PaPEDRO, BONDAD DE SABIO
Con gozo y sano orgullo os reproduzco el artículo que publica hoy nuestro compañero periodista PEDRO TRAPIELLO en su columna diaria "Cornada de Lobo" del Diario de León. (Os recomiendo no dejéis de leerla a diario en la contraportada)
PaPedro, doy gracias Dios por haberte conocido, aunque me echases del Noviciado.
Os de jo el enlace:
http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=520375
Permitidme, no obstante, que os reproduzca el artículo.
BONDAD DE SABIO - pedro trapiello
Se pone uno a recontar la gente buenísima o sabia que ha tratado a lo largo de la vida y entre los dedos de la mano alguno se queda viudo. No abundan los casos admirables o ejemplares donde se junten el saber y la bondad. Pero poniendo nombre a los cinco dedos para poder sacar la mano a saludar, no tendría dudas: Pedro Sánchez, dominico, maestro íntegro y en el lado de los pobres; Julio Caro Baroja, etnógrafo gigante en la orilla antropológica del mundo donde importa el hombre y casi nada la nación; Antonio Pereira, maestre de mestres, de sonrisas de elegantísima picardía y de charlas con provecho; Grande Covián, científico feliz, orondo de optimismo y rotundo de voluntad; y Ramón Carnicer, la serena escritura grande, la palabra mejor dicha y el afecto de ley mantenido en la distancia. Cada cual en lo suyo fue sabio; cada cual en su fuero fue íntegro. Podrían, más que nadie, haber alardeado de talla o magisterio y jamás lo hicieron siendo, como eran, la boca de quinientos libros clave y mil averiguaciones propias; por eso supe que eran sabios de verdad y no solo eruditos incontinentes, profesores pedantes o doctores en sentencias con orla. Gente buena. El buen saber conduce a la modestia. Y de la modestia, a la bondad. Su cara decía lo que certifica el dicho: a partir de los cuarenta años, cada persona es responsable de su cara .
Recuerdo mucha otra gente sabia, pero no pocos perdieron consideración o admiración conforme les fue creciendo el ego. Hubo y hay gente en nuestra universidad de talento prodigioso para las materias que les son propias, incluso algunos se adornan con luces y brillos en otros campos o aficiones, pero quizá la vida o su carácter no les permitió escapar de la pelea sucia de los días, de las trincheras académicas y dejaron de gastar su bondad por ser batalla perdida. Lástima. Toda la energía que gastan en sus guerras cotidianas restan fuerza y luz para mejorar trabajos y objetivos. Así les luce. Incluso en las universidades vale más una buena relación (onza de trato) que un buen expediente (arroba de trabajo). A los alemanes, por ejemplo, les prohiben ser profesores en la universidad donde se licenciaron y les brilla otro pelo y otro clima en el claustro.