Nuestro muy querido compañero Javier Cirauqui me envía esta crónica de unas vacaciones de verano. No vendrá mal su lectura metidos como estamos ya en este triste, oscuro, otoñal y lluvioso mes de Noviembre. Memoria fresca a granel, amigo Javier.
(La fotografía es del Colegio en el año 59)
Querido Josemari:
Hace tiempo que quería haber escrito estos recuerdos de mis vacaciones de verano, durante los años que estuve estudiando en los dominicos de Villava y de la Virgen del Camino. El tiempo se me ha ido pasando y ahora que el verano se está acabando, voy a contaros mis impresiones, como las recuerdo en estos momentos, impresiones de mi infancia, y adolescencia y mi inciada juventud. He dejado lo del billete de 2.000 pesetas, con mi rostro, porque entonces me decidí a comenzarlas, aunque luego no las continué. Posiblemente sean una soberana tonteria publicarlas ahora que se habla del 50 Aniversario de la Inauguración del Santuario y otras cosas de mayor importancia.
Ahí van mis recuerdos e impresiones con el mayor cariño y amor, tomadlas como lo que son, unas pequeñas tonterías, que espero os gusten y os ayuden a recordar las vacaciones de verano que todos vivimos en aquella época.
Un saludo cordial y cariñoso para toda tu familia y en especial, como siempre, para Alberto, al que seguro ya se le habrán olvidado las pasadas vacaciones.
Un abrazo: Javier.
Aprovechando mi rostro impreso en un billete de 2000 pesetas, escribo algo sobre mis recuerdos de vacaciones, tanto, cuando estuve en Villava como, cuando estuve en León.
En mis años de Villava, siempre coincidían las vacaciones con el día en que volvíamos, 20 Kilómetros andando desde el Campamento de Montejurra, en la Ulzama, donde pasábamos unos cuantos días entre aquellos bosques y prados de aquel hermoso valle, entre fuegos de campamento, himnos patrióticos, consignas, marchas, letrinas, ofrendas florales,...mañana en un fragil barco me he de englofar en la mar..., cantado, a la noche, entre los robles, cuando nos retirábamos a dormir a las tiendas de campaña, (se me ponían los pelos tiesos -aún tenía pelos- y la carne de gallina), helechos, escarcha, rocío mañanero y sobre todo mucha, mucha naturaleza.
De vuelta, andando a Villava, junto al campamento, tanto a la ida como a la vuelta, muy pronto descubríamos los prados alambrados, donde pastaban los toros bravos de la Ganadería de Cesar Moreno, con su plaza de madera, más tarde fue Ganadería de Martínez Elizondo (Chopera). Estos toros, nos visitaban, a la noche, a las tiendas de campaña y se comían los alimentos, que teníamos en las fresqueras, detrás de ellas. En la noche oscura y caliginosa, sonaban los cencerros con suma claridad. ¡Qué respeto y qué silencio asustado en nuestras mentes y en nuestras tiendas.
Luego pasábamos por Ripa, Latasa, Ciaurriz, Ostiz, Endériz, Olagüe, Sorauren, Oricain, Arre, La Trinidad y Villava.
Allí me esperaban mi padre y mi madre, Recogía mis cosas e iba a mi casa andando o en Villavesa. Los que no eran de cerca, salían al día siguiente hacia sus pueblos y ciudades. Así como íbamos andando al Campamento volvíamos de él de la misma manera, unas veces por Ostiz y otras por Gascue, (Ermita de San Urbano), a salir a Ezcaba y de allí a Villava.
Recuerdo, no sé si era la primera, segunda o tercera vez, hacia una tarde muy fría, una tarde de perros, y aunque era verano, el tiempo era helador y además íbamos con manga corta y pantalones cortos. Entre otros, marchábamos juntos: Joaquín López Ros, (hoy Ximo), Medarde, Ibarrola y yo. A alguno de nosotros, se le ocurrió la feliz idea de que, para matar el frío no había mejor remedio que comer dientes de ajo y el que lo dijo llevaba en su bolsillo una cabeza de ajos, sustraidos en la cocina del campamento.
Devoramos los ajos, no sé si para calmar el frío o para expulsar, al conjuro, al diablo, las brujas, sorgiñas, meigas, aquerras, demonios, males de ojo y malos espíritus que, vagaban por aquellos bosques y valles de la Ulzama.
Al llegar a Villava, mi madre me besó y me dijó: ¡Qué mal hueles, hueles a ajo y a humo !. Le conté nuestra aventura y nos fuimos riendo, sin parar, desde Villava hasta Burlada.
