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Antiguos alumnos dominicos VIRGEN DEL CAMINO - LEON

NIEVE EN LA VIRGEN DEL CAMINO

Ayer por la mañana subí andando hasta la Virgen del Camino con la intención de tomar unas fotos para dejaros en el blog. Poco pude hacer pues hacía un frío de sabañones.

Aquí os lo dejo.

Y vuelvo a recordaros que no soy Chema Sarmiento.

PASO POR LEÓN BAJO LA NIEVE

Como os prometí, aquí os dejo unas sencillas imágenes de mi paseo por León con mi hijo Alberto.

Mañana del sábado 13 de enero, bajo las primeras nieves del año.

Dedicado a mis paisanos que viven fuera del Reino, en especial para Maxi Trapero que estará tostándose en las arenas de la Playa de las Canteras.

NIEVE EN LEÓN

NIEVE EN LEÓN

ae voy con mi hijo Alberto a dar una vuelta por el León nevado. Tomaré unas imágenes que os dejaré en próximos días.

BOCETOS

BOCETOS

Bocetos hechos por el P. Iparraguirre para alguno de aquellos magníficos Autos Sacramentales.

Como veréis, están hechos en las mismas cuartillas que teníamos para las cartas.

Documentos conservados hasta hoy por Javier Muñiz, el Ministro, dueño y señor de la tramoya, gloria del 61.


AQUEL MONASTERIO DE CORIAS, HOY PARADOR NACIONAL

AQUEL MONASTERIO DE CORIAS, HOY PARADOR NACIONAL

De resultas de fisgar por Internet.

 


 


Monasterio de San Juan Bautista de Courias / Corias (Cangas del Narcea). 

Casi siempre tengo que repetirlo dos veces: «Corias de Asturias, cerca de Cangas del Narcea, no Coria de Cáceres». En Corias hay un vetusto monasterio que acaba de convertirse en parador nacional; se encuentra a escasos kilómetros de Cangas del Narcea y a muy pocos metros del río Narcea. En él estuve entre 1954 y 1957 cursando los tres primeros años de latín, cuando era una escuela apostólica o seminario regentado por los dominicos de la provincia de España. Volví a visitarlo a principios de los años ochenta con dos compañeros de seminario, el vallisoletano Jesús Alcalde, profesor en la madrileña facultad de Ciencias de la Información, y Jesús Torbado, periodista leonés y novelista, que había sido galardonado con el premio Planeta en 1976.

El monasterio estaba entonces prácticamente deshabitado; solo había en él tres frailes dominicos; uno de ellos, el padre Felipe Lanz Yoldi, nos había puesto clases de francés y de literatura. Evocamos el barullo de los más de 300 seminaristas alborotando por los claustros y los tres campos de fútbol. Y, sobre todo, el guirigay que se formaba al bajar unas escaleras de madera añeja con los pasamanos bruñidos por miles de manos como las nuestras. Hubo un momento embarazoso con el padre Felipe Lanz. Me preguntó al lado de una de las arcadas de los claustros a qué me dedicaba y le dije que era periodista y redactor-jefe de la revista «Mundo Negro». «Supongo, me dijo, que no serás como ese ingrato de Torbado, que ha puesto a los dominicos a caer de un burro después de que le ayudaran tanto, después de abandonar el convento». Torbado estaba a mi lado, pero el padre Felipe no lo reconoció; el novelista se limitó a dar una calada más honda a un cigarrillo.

Visitamos la iglesia con su majestuoso altar barroco, con bajorrelieves que cuentan la historia del monasterio, levantado en el siglo XI y ocupado por monjes benedictinos. Dicen las crónicas que entre los siglos XII y XIII alcanzó su máximo esplendor con inmensas posesiones de los monjes en la mayor parte del occidente de Asturias e incluso de la vecina provincia de León. Nosotros entonces no teníamos más que algunas nociones vagas del castillo de Piñolo. Aún se encontraba en la iglesia un antiguo órgano de tubos, donde dos de los hermanos Castaño -Pepe Domingo y otro, de cuyo nombre no logro acordarme- aprendieron a tocar alguna cantata de Bach.

 

Parador de turismo Monasterio de Corias (Monumento Histórico-Artístico Nacional) inaugurado el 15 de julio de 2013 por la Reina Doña Sofía.

