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Antiguos alumnos dominicos VIRGEN DEL CAMINO - LEON

NUNCA ANTES (Por Pedro Trapiello)

NUNCA ANTES (Por Pedro Trapiello)

Anota «nunca antes» en ese librito en blanco que te regalaron hace la tira y que al fin le encontraste estos días utilidad como diario, porque supongo que estarás escribiendo algo de todo lo excepcional que le está pasando al mundo, pero sobre todo a tu mundo y a tu alrededor. ¿Eres consciente de ser testigo y actor -sí, tú- de momentos y episodios que nunca antes se dieron en la historia del hombre narrados tan en directo?, ¿o de que quizá no tengas otra oportunidad de contarlo porque a lo peor la muerte quiera sacarte a bailar el Rock de la Morgue?, ya ves que la pista se va atestando de bailarines sin remedio, mucha gente mayor, cierto, tanta que parece un miércoles de baile en el hogar del pensionista, pero también gente joven, robusta, carne de gimnasio y dietas saludables... en fin, anotarás como «nunca antes» comportamientos humanos que jamás habías visto, obligada solidaridad que ni se intuía, cercanías vecinales que ni hubieras imaginado... y conforme la tropa vaya perdiendo la compostura y se le nublen sus horizontes particulares, verás también las miserias humanas que aflorarán llegando a creer algunos que esto no se arreglará si no empezamos ya a hacer sacrificios humanos a los dioses con niños o virgencitas, algo así, algo azteca o inca, un guiño a indigenistas... o sacrificar políticos en otro guiño más eficaz a populistas y taraos (Torra reza al coronavirus para cerrar cuanto antes la frontera y no entren en «su casa» españoles, esa otra epidemia aún peor).


Como lecciones sacadas a esta nueva jornada de confinado anotarás:

1.- Has hecho el ridículo al escaquearte de una llamada diciendo después que no estabas en casa.

2.- Cada vez circulan menos chistes, ocurrencias y gracietas; el humor negro de las ruedas de prensa oficiales acapara todas las risas.

3.- Prefieres, como casi todos ahora, comunicarte escribiendo mejor que hablando al temer que tu voz delate que realmente estás aterrado y que te pierdes en terribles elucubraciones.

y 4.- Hurra: en tu casa se ha vuelto a cocinar un poco como Dios y las abuelas mandan.

Pedro Trapiello (DIARIO DE LEÓN 19-3-2020)

LA SUERTE DE TENERTE (DÍA MUNDIAL DEL SÍNDROME DE DOWN)

LA SUERTE DE TENERTE (DÍA MUNDIAL DEL SÍNDROME DE DOWN)

 

El Día Mundial del Síndrome de Down se celebra el 21 de marzo desde el año 2012 por un decreto establecido en las Naciones Unidas.

El lema de este año es DECIDIMOS.

El principal objetivo de esta celebración, es crear conciencia dentro de la sociedad, del valor que tienen estas personas, a pesar de su discapacidad intelectual.

Así mismo, revindicar sus aportes, derechos e independencia para la toma de sus propias decisiones y crecimiento personal.

Felicidades a todos nuestros chicos y chicas down, que Dios los bendiga.

 

¡¡¡ la suerte de tenerte !!!

Otro año más, Marta, Alberto, Darío, Tomás y el pequeño Bandera; Conchita, Manolón y familia; José Manuel Bandera y familia; Leo Salvador y familia; la familia de Javier Plaza, Isabel, Josemari y familia, hermanos todos de esta amplísima familia que constituimos los antiguos alumnos dominicos de la Virgen del Camino os deseamos que paséis un día feliz y solidario.

MI HIJO ALBERTO OS RECUERDA y brinda por todos vosotros.