Las vacaciones, tanto de Villava, como de León, casi siempre me coincidían con los Sanfermines. Por estas fechas, Jesús Herrero nos mandó varias viñetas alusivas a nuestras fiestas , que me hicieron mucha ilusión y no pude contestarle, puesto que estaba fuera, así que aprovecho para recordarle estas canciones escatológicas o lujuriosas,, que oía en San Fermín, por aquello del Románico y la Lujuria (osease por aquello de que el rábano se coge por las hojas).
En mi casa vivíamos los Sanfermines con mucha intesidad e ilusión, (por eso mis padres se casaron un 6 de Julio en la Parroquia de Burlada). ïbamos todos los días a Pamplona, algunas veces veíamos los fuegos desde la ventana de la cocina de casa, o a la fresca, con los vecinos, cenando y con el "rayo" al lado (botijo en la Cuenca de Pamplona) o jugando al "marro" o al "tres navíos en la mar...". La mayoría de los días subíamos, con mi madre, al encierro, que entonces era a las 6 de la mañana, por lo que antes de las 5 había que estar en la Plaza de Toros, luego a los kilikis y gigantes y a comer a casa de mis tios de Pamplona, a las barracas y a veces a los toros.
Por estas fechas de las vacaciones del Colegio, ya íbamos a Pamplona sólos o con los amigos del pueblo (los de siempre) o con mis dos hermanos mayores o yo sólo. En principio, te chocaba la juerga y el "desénfreno" y lo vivías como que un estudiante de fraile tenía que ser diferente, pero a mí me gustaba un montón y disfrutaba a rienda suelta como mis amigos y.toda mi familia.
Recuerdo que oía cantar todas aquellas canciones, que por supuesto, no osaba cantar a ningún fraile del Colegio, ni en casa de mi tío el cura, párroco de Burlada. Las cantaba en silencio y con una sonrisa socarrona en los labios, algunas decían así:
"Todos los curas suelen venir
a echar un polvo por San Fermín,
y el de mi pueblo que es un "c....n" (lease que es un guasón),
en vez de uno, en vez de uno
se echa dos. (Estribillo)"
"Al curica de Lerin, de Lerín,
se le ha roto el pantalón, pantalón
y por el butrejo, y por el butrejo,
se le asoma el mango el ajadón."
"Todos los curas suelen venir...(estribillo)
"Tiene el candilín, tiene el candilín,
por debajo la camisa,
dos "malacatones", "dos malacatones "
y una longaniza".
"Todos los curas suelen venir...(Estribillo)
En los toros y a raiz de una fuerte pedregada, que asoló numerosos campos de Navarra, se cantaba al son de la música de "La tierra, la tierra, no tiene ya fronteras..." la siguiente tonadilla:
"La piedra, la piedra, nos ha jodido todo,
sandías melones y los melocotones..."
Y con aire enfervorecido bramaban, al unísono, los tendidos de sol:
"Queremos una francesa, queremos una francesa,
queremos una francesa con un biquini azul..."
Al rato sacaban a pasear a la cabra:
"La cabra, la cabra, la p--a de la cabra
la madre que la parió..."
No sé si era , por aquello de que la cabra tira al monte, o porque los toros se comportaban como auténticas cabras. De todas formas era una aleccionadora canción.
Al Cordobés, en una solemne bronca, amenizada con saltos de la rana le cantaban aquello de:
"Córtate el pelo, córtate el pelo, córtate el pelo, El Cordobés."
Aquella misma tarde le ví pasar por Burlada, en coche cerrado y huyendo de la quema.
Algunos madrugadores o trasnochadores, nunca lo supe, suspiraban antes del encierro:
"Al que se le levante para las seis
es señal que no ha "madrugau",
San Fermín que todo lo ve,
le bendecirá, le bendecirá .
Riau, riau." ,
En los Sanfermines del 1965, yo ya me había venido a casa, pues me había salido del Colegio y fui a recibir a Villava a todos mis compañeros, que llegaban de vacaciones. Fue un día triste, pues era muy reciente mi salida y al fin y al cabo había estado muchos años junto a ellos y yo aún no estaba muy centrado, pues andaba pensando en acabar mis estudios y la manera en que me iba a ganar la vida.
Allí quedamos para ir a la corrida de toros, en la que un dia de aquellos toreaba Mondeño, que se habá salido de la Orden y había vuelto a los ruedos y según decían les iban a dar unos pases para entrar a la plaza. Nos encontramos en una de las puertas laterales, Egea , Mendivil, Ibarrola, Elustondo y alguno más, creo. No sé si entraron o no entraron, pues mi padre, por si acaso, ese día, me dió un pase para acceder por el patio de caballos y vi el retorno de Mondeño a la plaza de toros de Pamplona. Lo que no recuerdo es si estuvo bien o mal, pero si el deslumbramiento que me produjo los preparativos en el patio de caballos, picadores, cuadrillas, toreros, etc.