Corias era entonces un pequeño pueblo con escasa actividad. Los domingos iba mucha gente de Cangas del Narcea a oír misa en la iglesia del monasterio. Los seminaristas salíamos juntos de tanto en tanto a dar un paseo junto al río Narcea, festoneado de castaños y avellanos. Una vez al año, íbamos durante el verano en varios camiones al puerto de Leitariegos. Durante el trayecto animábamos al conductor a acelerar y le recordábamos chillonamente que con el vino se engrasan las bielas, según la canción de marras. Había en Leitariegos una gran laguna, en la que nos bañábamos antes de comer al aire libre y de la que muchos salíamos con las piernas peladas de insaciables sanguijuelas.

El paraje de Corias era magnífico y espectacular para un chico de la llanura zamorana como yo. Allí vi por primera vez arar a una mujer con unas vacas rojizas y menudas. Los carros eran pequeños y tenían ruedas de madera, como los sanabreses. En los prados abundaban los almiares de heno. Había entonces en los montes adyacentes muchos cerezos y manzanos y algunas viñas con cepas raquíticas, en comparación con las que había visto en Pajares de la Lampreana.

Supongo que ahora el antiguo monasterio de Corias atraerá a muchos asturianos y leoneses. Quienes vayan, podrán disfrutar, sobre todo en la época estival, de las aguas frescas del río Narcea, donde abundan las truchas, los salmones y las anguilas. Había en este río un remanso que llamaban El Chandeu. Jesús Alcalde y Jesús Torbado se bañaron en él. Después nos dirigimos a Tineo. Degustamos en Villanueva de Sorribas unas truchas exquisitas recién pescadas en el mismo río Narcea, que discurre por allí más angosto y turbulento, pero con aguas limpísimas.

¡Quién nos iba a decir que nuestra vieja escuela apostólica se iba a convertir en un parador nacional! Primero fueron los castillos semiderruidos, como el castillo de la Mota en Benavente, cuando Manuel Fraga Iribarne fue ministro de Información y Turismo. Ahora le toca el turno a los seminarios, conventos y monasterios, que se convierten en hoteles, como pasó hace años con el seminario verbita de Coreses, o en parador nacional, como el monasterio de Corias. Quienes puedan y quieran, que lo saboreen.

Publicado en: La Opinión de Zamora
Viernes, 2 de agosto de 2013

CASI UN CUENTO DE NAVIDAD (Por Eugenio Cascón)

CASI UN CUENTO DE NAVIDAD (Por Eugenio Cascón)

Delicioso "ROSCÓN" que en la mañana de Reyes nos ha dejado Eugenio Cascón.


 

 

Queridos compañeros y amigos. Permitidme, en primer lugar, que os desee todo lo mejor, para vosotros y los vuestros, en el nuevo tranco anual que ahora comienza, ya que, por circunstancias, no he tenido ocasión de felicitaros la Navidad a través de esta ventana. Mil gracias a los que sí lo habéis hecho, a todos, pero, sin hacer de menos a nadie, permitidme que elogie especialmente la vena artística y la perspicaz agudeza que Jesús Herrero derrama en sus viñetas, inagotable año tras año, capaz siempre de provocar nuestra sonrisa. Y, cómo no, a nuestro querido Alberto, que nos regaló esa preciosa carta en la que los buenos deseos destilan autenticidad y corazón.

     Y dicho esto, vuelvo a la carga con otro “relato de no ficción”, como acertadamente catalogó a los que lo precedieron Marcelino Iglesias, cuya pretensión es solo la de reflejar lo que eran aquellas Navidades que pasábamos “acuartelados” en el colegio. Echo mano de nuevo de ese personaje desdoblado en el tiempo, de esa voz del yo futuro que suena en el interior del pequeño apostólico protagonista, o más bien hilo conductor, porque es un personaje que encierra la colectividad de todos los que fuimos, aunque se nutra sobre todo _aunque no solo_ de los recuerdos de quien escribe.

     Espero no aburrir mucho a quienes se atrevan a leerlo. Un abrazo para todos. 

Eugenio Cascón

 

 


 

 

CASI UN CUENTO DE NAVIDAD

 

     En aquel colegio no había vacaciones de Navidad. Mejor dicho, sí las había, pero los colegiales las pasaban en el propio recinto, sin posibilidad de ir a casa. Lo mismo sucedía en Semana Santa, lo que suponía permanecer diez meses seguidos en el colegio, en muchos casos sin ver a la familia. Solo los que vivían cerca podían disfrutar ocasionalmente de ese privilegio.