Dejadme presumir de hijos (Alberto y Alicia)

Cardenal: la voz poética de Dios en Nicaragua (Por Eugenio González Núñez)

Cardenal: la voz poética de Dios en Nicaragua (Por Eugenio González Núñez)

Sandalias en pies firmes y andariegos, melena y cotona blancas, coronada su cabeza por una boina minera, Ernesto —más que nunca—, sigue vivo en Nicaragua. Cardenal, nació en la bella y liberal ciudad colonial de Granada, en 1925. Heredero de una sólida tradición poética, Cardenal estudió letras en Managua, México, Columbia University y Europa. En 1957, fue recibido como monje trapense en el Monasterio de Getsemaní, en Kentucky, donde Thomas Merton fue su maestro y mentor. Esta voluntaria reclusión en la trapa, supuso para él un oasis de serenidad frente al deslumbrante mundo americano. De regreso en Nicaragua, vivió siempre ligado al mundo espiritual, la poesía y la lucha por la liberación de los oprimidos. Visitó varios países hispanos tomando buena nota de cambios políticos y sociales. En 1965 fue ordenado sacerdote y más tarde se asentaría en las islas de Solentiname, sitas en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó una comuna contemplativa de pescadores y artistas primitivistas que alcanzó renombre y fama. Allí escribió su célebre El evangelio de Solentiname. El mundo llora a otro nicaragüense universal, muerto en Managua, el 1 de marzo del 2020, a los 95 años de edad.

Su poesía, refleja su radicalismo personal, denunciando el sufrimiento y la explotación de las llamadas repúblicas bananeras, temática de su Canto nacional y Hora cero, donde destaca las proezas de Augusto C. Sandino y los guerrilleros sandinistas. Su poesía está fuertemente asida a la revolución popular sandinista, que en 1979 derrocó a la dinastía de Somoza, desgobernadora de Nicaragua por más de 40 años. Sacerdote, poeta y revolucionario nicaragüense, Ernesto Cardenal, es una figura de la teología de la liberación, como consta en sus poemarios, Salmos, de 1964, y Oración por Marilyn Monroe, 1965. A partir de los años setenta su poesía se radicaliza y se vuelve instrumento de la acción política:  Canto nacional(1972), Tocar el cielo (1981) y Vuelos de victoria (1984). Lo conocí, tras el triunfo de la revolución popular sandinista, orando el libro de sus Salmos, en Managua.

Su compromiso con los más pobres y contra las injusticias lo convirtieron en la voz moral de la lucha contra Somoza, y de la revolución sandinista, un proyecto con el que se entregó a fondo como ministro de Cultura. Esa íntima vinculación a la política hizo que la Iglesia católica lo catalogara y lo rechazara. Fue Juan Pablo II quien lo amonestó públicamente cuando visitó Nicaragua en 1983, en plena euforia sandinista, dejando caer sobre él un dedo rígido, insultante y acusador. De rodillas, la cabeza descubierta (sin la típica boina negra, que nunca se quitaba), recibió la triste reprimenda del papa, que poco más tarde, le suspendió a divinis, prohibiéndole ejercer su sacerdocio. Carol Wojtyla ha subido a los altares con aureola de santidad; Cardenal bajó a los infiernos del ostracismo eclesial, y a la soledad y la incomprensión de una Iglesia intransigente, alejada de los pobres y de quienes han intentado servirles: sacerdotes obreros, teólogos de la liberación, mujeres generosas.

A partir de 2007, el poeta vivió su propio martirio, cuando Daniel Ortega regresó al poder en Nicaragua, convirtiéndose en un verdadero dictador

Cardenal, sin embargo, mantenía un profundo amor al hermano, expresado especialmente en Los salmos, versos que demuestran su compromiso con la fe, pero también su crítica contra las injusticias, la opresión y el sufrimiento de los más desprotegidos. El poeta fue un creador incansable, cristiano comprometido hasta el final de sus días y una voz profética, combativa e incómoda para el poder. A partir de 2007, el poeta vivió su propio martirio, cuando Daniel Ortega regresó al poder en Nicaragua, convirtiéndose en un verdadero dictador. Cardenal fue crítico del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, cuyos desmanes y arbitrariedades denunciaba allá donde viajaba a presentar su poesía. «Daniel y Rosario, tienen un poder absoluto, infinito, que no tiene límites» (Cardenal, a El País, 2017). «No hay libertad para que yo diga algo. En Nicaragua estamos en una dictadura». A pesar de esa persecución, Cardenal se ha mantenido firme, dando recitales por doquier y denunciando, además, los caprichos y tropelías del poder. Él, que en su Cántico cósmico escribió que la poesía es «el canto y el encanto por todo cuanto existe», seguía trabajando a sus 95 años.