Mis vacaciones coincidian , también, con las Fiestas de Burlada. Las Fiestas de Burlada son el día 15 de Agosto día de Nuestra Señora de la Asunción, que es nuestra patrona.
En esas fechas nos pasábamos casi todo el tiempo en casa del tío cura, en la parroquia, limpieza de la Iglesia, preparación de la Virgen (os confieso que era un trozo de madera y sólo tenía manos y cara policromados y un manto muy bien bordado. Según decían en mi casa era la antigua Virgen del Rosario), lunch para las autoridades y comidas para los parientes.
Mi padre era concejal ( concejante) de Festejos (primero) y de Cultura ( después) del Ayuntamiento de Burlada (Concejo) y junto al secretario (Evaristo) y Ceferino y Bonifacio, (alguaciles de Burlada), preparada la mecha por Francisco el de Sholdau y prendida por el puro de mi padre, al atardecer del día 14 se iniciaban las Fiestas de Burlada, antes de las vísperas y canto de la Salve en la Parroquia, donde se interpretaba la Salve de Don Hilarión Eslava, puesto que este gran músico era de Burlada, nuestra gloria local y nacido en la Casa de Benitorena.
En Burlada, había un coro, en la que cantábamos bastante gente del pueblo. Todos los años, aún se sigue haciendo,se celebra la tradicional subida a la Salve, en corporación y acompañada por la banda de música, desde el Ayuntamiento a la Parroquía de San Juan, donde se celebran las vísperas y se entona la Salve de Eslava, ante la presencia de la mayoría del pueblo de Burlada..
Uno de los años, creo que era el primer año de estancia en Villava, vino a predicar, el día de Nuestra Sra de la Asunción, el Padre Hipólito Criado, Prior de Villava, aún recuerdo su figura sobre el púlpito, y yo sentado debajo, en una silla, vestido de "pirulo" con sotana blanca y esclavina roja, playeras de Calzados Eya de Tafalla y pieles de conejo, no de armiño, rodeando la esclavina. Mi cometido era acompañar al predicador hasta el púlpito y al término del sermón conducirlo hasta el altar.
A mi hermano Augusto se le daba muy bien eso de organizar celebraciones y para ese día llamó a todos los de su curso y cursos menores, que vivían por lo alrededores: los Elustondos, Unzué,Verdes, Aldea ,Sarasa, Ezquieta, Zubillaga, Gainza, Ibarrola, Mendivil, Egea, etc.( podían ser éstos o algunos otros para tocar junto a los Amigos del Arte, la Aurora de la Asunción. A parte de la aurora pertinente, que aún se sigue cantando hoy en día, también recorríamos el pueblo, cantando las mañanitas que cantaba el Rey David y otras canciones.
Yo, por aquel entonces, tocaba la mandolina en la rondalla del Colegio de Villava. Muy temprano salimos por las calles de Burlada, desde las Ventas al Pueblo viejo, recorriendo todas sus calles, donde nos recibían en las puertas de sus casas con pastas y moscatel. Una vez recorrido todo el pueblo, con nuestros cantos y oraciones, campanilla y farol, fuimos invitados a desayunar,no sé si en la Casa Parroquial, o en las nuevas escuelas de Burlada.
Yo tocaba con la mandoliuna, las mañanitas, auroras y otros cantos, siempre el acompañamiento, nunca la melodía, y me limitaba a trinar, eso sí con gran pericia, dos notas, creo que eran "mi"y "fa", que al cabo del tiempo, las dos notas se mezclaban y no se sabía si el trino comenzaba por "mi" o por "fa". De vez en cuando se cambiaba a una tercera nota. Alguno de mis tíos me hizo tocar en solitario y triné como nunca he trinado. Por el gesto me pareció, que mi tío decía en su interior:" !Qué mañanitas tan raras toca, Javier¡". A pesar de todo seguí en la rondalla, el coro y tocando el piano, hasta que ya en León decidí que, muy a mi pesar y con harto sentimiento, abandonaba estas facetas y me dedicaba a otras cosas. Nunca deje de amar la música con todas mis fuerzas.
En fiestas de Burlada nos reuníamos en casa del cura unos días, y en casa de la tía Evarista otros días, es decir con la familia de mi padre y la familia de mi madre. Desde el desayuno hasta la recena, era todo una pura fiesta, la misa, las barracas, las bombas japonesas, la tómbola, el baile del vermouth, el baile de la tarde y de la noche, en la plaza de Las Eras con una nube de polvo y paja sobrevolando las cabezas de los dantzaris y no era niebla o smog londinense sino burladense.