     _¡Anda que si hubieran existido entonces las teorías pedagógicas actuales! _sonó en su oído más interno una voz ya conocida.

     _¡Hombre, hacía mucho tiempo que no venías a darme la lata! ¿Se puede saber qué es lo que dices? ¿Es que no ves que estoy estudiando? _exclamó, preguntó y refunfuñó a la vez el pequeño héroe del que ya tenemos noticia.

     _Nada, nada, cosas mías. Sigue a lo tuyo, que mañana tienes examen de Lengua y de Historia.

     _¿Y tú cómo lo sabes?

     _Porque lo sé todo de ti, ya te lo he dicho.

     El chico intentó centrarse en el libro que tenía delante, pero no le resultaba fácil. La imaginación se le iba constantemente hacia su casa, su familia y su pueblo, adonde sabía que no podría ir por el momento. La verdad es que había sido informado de ello antes de ingresar en el centro, pero, como en el verano aquellas fechas se veían aún muy lejanas, no se preocupó demasiado. 

     Sí recordaba que su madre, en el momento de rellenar la ficha, le sugirió al director la conveniencia de dejarlos ir a casa en Navidad. “Tiene sus ventajas”, se atrevió a decir la buena mujer. “Tiene sus ventajas… y sus inconvenientes”, apostrofó rotundo y sin dar opción a la réplica el contundente pastor de los apostólicos.

     Habían corrido rumores de que aquel año a lo mejor se abría la mano y se permitía la desbandada, pero se quedó solo en eso, en un rumor. No creo que por entonces existiera aún el famoso eslogan turronero, pero daba igual, porque lo de volver a casa por Navidad era para ellos un sueño irrealizable.

     Así que, como era su primer año en el colegio y las primeras Navidades que iba a pasar lejos de los suyos, se dispuso a hacer de tripas corazón, aunque alguna lágrima se le escapó a escondidas. La ansión era en ocasiones como esta ineludible, pero había que llorar a escondidas para que no se rieran los compañeros.

     _No te preocupes _trató de consolarlo su otro yo oculto_. Al final, aquí no se pasa tan mal.

     _¡Vete a la porra! _murmuró muy bajito, para que no lo oyeran, el pobre sufridor. No estaba en aquel momento para paños calientes.

 

     Pasaron algunos días, acabaron los exámenes y las fechas mágicas se echaron encima. Pero antes de que comenzaran los festejos, quedaba un último trámite por realizar: la lectura pública de las notas del trimestre que, antes de ser enviadas a casa, se proclamaban en voz alta y en presencia de todo el auditorio escolar, para júbilo de algunos y cruel escarnio de otros. Consecuencia indeseada era que unos cuantos sí irían a casa por Navidad, pero de manera forzada y para siempre.

     “Como ya les habíamos advertido…”, comenzaría seguramente la carta informativa dirigida a los padres. Se entendía en aquellos tiempos que estudiar era un privilegio y que era forzoso aprovecharlo.

 

     Como eran vacaciones, no había clases, pero sí deberes. Las largas series de problemas, los análisis sintácticos, las traducciones de latín… A él se le atragantaba especialmente los problemas, pues las matemáticas, aunque no se le daban mal del todo, no eran lo que más le gustaba.

     Largas horas en la sala de estudios llenaban, pues, parte del mucho tiempo libre que ahora había. Y nunca faltaba la oración inicial, debida a un santo de la orden que regentaba la casa, Tomás de Aquino, que servía para impetrar la ayuda divina en el estudio.

     _¿Ya te la sabes?

     _Sí, la aprendí enseguida por si me mandaban decirla a mí solo:

       “Creador inefable, que eres la verdadera fuente de sabiduría, dígnate infundir en las tinieblas de mi pensamiento un rayo de tu claridad. Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar y gracia copiosa para responder. Amén”.

     _Qué bien, te sale de un tirón.

     _Hay un compañero que dice siempre “gracia eterna” y, aunque lo han corregido muchas veces, no hay manera. Se ve que no se le queda lo de “copiosa”. Algún día le va a caer un sopapo.

