 2 kilómetros y una órbita de 5,53 años y está entre Marte y Júpiter. Cuando lo descubrió lo comunicó al Organismo Internacional Minor Planet Center de Cambridge. Éste confirmó el hecho el 10 de enero del 2007. El Organismo le dijo que el descubridor tiene derecho a poner un nombre al asteroide. El astrónomo le puso el nombre de «Subirachs». Cosa que dio mucha alegría a Subirachs. Y digo: Si Subirachs navega por el cosmos, por allí está también el resplandor de sus obras magistrales entre ellas el Santuario de La Virgen del Camino. ¡Felicidades Subirachs!

Jaime Rodríguez Lebrato, O.P. 15-12-2011

EDITORES CONTRA EL LIBRO

EDITORES CONTRA EL LIBRO

Me llama Julito eSe (gracias, amigo) para informarme del nuevo trabajo de nuestro compañero, gloria del 61, Helio Pedregal en la obra La Mecedora.

Información publicada en El País de hoy.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/01/17/madrid/1326792033_052940.html

 


 

 

El caso de Jean-Claude Brisville (Bois Colombes, 1922) guarda cierto parecido con el de Michel Vinaver (Paris, 1927): de jóvenes, con un futuro literario prometedor por delante, prefirieron agarrarse a un empleo seguro y bien pagado. Vinaver llegó a ser director general de Gillette Francia; Brisville, director del Livre de Poche. Cuando frisaban la edad de jubilación, en los años ochenta, ambos retomaron su carrera teatral con éxito sorprendente. Uno, al abandonar Gillette; el otro, tras un despido.

La mecedora (1982), es un ajuste de cuentas de Brisville con su antiguo empleador, un duelo retórico en el que la razón de las letras, representada por Jerónimo, director literario cincuentón a quién acaban de poner de patitas en la calle, se enfrenta a la lógica de las cifras, encarnada por Osvaldo, editor en cuyo lujoso apartamento no hay un solo libro. La estructura de La mecedora, del tipo comedia-debate, es casi idéntica a las de El encuentro de Descartes con Pascal joven, La cena (estrenadas aquí por Josep Maria Flotats), La antecámara y La última salva (en España escénicamente inéditas): una vez tomado el rumbo más seguro del éxito comercial, Brisville no se desvió un ápice.

En La mecedora están todas las claves del éxito comercial de su autor: el humor con el que reflexiona sobre temas relacionados con la cultura o la historia, su defensa de posiciones humanistas frente a otras oscurantistas o tecnócratas, su ingeniosidad, su clasicismo formal y su economía dramática. Flotats le tiene tomado el pulso a su teatro. A este montaje no le faltan acentos ni le sobran comas. Una vez creado el clima necesario con la preciosa ayuda escenográfica de Alejandro Andújar y la luz cálida de Albert Faura, el actor catalán, esta vez desde fuera de la escena, puede concentrarse plenamente en la dirección de actores. Eleazar Ortiz da una lección de escucha activa y de economía expresiva en el papel de director editorial callado, hedonista, pagado de sí mismo y más listo que el hambre, pero profundamente ajeno a cualquier razón literaria: su Osvaldo exhala una autocomplacencia discreta, elegante y profundamente amoral.

Helio Pedregal lleva la voz cantante de la comedia: es el directivo que, buscando el porqué de su despido, vuelve a la carga una y otra vez hasta poner a su antagonista contra las cuerdas. Sobre sus anchas espaldas sostiene, como un Atlas, la mayor parte del texto: quizá por eso, y para crear un contraste con la sobriedad de Osvaldo, su Jerónimo rezuma actividad y enfatiza gestualmente cuanto dice. También a la chaqueta que viste le han puesto unas coderas que subrayan sin que haya necesidad de ello su escaso apego al lujo y a la apariencia. Daniel Muriel interpreta con naturalidad seductora al amante de Osvaldo. En su versión castellana, Mauro Armiño acerca la comedia atinadamente a la era de los libros digitales.


EL PALACIO DEL DIRE

EL PALACIO DEL DIRE

¿Os acordáis?

FOTOGRAFÍAS PRIMEROS AÑOS DEL COLEGIO

FOTOGRAFÍAS PRIMEROS AÑOS DEL COLEGIO

Siguen apareciendo. Hipólito Fraguas ha conservado durante todos estos años estas fotografías que me ha enviado y que pasan a enriquecer nuestra colección.

Corresponden a los primeros tiempos del Colegio, sin mosaicos del P. Iturgáiz, los árboles recién plantados, los cristales de la recreación en su sitio...

Os las dejo en el álbum EL COLEGIO de Ver Fotos/Documentos.

CAÍDA LIBRE (2ª parte)

CAÍDA LIBRE (2ª parte)

Segunda parte de la caída de Antonio Úbeda, ya a punto de desmoronarse y de coger la maleta y el autobús rumbo al hogar familiar. Cuatro "cates" tenían la culpa. Además su PANORAMA ¿? no resultaba muy alentador: regular en comportamiento cívico y en informe sanitario ¿? y regular tirando a mala su línea vocacional. ¡Toma ya!

El documento tiene fecha de 22 de Junio de 1969.

Antonio ha estudiado muy poco, por lo que ha hecho los exámenes de IV curso muy deficientemente y nos hemos visto obligados a suspenderle.

Tiene que tomar las cosas más en serio, pues esto no puede continuar así. Esperamos que en los próximos exámenes nos demuestre que quiere y que puede estudiar.

Lamento tener que expresarme así.

Afmo. s.s.,

fr. Jesús Martín S., o.p.

El desenlace estaba próximo, os lo contaré otro día. 

 



 

Yo sí tenía malas notas, para hacer ver que no se paraban en barras a la hora de calificarte, con independencia de que fuera verdad o mentira,

Pero quiero que te fijes en una cosa curiosa, que estaban en todo e informaban de lo que te ocurriera: "Pasar sin falta por el oculista". Una delicia.

Antonio Úbeda Párraga