Un año y debido a que se habían retrasado las labores de la siega, la trilla y la parva, al Ayuntamiento y a mi padre se les ocurrió poner el baile debajo de mi casa y colocar dos altavoces en las ventanas de mi habitación, que eran dos. Vibraba toda la casa al compás de: "Qué felices seremos los dos...cantando en mi casita de papel...., o Allá en el rancho grande, allá donde vivía, había una rancherita.... te voy a hacer unos calzones..., Me voy pa la pachanga, mamita que pachanga....Mirando al mar soñé, que estabas junto a mí,... Cheri te quiero, Cheri te adoro...o Esperanza por Dios, sólo sabes bailar cha, cha, cha". Así que mi madre decidió ante tan sonoras razones que no entráramos en casa hasta que terminará el baile, de cuatro a cinco de la mañana.
Esta era la época de los chistes y cuentos famililiares, tanto en una casa como en otra.
Mi padre nos cantaba un himno, que según él se cantaba en Funes, a San Roque, patrón del pueblo. Decía así:
So-so-soberano San Roque,
So-so-soberano patrón,
Hasnos, hasnos partécipes
de lanca-de lanca, de lancarnación.
Tú que fuiste Virgen y Martir
y también, Madre de Dios.
Hasnos, hasnos partécipes
de lanca-de lanca, de lancarnación...
Y todos los comensales cantábamos este himno al unísono, tanto, niños, jóvenes como mayores.
A mi tía Evarista, le gustaba contar, cómo, cuando murieron los padres de mi padre, tendría él unos 6 años, le llevó a conocer a una tía suya, cuñada de ella, que era abadesa de las Clarisas de Lencumberri. Estaban en el locutorio, las monjas tras la celosía y comenzaron a decir a coro: "que cante el sobrino de la abadesa, que cante Pablito". Por lo que se ve, mi padre estaba hasta los pelotones de tanta monja y puesto en jarras les lanzó la siguiente jota ( supongo que influencia funesta, o sea de Funes):
Allá va la despedida, allá va la despedida,
con un pimiento picante,
que se lo metan por culo,
a la que ha dicho que cante.
Según la tía Evarista, nunca había pasado tanta vergüenza, como en aquel día, aunque, en aquellos momentos lo contaba con una abierta sonrisa.
En casa del cura, los chistes y chascarrillos eran sobre curas o humor valdorbense (o sea de la Valdorba) Una de mis parientes, cansada de tanta modernidad de su hijo le increpaba de esta manera:
"Desde que usas gorbata (corbata),
bebes vermetemú (vermuth),
usas sorgulleta (servilleta)
y utilizas el vicilindario (diccionario).
No hay quien te tuesa".
Según ella y con gran orgullo contaba que su hija era "abispa" en algún cenobio de Burgos
O aquello de:
"desde que vivo del redito, me voy a veranear a Mótrico." Mi padre aseveraba con mucha seriedad: "eso, eso, con acento en los cojones".
O aquel chascarrilllo, en que dos vecinos de Olleta, están en la tasca y llueve, relampaguea y truena, y así llevan un montón de días y entonces dice unos de ellos: "Joder como relampucia" y contesta el otro: "Veinte días lloviendo, tronando y relampagueando y no saber decir ni un jodido relampijo".
Y como final ,aquel que contaba con mucha gracia el tío Braulio: "Está el cura de Mutilva Alta y Mutilva Baja, predicando y refiriéndose al amor que sentía, por igual,, por los dos pueblos, decía: "queridos feligreses, quiero tanto a los dos pueblos, que para que veais que no os engaño, tengo un pie puesto en Mutilva Alta y el otro en Mutilva Baja. De entre los bancos de la iglesia se oye una voz que dice: Pues anda Señor Cura, los cojones los tiene justo, encima de mi viña, que esta en medio de los dos pueblos".
En fiestas de Burlada la Parroquia ponía una Tómbola de Caridad, en la Plazuela de Unzu, Casa de la tía Evarista, en una bajera de Torres, limitrófe con la pocilga y el pajar, se habilitaba el almacén de los regalos, los boletos y una especie de oficina. Los seminaristas del pueblo ayudábamos en estas labores, rellenábamos los boletos marrones en los sobres azules y hacíamos turnos , durante el día. Las mozas del pueblo vendían los boletos y en días de fiestas las manolas de las corridas de toros, eran la atracción de la Tómbola de Caridad. Yo casi siempre hacía el turno, de dos a cuatro, cuando casi nadie iba a comprar, ya que siempre hacía el turno que le correspondía al tío cura. Él se dormía apoyado sobre la mesa, bien sea cubierto por la teja o por el bonete y yo atendía a los posibles clientes de la tómbola y sacaba la cesta de mimbre, que se abría por los dos lados , a un lado,los boletos, al otro los dineros. Los premios especiales eran las bicicletas, que se colocaban por encima del tejado que cubría las estanterías, donde se colocaban los premios no generales y y sobre ellas unas filas de chorizos, de cartón de las fábricas de embutidos de Burlada, todas tipo del pamplonica. Posteriormente los premios mayores fueron una Vespa o un Seiscientos.