 

Como no podía ser menos en un centro de aspirantes a frailes, el componente religioso de las fiestas era el elemento nuclear, todo giraba en torno al nacimiento de Cristo y demás misterios de la Navidad. La fe anidaba intacta e inmutable en aquellos corazones aún infantiles. En consonancia, los oficios religiosos se multiplicaban y se vivían con verdadero fervor, con el consiguiente aumento de las idas y venidas al Santuario a través del túnel que salvaba la carretera.

Había que manifestar alegría, mucha alegría, que por algo era Navidad. Los cantores  y rondallistas hacían horas extra, aumentando, de alguna manera, la frustración de los excluidos, de los que carecían de voz y de pericia para tañer algún instrumento musical, del que, por otra parte, carecían.

Pero todos seguían mostrándose orgullosos del buen hacer de sus compañeros, que, entre otros éxitos, solían resultar ganadores de los concursos de villancicos en los que participaban. ¡Qué bien sonaban aquellos cantos polifónicos cuando se interpretaban en la capilla o en el Santuario! ¡Qué bien siguen sonando ahora, al cabo de tantos años, cuando salen de su refugio de plástico!   

En aquello días sonaban por todas partes. El altavoz de los campos de deporte, que durante el año emitía casi siempre música clásica, echaba ahora al aire sin cesar villancico tras villancico, que para eso disponía el colegio de unos cuantos discos de vinilo repletos de ellos.

_¿Te gustan los villancicos? _se interesó el preguntón de siempre.

_Pues claro que me gustan, y además me sé muchos de memoria. Pero algunos no los entiendo, dicen cosas muy raras. No sé qué quiere decir eso de “Campana sobre campana y sobre campana una” ¿Por qué está una campana encima de la otra? Y además, ¿por qué primero es una y luego dos? Tampoco entiendo lo de “Pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver a Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber los peces en el río por ver a Dios nacer”. ¿Los peces tienen que beber para ver nacer al Niño Jesús? ¿Y qué es eso de “Yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité?”.

     _No sufras, que eso no lo entiendes ni tú ni nadie _trató de explicar la voz_. Los villancicos son canciones populares cuyo origen se desconoce a menudo y que, como se transmiten de manera oral, pueden haberse ido deformando con el tiempo hasta resultar casi incoherentes.

     _¿Y para decirme que no tienes ni idea me sueltas ese rollo?

     _¡Qué se le va a hacer! No se puede saber todo, y hay cosas que no se aprenden nunca. Pero te aseguro que a ti los villancicos te van a gustar siempre.

 

     Entre los diversos festejos, se organizaban cabalgatas, como la que recorría las camarillas de los dormitorios en la Nochebuena, anunciado la buena nueva a los apostólicos somnolientos o ya profundamente dormidos; o la de Reyes, que deambulaba, en la consabida noche, por las distintas dependencias del colegio, repartiendo paquetillos de dulces y otros pequeños obsequios.

     Pero de estos cortejos jaraneros solo formaban parte algunos elegidos. Alguien le comentó a nuestro protagonista que, para poder integrarse, había que disponer de algún instrumento que poder tocar. Y era el caso que, sin saber cómo, había llegado a sus manos una castañuela, una sola, pero no sabía si aquello sería suficiente para que le permitieran incorporarse a la charanga.

     _Oye, sabiondo _se dirigió al oculto_, ¿tú crees que me dejarán ir con una sola castañuela?

     _Tú no digas nada y métete, que no creo que nadie te vaya a echar.

     Y allá fue, con su instrumento desparejado, que hacía sonar al compás que saliera con su mano derecha, mientras que procuraba esconder la izquierda por si acaso.

 

     Las actividades lúdicas se multiplicaban durante aquellos días. Se organizaban, por ejemplo, concursos de belenes, en los que todos podían participar. Algunos de los que se presentaban resultaban verdaderamente artísticos. Claro que había quien actuaba con ventaja, como los tramoyistas, que disponían de medios vedados a los demás, por lo que  hasta les ponían luces. Y, naturalmente, solían ganar.

 

     Era también época de mucho teatro y mucho cine. En el primer caso, eran los propios alumnos quienes representaban las obras. No me refiero ahora a aquellos autos sacramentales de grandes tramoyas y un trabajo artístico tan excelente que parecían obra de profesionales. Se trataba de a enredos mucho más modestos, de cada uno de los cuales era responsable un fraile-profesor, el cual se encargaba de seleccionar a los actores, de repartir los personajes y de la dirección, en general.

     A nuestro héroe le cupo intervenir en una especie de sainete escolar, tan conocido que aún hoy se sigue representando, y que respondía al título de Seis retratos, tres pesetas. Le tocó hacer de soldado andaluz, y compartía cartel, entre otros, con Bañugues, que hacía de fotógrafo, y con Óscar, el más bueno del colegio. Se representó nada menos que en el escenario del teatro y resultó muy bien.

     _Estarás contento, ¿eh? Te has lucido como actor.

     _Sí, pero no sé por qué he tenido que hacer de soldado andaluz, si yo no soy andaluz.

     _Hombre, porque aquí, tan al norte, no hay muchos andaluces, y tu acento serrano, casi extremeño, ese que ya vas olvidando, es lo más parecido al de por allí abajo que han podido encontrar

 

     Las sesiones de cine, uno de los divertimentos más apreciados y esperados a lo largo del año, se multiplicaron y raro era el día en que no se proyectara alguna película o documental, que de todo traía el bueno de don Florentino Soria, padre de dos compañeros. Ello no obsta para que algunos se durmieran viendo, por ejemplo, “Cena de acusados”, la gran película de Julien Duvivier: todavía no estaban en edad de ver cosas tan serias, preferían la de aventuras.

      Y, lógicamente, quedaba tiempo para los deportes, y para los juegos en la recreación, espacio que, en aquellos días de invierno se convertía en una auténtica nevera, en la que el helador viento paramero se colaba por algún cristal roto, que siempre los había, de manera que, para entrar en calor, los saltos se multiplicaban en las partidas de ping-pong.

 

     Otra de las satisfacciones llegó con las comidas, que mejoraron sustancialmente, sobre todo en los días más señalados. Había hasta turrón, elaborado artesanalmente por las buenas monjas que se ocupaban de todo y de todo sabían hacer. Y hubo vino en algunas comidas, aunque aguado y azucarado hasta el punto de parecer un jarabe. 

     Él tuvo suerte a este respecto, porque le tocó ser servidor aquellos días de turrón y golosinas, y siempre sobraba algo que rascar con la benevolencia de las madres de hábito blanco.

     Le llegó, además, un paquete, de aquellos que le mandaba su madre con embutidos, botes de leche condensada y otras cosas ricas. Lo malo era que esos paquetes siempre los abrían y sustraían una parte de las viandas, cosa que le sentaba muy mal, a él y a todos los afectados. Pero tuvo su compensación. Es el caso que, con lo que se retenía, se preparaban unas bolsas de comestibles con las que se premiaba a los que, dentro de cada grupo, resultaban elegidos por votación secreta de sus compañeros. Mira, hasta había democracia. Y él fue uno de los agraciados.

     _¡Vaya suerte, eh! Para ser el primer año, no parece que les hayas caído mal a tus compañeros. ¡Cómo te vas a poner! _dijo con sorna la voz.

     _Pues a ti no te voy a dar nada, así que te fastidias. De todas maneras, es que todavía no me conocen mucho; si no, no me lo hubieran dado. Yo creo que cada vez me voy haciendo más malo.

     _Eso es que creces y empiezas a hacerte mayor.

 

     Los días fueron pasando y las vacaciones se acabaron. Había que prepararse mentalmente para volver a las clases y todo lo demás. Y, cómo no, la voz del futuro acudió, puntual e inoportuna una vez más, a dar la tabarra al pobre muchacho, por si no tenía bastante pesadumbre.

     _Bueno, pues ya se acabaron las Navidades. Al final no te lo has pasado tan mal, ¿no es así?

     _Sí, me lo he pasado bien, pero hubiera preferido estar en mi casa. Me he acordado muchas veces.

     _Allí no hubieras tenido tantas diversiones, y hubieras pasado más frío, sin calefacción, solo con el brasero o la lumbre de la cocina, junto al trashoguero.

     _Ya lo sé, pero quería estar con mis padres y con toda mi familia. Y jugar en la calle con mis amigos de siempre.

     _¿Les has escrito, contándole todo esto?

     _Sí, pero hay que tener cuidado con lo que se dice, porque nos leen las cartas antes de enviarlas.

     _Bueno, no te preocupes. Las cosas van a ir cambiando y algún año de los próximos os dejarán ir.

     _No estoy yo tan seguro. ¿Cuándo será eso, el año que viene?