Una de las atracciones de la tómbola era la música que se expandia por los altavoces,colgados en los olmos enormes de la plazuela. Estas música provenía de la gramola , de excelente mueble, que prestaba mi tía Evarista. En aquellos días calurosos y cansinos, sonaban entre las hojas del olmo, canciones como: "La flor de la canela...., La bella Mónica, así que bajo del vagón de la estación...las mujeres al pasar, los maridos vigilar... Esperanza por Dios, sólo sabes bailar cha, cha, cha...., Tintare Lady Luna...., Quince años tiene mi amor,etc..." Los discos eran aquellos enormes, tipo pizarra de la Voz de Su Amo. Todos los años mi tía se arrepentía de dejar la gramola a la Tómbola, pero al año siguiernte caía en el mismo error. En aquellos tiempos, los pijos y pijas de la época tenían un dicho que se oía de esta manera: "Como mola la gramola". En esta plazuela habia un kiosco policromado, el kiosko de "El Chorreras", más tarde de Evaristo. Vendía de todo, caramelos, tebeos, pastelas, aceitunas, fascículos y demás género. Era un supermercado en "txiki". Terminaba en punta y era como una pagoda china de forma pentagonal. !Qué lujo de kiosko para mi retina!
No puedo hablar de las fiestas de Burlada, sin recordar la plaza de toros (mecano de madera de chopo ensamblada) y de las corridas, que desde antiguo en ella se celebraban. Era una plaza desmontable y fabricada con los chopos cortados hace años en el Soto de la ribera del río Arga. Recuerdo sus montajes y desmontajes. Cuando yo era muy crío, se montaba detrás de la iglesia vieja y solía torear mi padre y otros mozos del pueblo, junto a otras figuras del toreo, para sacar fondos para la construcción de la nueva iglesia. Luego pasó a la Plaza de las Eras y en la la época de mis vacaciones, que cito, se montaba en el Soto detrás del Palacete de Uranga. Me imagino que las corridas se celebraban a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde. No sé por qué razón, los curas no podían ir a las corridas de toros y por contagio tampoco los sobrinos seminaristas del cura. Unos minutos antes de las corridas, el cura y sus sobrinos, atravesando la iglesia, subiamos a la torre y desde allí veíamos, junto a las campanas las corridas de toros. Recuerdo a mi tío con sotana de larga botonadura, breviario en mano y seguramente calado con la teja, puesto que eran días de fiesta , contemplando desde lo alto las faenas de los espadas que lidiaban en la tarde.
No puedo olvidarme de las misas a las que asistíamos todos los seminaristas de Burlada, no se si eran a las 7 o a las ocho de la mañana, de todas las maneras eran muy temprano. Después de misa nos quedábamos meditando y yo que era el sobrino del cura, no podía salir esperaba a que saliera antes el hijo de uno de los tgerratenientes de Burlada. Yo para mis adentros decía: A ver cuando te levantas, Luisito, que ya me tienes hasta los "cojones" y quiero desayunar. Además recuerdo que no soportaba nunca, aquellas meditaciones, por detrás y en voz alta, a las mañanas en la capilla de la Virgen, me molestaban y me agredían. Prefería dejar libres mis pensamientos y mi imaginación.
Así era mi familia y mi pueblo en aquellas épocas vacacionales, en los años que estudié en Villava y León.
Cuando recuerdo mis vacaciones de Villava, no puedo olvidarme de una acampada, que realizamos en la Sierra de Urbasa, en tiendas de Campaña. No sé si como preparación para ingresar en el Colegio, o era el paso de primer curso al segundo. Lo que sí recuerdo es que casi todos los acampados éramos de Navarra y Guipuzcoa., quizás fuera a principios de Septiembre o a finales de Agosto y seguro que estabamos gente de dos cursos, el anterior al nuestro y nosotros. Pudieran ser Iturgaiz (Patxi), Suescun, Tabuenca, los hermanos Preciado, los Hermanos Díez de Ulzurrum Biurrum, Ibarrola, Mendivil, Sarasa, Egea, Elustondo, Biurrun, Zugasti, Iraizoz, Biurrum, Ariztimuño, Arrúe, Pejenaute, etc.etc. Como Padres acompañantes, Huarte, Torrellas, Iturbe, Noceda, etc.