     _No puedo decírtelo, pues si supiéramos exactamente lo que nos va a ocurrir en el futuro, la cosa no tendría gracia, la vida dejaría de tener interés hasta para nosotros mismos.

     _Jobar, al final nunca me dices nada. Pero dime por lo menos una cosa, sabelotodo. Dentro de muchos años, tantos como tú tienes, ¿seguirá habiendo Navidades?

     _Sí, claro, siempre habrá Navidad, porque la Navidad es ilusión, y sin ilusión la vida carece de sentido; se pierden, incluso, las ganas de vivir. Cambiarán muchas cosas, la vivirás de otra manera, a veces llegará a hastiarte, pero siempre, año tras año, esperarás su llegada.

_Bueno, algo es algo. Y, oye, ¿a ti los Reyes te traen regalos, ahora que eres viejo?

     _Claro, los Reyes siempre traen regalos si te portas bien. Además, últimamente les ha salido competencia con Papá Noel, que también anda por ahí con su saco el día de Navidad.

     _¿Ese gordo con gorro y barba, vestido de colorao? ¿Pero no es el de los americanos?

     _También nos lo han mandado para acá, como otras muchas cosas suyas. Y los niños están muy contentos porque tienen doble ración de regalos. Pero, anda, ponte a estudiar, que mañana vuelves a tener clase y tendrás que dar cuenta de los deberes y ejercicios que te mandaron. ¿Los has hecho todos?

     _Sí, aunque no sé si me habrán salido bien.

     Y todo volvió a la rutina de siempre. Mejor dicho, casi todo, porque algunos de los que se fueron de vacaciones forzosas y no volvieron eran amigos suyos. Aquellas malditas vacaciones obligadas e indefinidas que nadie quería y que incluso a su incipiente capacidad crítica le parecían injustas. Los echó mucho de menos.

Y ni siquiera había podido despedirse de ellos. 

 

                                                                                                                                                                                                                                                     Eugenio Cascón Martín

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (6)

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (6)

Los Reyes Magos, tres personajes importantes en Navidad que últimamente no viven sus mejores momentos mediáticos víctimas de la ignorancia y la manipulación política y demás tendencias.

Besos mil y que ellos os traigan todo lo que te merezcáis.

EL FILANDÓN (en La 2 de RTVE, 4 de enero, 22 horas)

EL FILANDÓN (en La 2 de RTVE, 4 de enero, 22 horas)

¡Menudo susto me habéis dado! Viendo la foto de Andrés, vestido de nuevo con sotana, me dije: "¿A ver si le ha quedado un trauma postfílmico y ahora se disfraza de cura párroco a la primera de cambio?"
Luego me fijé que era una foto del rodaje de "Viene una chica" y respiré tranquilo.

Aprovecho esta entrada para deciros que pasado mañana, jueves día 4 de Enero, à las 10 de la noche, el el espacio CICLO DE HISTORIA DE NUESTRO CINE, de La 2 de RTVE ponen "El Filandón" que realizó vuestro humilde servidor allá por los años 83/84.
Conoceréis a más de uno de los que en esa peli aparecen, y podréis admirar el auténtico número de actor que nuestro querido Felix Cañal hizo para encarnar el personaje de un sochantre que andaba a pájaros por las torres de la catedral de Leon.

Para los que no la hayan visto y los que deseen volverla a ver.

FELIZ 2018, compañeros!

Chema Sarmiento


FELIZ AÑO NUEVO

FELIZ AÑO  NUEVO

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (5)

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (5)

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (4)

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (4)

Para su mejor lectura, lo tenéis en el álbum LOS DIBUJANTES de Ver Fotos/Documentos.

UN NUEVO CAMINO

UN NUEVO CAMINO

Después de arduas discusiones familiares y profundas meditaciones, nuestro Andrés Trapi ha encontrado su camino definitivo.

 

 

 

LA NIEVE Y LOS BOCADILLOS DE SARDINAS

LA NIEVE Y LOS BOCADILLOS DE SARDINAS

Entrañable y cálida fotografía de una nevada en aquellas mañanitas floridas del frío invierno.

 

Recuerdo que en el edificio de la derecha había un bar al que nos llevaba mi padre a mi hermano Andrés y a mí, junto con un jovencillo de gafas que se llamaba Subirachs, eran los veranos del 59 y 60, a comer a media tarde un bocadillo de sardinas en un momento de descanso en sus trabajos, Subirachs con sus dibujos, barros y maquetas, y mi padre restaurando el trono de la Virgen del Camino.