Acampamos, con unas tiendas parecidas a las de la falange o el ejército, junto a la fuente de Los Mosquitos, entre hayas gigantescas y robles centenarios. En uno de aquellos, y tallada en su tronco había una pequeña capilla, con una Virgen, llamada de los pastores. No estoy seguro si comíamos, desayunábamos y cenábamos en las tiendas, o en algún recinto del palacio, que entonces pertenecía a la diputación. lo que si estoy seguro es que al punto de la mañana íbamos al Palacio de Urbasa y en su capilla de historiados retablos barrocos, columnas salomónicas, pámpanos y racimos y angelotes, labrados en madera de haya o roble u otros materiales, pero lo curioso del caso es que no estaban policromados, eran una descarnada apoteosis de madera, presidida por San Francisco Javier, allí celebraban misa los padres que nos acompañaban. Después de desayunar íbamos a jugar al frontón que había al lado y algunas veces a bañarnos a la piscina de una colonia, que los P.P.Capuchinos, tenían para sus alumnos de Alsasua.
Fueron unos días de total contacto con la naturaleza, la fauna y la flora, retozando por la hierba y saltando por los portillos, que separaban los prados de los valles y pueblos limítrofes, donde llevaban a pastar su ganado, de forma libre, no estabulada hasta la llegada del frío invierno, que retornaban a los establos de los pueblos. Perseguíamos a la ovejas para ordeñarlas. Allí por primera vez intente hacerlo. Algunos de mis compañeros tenían ya una gran experiencia.
Casi todo el día, andábamos corriendo por la sierra, nos acercábamos y nos tumbábamos junto al enorme precipicio, llamado el Balcón de Pilatos, abajo nace el Urederra formando una cascada y un pequeño lago, rió que atraviesa Estella. Monte de la Verruga, Abíndano, Baríndano, Zudaire, Baquedano, Eulate, Larraona, Las Améscoas, Sierra de Loquíz, Valle de Lana, Sierra de Codés Estella y Älava. Allí abundaban los fósiles (trilobites) en forma de corazón, donde estaban incrustados insectos y plantas. Nos hartamos de pacharanes, moras, manzanicas de pastor y bayas. Días idílicos y pastoriles.. Otras veces nos dirigíamos hacia el Norte ascendiendo por las rocas hasta divisar el Puerto de Urbasa y debajo Olazagutia, Alsasua, Echarri Aranaz, Aralar, Sierra de Andía, San Donato, Aizgorri. La Burunda, La Barranca , la Sakana entera y hasta la llanada alavesa..
Me recuerdo lleno de barro y unos negros churretones por todo el cuerpo.. Alguien dijo, que en la Guerra civil, al Balcón de Pilatos llegaban camionetas cargadas de republicanos y nacionalistas navarros y guipuzcoanos. Los fusilaban y los lanzaban al precipicio del Nacedero del Urederra. Sentí dolor,tristeza y confusión.
En las vacaciones de verano recuerdo las actividades y contactos con los compañeros de los alrededores y de vez en cuando quedábamos en Villava, en el colegio, donde coincidíamos Medarde, Egea, Nuin, Mendivil, Iturgaiz, Elizalde, Sarasa, Biurrum, Laquidain, Oloriz, Domenech, y todos los que me olvido.
Mi memoria me lleva a un partido, jugado a mala cara con Joaquín López Ros (él llevó las raquetas), en aquella pista de tenis, llena de baches, entre el frontón o rebote y el foso de saltos de atletismo, a un lado los sevá, al otro las zámbalas o columpios, donde la pelota votaba a su antojo y después una visita a sus abuelos en el molino de Huarte. Alguna visita de Elustondo a Burlada, que tenía tíos y un encuentro a la orilla del río Ulzama, en la fábrica de Ion Graf, con Olano
El día de Santo Domingo ( entonces era el día 4 de Agosto) acudíamos todos los compañeros de los alrededores de Villava para celebrar el día de nuestro patrón: misa y canto de: "A tu altar, hoy tus hijos acuden a ofrecerte Domingo tu amor...", aunque que he de confesar que el canto que más me gustaba de todos los que entonábamos en aquella capilla, era el dedicado a San José: "Esposo de la Virgen, castísimo José, oh Padre Putativo, del mismo Dios". las sílabas pu y ta arrastradas recalcadas y con énfasis. Luego comida especial con los Padres y hermanos, juegos, futbol y regalo de alguna estampa, con motivos dominicanos de Fray Angélico, elaborada en la Imprenta de Ora et Labora.
Los apostólicos de los alrededores quedábamos, algunas veces, para ir a bañarnos, Mendivil, Nuín, Egea, quizás Oloriz, quizás Medarde, Elizalde, etc..
al Río Arga, a su paso por Huarte, por debajo del Crucero. Cogíamos el puente del Hotel Don Carlos y de allí por un sendero que se dirigía a Olaz, hasta el río. Este era el lugar, donde habitualmente nos bañábamos durante el curso. En el verano se convertía en el balneario de los seminaristas de todos los alrededores. Me suenan travesías, hasta Burlada con neumáticos de camión, (algo así como la Bajada del Sella, pero en foral).Otras veces a Oricain, Trinidad, Peñas de Anchoriz y San Cristobal
Siempre que hablo de estos días recuerdo una anécdota, de aquella época: Un día fuimos a bañarnos a Huarte, Mendivil, Nuín, Egea y yo y compramos un paquete de tabaco Bisonte o algún mentolado y habernos pegado una gran fumarrada. A,la vuelta a casa y para que no nos lo pillaran nuestros padres, dejamos el paquete entre unas matas de pacharán. Al día siguiente o a los pocos días fuimos a recogerlo y estaba todo mojado, pues había llovido. No pudimos aprovechar nada. ¡Qué decepción! Vuelta a juntar dineros y vuelta a comprar un nuevo paquete. Supongo que este no lo escondimos a la intemperie.