 

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD

No encuentro mejor postal de NAVIDAD para enviaros desde  mi casa que la que os dedica mi hijo Alberto y que os trascribo tal y como la ha escrito.

 

Feliz navidad Ha todos los amigos de mi padre yo hos deseo mucha filidad sois mis amigo de siempre feliz navida ha todos y hos quiero mucho como es navidad hay que celebrarlo y pasarlo biencon toda la familia que hos traigan muchos regalos papa Noel y los reyes navidad es muy bonito Alberto hos desea mucho cariño vosotros me quereis mucho porque soy buena persona como estamos en navidad hay que cantar villancicos porque navidad nos da alegría hos deseo feliz navidad has todos Feliz navidad


 

Entre sus faltas y sus haches os enviamos nuestros mejores y sinceros deseos de paz y salud para vosotros y vuestras familias. Por todo eso brindamos.

Isabel – Alberto – josemari.

NOCHEBUENA

NOCHEBUENA

(Texto extraído del libro VIRGEN DEL CAMINO enCLAVE DE MISTERIOS, páginas 82 y 83, de Isidro Cicero)

NOCHEBUENA 

En la mitad derecha de la puerta, Subirachs ubicó los otros tres misterios gozosos: el Nacimiento en la parte central y los otros dos los ocurridos en el templo de Jerusalén. El templo de Jerusalén aparece indicado por la enorme T inicial de la palabra templo, y el nombre Jerusalén.

El nacimiento de Jesús está enmarcado en los acontecimientos divinos, lo que aquí ocurre es por obra del Espíritu Santo. Lo indica la luz roja que viene de lo alto. El Espíritu Santo en este templo del Camino es omnipresente y no deja nada de mano. La madre recién parida aparece doblada sobre sí misma, formando una especie de luna creciente. En torno al protagonismo de María hay una estrella, está José, los dos animales del establo, el niño en sus brazos y el canto de los ángeles «Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad». Están todos los elementos de la Nochebuena.

Los que no están son los ángeles. Sí las palabras bíblicas que bajaron a decir. Como en el caso de la Anunciación, las palabras aparecen como palabras y están escritas a lo largo de una lámina vertical de bronce. De nuevo el arte de Subirachs opta por la palabra pura y dura frente a la imagen. Los artistas de La Virgen del Camino huían de la redundancia, mucho más de la reduplicación. No estaban contra los ángeles, pero entendieron quizá que las figuras de estos seres invisibles sobreabundan en el retablo barroco que había que incorporar al santuario en torno a la imagen de la Dolorosa. Allí los ángeles son una multitud. 

Este Nacimiento de Jesús es un cuadrado perfecto. Y un cuadrado perfecto simboliza la tierra, el orden universal, la proporcionalidad, el santuario sagrado. El nombre divino que no se puede represen- tar en imagen y se escribe con cuatro letras que son allh y alude a lo más profundo de un corazón capaz de abrirse a la influencia divina, a la de los ángeles, a la de los seres humanos y a la de las fuerzas del mal. Así enseñan el significado del cuadrado los grandes maestros del Islam.

A la derecha del cuadradito del nacimiento aparece en griego el nombre de Jesús, Ιησούς. Y muy cerca de él, las dos letras griegas del anagrama Ἀᾩ, una en bajorrelieve y la otra en relieve. Aparte de ser una pequeña maqueta del sagrario que Subirachs hizo para el santuario, es también una referencia a Dios, alpha y omega, principio y fin. La proximidad de las dos expresiones griegas, Ιησούς y Ἀᾩ puede querer decir que Jesús es Dios. 

LALO NOS FELICITA

LALO NOS FELICITA

Nuestro muy querido y grande Lalo F. Mayo (merecería ser del 61) nos envía su felicitación de Navidad.

Me dice que es "una salutación y dedicatoria especial para cada uno de vosotros, como sin duda os merecéis".

Para apreciar con más nitidez su postal, prueba de su impagable labor de excelente editor, pinchad en el siguienbe enlace.

https://photos.google.com/album/AF1QipOoe0Y9dtEOzWUYFIOhv3VBtXtucZWBPQ7Z_hBN/photo/AF1QipOF8X4z-zmZK5YpJO0YMig4-rIp7LKVPKKYor0r

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (3)

LA ESTRELLA COLORÁ DE LA NAVIDAD 2017 by Jesusito el Herrero (3)

ÚLTIMOS TRABAJOS

ÚLTIMOS TRABAJOS

Curiosa fotografía que me he encontrado en mis andanzas por Internet.