Durante las vacaciones, volvíamos los domingos al Cine Parroquial de Villava. Cuando niños, era a la sesión de las tres de la tarde, corriendo y con el postre en la mano, a veces volvíamos a pedradas por el camino del cementerio, seguidos por los de Villava. Algunas veces íbamos también al cine de la Txantrea.
Durante el curso, los lunes, en sesión especial, para el Colegio de Villava.: "Balarrasa,, Nodos, El Verdugo, Bienvenido Mr. Marshall,Yuma, etc., etc. En las vacaciones a la sesión de la tarde 5,30 o 7,30, con los mayores, con los seminaristas de los alrededores. En las tres épocas, el mismo caramelero (el Sr. Viana), las mismas risas, las mismas bromas, los mismos programas de mano para coleccionar, gritos y broncas a los cortes y apagones de luz y aplausos al "buenico" y abucheos a las x que salía sobre los besos. Ni Cinema Paradise era comparable al Cine Parroquial de Villava. La mayoría de los domingos nos tocaba asistir en la Parroquia de Burlada a cantar las Visperas o Completas, o no sé que glorias en latín, en el coro. Se nos hacían eternas pensando que, nos esperaba la película de Villava. En aquellas vísperas o glorias, de despúes de comer, la concurrencia era la de siempre, algún meapilas, algún tragasantos, algún trotaconventos ( Entre Villava y Burlada,en aquella época, había más de 15 conventos) y las beatas habituales, (todo dicho con mucho amor) y los seminaristas de Burlada.
En los últimos años nos permitíamos escaparnos al cine a Pamplona. Era otra cosa.... pero no era lo mismo....
No todo en aquellos tiempos, era idílico y feliz, había momentos muy cabrones y muy malos, pero yo tengo una tendencia o grave error a acordarme de los momentos felices y a los tristes y los amargos los recuerdo envueltos por un halo de ternura y tristeza alegre. Aquellos no eran los mejores tiempos, los mejores frailes, los mejores compañeros, las mejores vivencias, pero esa fue mi vida de infancia y adolescencia y no otra, por eso los recuerdo como a tales y eso es lo que viví, sea real o sea espejismo.
Al finalizar el segundo curso de Villava nos anunciaron que el tercer curso lo hacíamos en la Virgen del Camino de León. Puedo deciros que aquello no me gustó nada, no entendía que con lo bien que estábamos en Villava nos movieran de alli y nos llevaran a un sitio desconocido y para mí de tristes augurios pues mi hermano Augusto se salió de la Virgen del Camino ese mismo año. ¿qué pensarían mis padres? ¿me dejarían ir...?Las vacaciones de verano de ese año, aunque como siempre felices, me dieron mucho que pensar y me supusieron un salto a lo desconocido y hacia la inseguridad. Dejaba la cercanía de los míos y de mis vivencias y paisajes e iba ´hacia algo que, en principio me era hostil y oscuro.
Estos malos presagios se me disiparon temporalmente, con el viaje que nos prepararon desde Villava, a los cursos del 58 y del 59, camino de la Virgen del Camino. Un viaje magnífico por toda la cornisa Cantábrica, Bilbao, San Vicente de la Barquera,baño en una playa salvaje o semi-salvaje, Santander, Covadonga, Gijón, Oviedo y León. Llegamos muy tarde. Era noche oscura. A la mañana siguiente intenté asomarme a la ventana de la camarilla y no pude. No me cabía la cabeza. era sólo abatible. Todo me parecía marrón. El colegio y el Santuario, que dentro de unos días se inauguraba, me sosprendieron gratamente. El teatro y la piscina un lujo.
El primer día, como llegamos los primeros, estábamos casi solos. Poco a poco se nos fueron incorporando caras extrañas y desconocidas y ya al anochecer, o al día siguiente, fueron apareciendo los compañeros de otras regiones que habían estado con nosotros en Villava. Lo agradecimos un montón. Podrían ser García Valdés, Zarzuelo, Hernández Palomo y otros muchos más.
Para entretenernos montaron una pequeña velada en la recreación. Recuerdo que Arrúe y yo cantamos: "Beti eskamak , kentzen, kentzen, kentzen, kentzen. Nor geragu? Zer geragu? Euskotarrok geragu?....
Al principio todo me parecía más cerrado, mucha gente, grandes espacios, el misterio de la Escuela Menor, menos familiar y tanto padres como alumnos más secos y menos emotivos.
En Villava, aunque con menos comodidades vivíamos más en familia, de puertas abiertas, siempre había gente de Burlada, Villava y alrededores, bien sea por el trofeo Boscos, entrenamientos de futbol de los estudiantes del Congo Belga, Katanga, Lumumba Kasabubu. Mi familia y amigos cuando quiera estaban en el campo de fútbol y el Cine Parroquial, estaba fuera del Colegio, en pleno centro de Villava.
León, aunque era más moderno, más luminoso, me parecía más sombrío, con menos afecto entre sus paredes y sus personas, más frío, más lejano, más seco. Tenía hasta alambradas. Poco a poco fue cambiando mi opinión y empecé a amar la Virgen del Camino, sus campos sus gentes sus edificios. Me fui integrando y me gusto mucho su ambiente intelectual. Por supuesto que hubo muchas sombras y muchas luces pero aquel proyecto lo hice mío y lo amé.
Durante las idas y venidas del Colegio a vacaciones, a los navarros nos montaban unas magníficas excursiones, tanto para ir como para volver, cada viaje nos cambiaban las rutas. Era turismo de ida y vuelta con variación y premio.
Cada año a la vuelta de vacaciones ya no volviamos los mismos, iba mermando el número de compañeros. Comenzó el primer año del paso de Villava a León y continuó progresivamente durante todos los cursos. A mí me producía mucha tristeza , no volver a ver a algunos de mis amigos y compañeros. Nunca sabías el por qué y me resultaba cruel y me causaba dudas y malos entendidos. Aún era más cruel, las salidas en pleno curso, nos aislaban y nos hacían desaparacer como por arte de magia, sin un despido, sin un abrazo. A Arrúe le mandaron dos días antes que a mí y sin despedirnos, pudiendo haber ido los dos juntos, por lo menos hasta Alsasua.
El último año de mi estancia en León, no sé por qué razones, volvimos de Villava, por libre y en el tren. Era el curso 1964-1965, mi último en la Virgen del Camino. Cogimos en Pamplona el tren, al mediodía y algunos compañeros se nos fueron sumando en Alsasua o Vitoria. Pudieran ser Medarde, Urritia, Ariztimuño, Arrue, Elustondo, Ibarrola, Egea, Oloriz, etc., etc. Gamberreamos en los vagones, nos reímos charlamos y contamos nuestras vacaciones y hazañas del Colegio. Recuerdo que tuvimos que hacer tranbordo, eran las dos o tres de la mañana y junto a las vías, cercano a la pasarela elevada metálica había un puesto de melones, cubierto por una lona, recuerdo que dijimos: "Mirad, melones, qué ricos" y de entre las lona salió el vendedor y le compramos un melón que comimos en los vagones del tren.
Llegamos a la madrugada a León, todo estaba vacío, atravesamos el puente, Guzmán el Bueno, si no te gusta León allí tienes la estación y comenzamos a deambular por León, Ordoño II, calle Ancha, la Catedral, algún espabilado dijo que por allí estaba el barrio de las "putas", con morbillo nada más. Todo estaba cerrado y no habían puesto aún, ni las casas, ni la aceras. Desayunos refrescos, un pastel, risas mas risas, comimos algo, visitamos la Catedral, San Isidoro, etc. etc. A lo tonto y a lo bobo se nos hizo las 5 o las 6 de la tarde.
Cuando llegamos al colegio, nos estaban esperando desde la mañana y en la comida nos habían preparado platos. No sé que Padre, nos echó una bronca descomunal, sobre todo a los del curso del 59, por aquello del ejemplo que dábamos los del curso mayor, que este año iba a ser la guía y el espejo donde se tenian que mirar, a los alumnos de los cursos posteriores. Creo que hubo algún castigo, pero no recuerdo cual.
Siempre he pensado que este fue el prólogo de un año rebelde y revolucionario, pues este mismo año los del 59 protagonizamos una sonada rebelión en las aulas, contra el P. Tascón. Este curso por lo que se ve, estaba revolucionado desde el principio. En lo tocante a mí, a partir de Navidad, comencé a preparar mi salida del Colegio y en el último día de mayo, me montaron en el tren rumbo a Burlada. Ya no era de excursión con mis compañeros, si no sólo y preocupado por mi destino. Una chica intentó ligarme en el tren y yo huía como alma que lleva el díablo. No estaba preparado.
¡¡¡Ufff, como se me ha alargado el relato!!!. Disculpadme.
Un saludo para todos.
Javier Cirauqui