Son los últimos trabajos de colocación de las figuras de Subirachs en la portada del Santuario.

Observad que aún no aparecen en la fotografíia las lenguas de fuego sobre los apóstoles ni colocadas las puertas de entrada.

Oasis vanguardista en el Camino

Oasis vanguardista en el Camino

 

Ahí tenéis el artículo publicado el domingo en La Opinión de La Coruña (S.Romero).
Gráficamente es muy bueno (en la línea del de Diario de León).
Oasis vanguardista en el Camino 
Un libro redescubre el santuario de la Virgen del Camino, construido en 1961, un hito artístico aún incomprendido en la ruta jacobea que gana en prestigio.  
Casi 60 años después de su construcción, el santuario de la Virgen del Camino en León, un atípico monumento vanguardista en la ruta jacobea, sigue siendo una obra incomprendida para muchos. Es una asombrosa obra pionera y de planteamientos inéditos.
 El arquitecto Francisco Coello, el escultor Josep Maria Subirachs y los pintores Albert Rèfols Casamada y Domingo Iturgáiz aportaron al Camino de Santiago la única contribución de las vanguardias artísticas españolas de mediados del siglo XX. Una obra, inaugurada en 1961, que se ha transformado en un hito artístico.
 El libro Virgen del camino, en clave de misterios de Isidro Cicero, recientemente publicado, ayuda a comprender esta obra maestra del Camino de Santiago que empezó desconcertando a la opinión pública pero gana cada vez más prestigio con el tiempo.
 “Al principio a la gente les parecía demasiado extraño. A muchos, los apóstoles les semejaban la visión de unos fantasmas; otros decían que eran tiburones falangistas y que el Cristo de Subirachs les quitaba la devoción. Lo cierto es que inaugura una nueva era en el arte del Camino. Coello hizo más iglesias, pero siempre repitió este esquema y muchos pensamos que Subirachs llegó a su cumbre aquí, no en la Sagrada Familia”, apunta Cicero.
 El santuario no solo es pionero desde el punto de vista artístico. Desde el religioso evidencia también postulados reformistas y rupturista con la época, como los de la nouvelle teologie que desembocó en el Concilio Vaticano II.
 Este maridaje de arte innovador y espiritualidad comprometida lo conforman como uno de los primeros exponentes de las nuevas aspiraciones ecuménicas y de los movimientos intelectuales “de encuentro, diálogo y reconciliación” del siglo XX en España. El libro descubre las profundas reflexiones sobre la vida y la muerte que hay en el santuario. Globalmente fue concebido por el arquitecto como una gran Sepultura a la orilla de la carretera.
 Isidro Cicero lo describe como “un tetrabrik teológico” lleno de simbolismos y enigmas. “El Cristo representa el sufrimiento del siglos XX, la guerra, los campos de concentración nazis... Santiago el Mayor está construido con conchas.
 Eso lo habíamos visto siem pre. Lo que no había visto es que lleva en el pecho la cruz de Santiago en el pecho la misma que lleva Velázquez en Las Meninas ”, señala el autor. El texto del libro está protagonizado por seis peregrinos, de distintas edades, y procedencias, que coinciden un día en el Santuario.
 Fascinados, exploran los enigmas con los que se expresaron los artistas vanguardistas.
 Cicero rememora también la iniciativa del mecenas leonés Pablo Díez, un ‘indiano’ que se convirtió en uno de los mayores magnates de México, con la fabricación de la celebérrima cerveza Coronitas, quien dio a los dominicos la oportunidad de plasmar en la obra su propia concepción de la religiosidad. La orden respondió a esa confianza aportando lo mejor de su creatividad, que en aquellos momentos se estaba elaborando en los modernos institutos de filosofía, teología y teoría del arte europeos, particularmente Le Saulchoir y la revista L’Art Sacré  en Francia.
 “Los dominicos tuvieron entonces muchos conflictos con el Vaticano porque sus ideas eran inadmisibles para la jerarquía. De ahí salió la revolución que cuajaría más tarde en el Concilio Vaticano II”, afirma Isidro Cicero.