Tras más de tres décadas de purga vaticana, el poeta fue rehabilitado por el papa Francisco. Jorge M. Bergoglio le informó en febrero de 2019 del levantamiento de la suspensión a divinis que Carol Wojtyla le impuso en 1984. En una entrevista el mismo Ernesto había reconocido: «Me siento identificado con este nuevo papa. Es mejor de cómo podríamos haberlo soñado».

La obra de Ernesto Cardenal es coloquialista y a la vez profundamente lírica. Su poesía, una de las más sólidas y reconocibles de América Latina, se sustenta en el legado del modernismo norteamericano, de autores como Ezra Pound —el poeta de los cantos, hoy en la Isla de los Muertos—, pero con otras influencias como la cultura popular nicaragüense o las tradiciones religiosas y científicas, a través de un verso sencillo y claro, pero de gran impacto testimonial en el lector.

Tras conocerse la muerte del poeta, Ortega, hipócritamente, ha decretado tres días de luto nacional por «el hermano perdido», «gloria y orgullo de Nicaragua», a quien «admira profundamente». ¡Se necesita cinismo para decir esto de alguien a quien el matrimonio odiaba! Nicaragua pierde a otro de sus grandes escritores, el hombre que sí fue profeta en su tierra, escuchado y querido como los viejos profetas bíblicos, solo odiado por aquellos que someten y ultrajan a los pueblos en el nombre de Dios. Nicaragua ora y suplica con los poemas de Ernesto Cardenal. Y es que Cardenal, el poeta de la teología de la liberación, el ministro revolucionario, sufrió el terror de tres dictaduras: dos político-militases: la de Somoza y la de Ortega, y una eclesiástica: la de la Iglesia Católica.

En la teología de la liberación latinoamericana «La importancia de llamarse Ernesto», era también cuestión de pugna y fidelidad para él: a una iglesia dogmática y conservadora, que apunta, recrimina y condena con un dedo crispado; o la fidelidad a un pueblo creyente, humillado, perseguido y pobre que, pacientemente, espera su liberación. Cardenal optó por lo segundo, desposándose hasta la muerte, con el sufrido y pobre pueblo de Nicaragua.

El revolucionario hombre de Dios y poeta, Ernesto Cardenal, merecida tiene una hornacina en Solentiname, la Isla de los Vivos.

EUGENIO GONZÁLEZ NÚÑEZ, UNIVERSIDAD DE MISSOURI-KANSAS CITY 

DIARIO DE LEÓN 11/03/20

LA VIRGEN DEL CAMINO RODEADA DE FUSILES (Por Eugenio Cascón)

LA VIRGEN DEL CAMINO RODEADA DE FUSILES (Por Eugenio Cascón)

  Me ordena el inventor y muñidor de este tinglado que escriba algo acerca de esta añeja fotografía y no me queda otra que obedecer, de modo que lo siento por los asiduos, pero tengo que empezar a juntar letras y palabras, y saldrá lo que tenga que salir.

  Me informo, para empezar, de que la Virgen del Camino es Regidora Perpetua de la ciudad de León, título que le fue concedido el 19 de mayo de 1938, durante la Guerra Civil española. Dado que el año coincide con el que data la fotografía que nos ocupa, ¿se corresponderá, tal vez, el desfile procesional con el acto del otorgamiento? Así, sin más datos, es difícil saberlo, pero en la imagen la primavera se muestra aún demasiado temprana para esa fecha, pues las hojas de los árboles no han acabado todavía de poblar las ramas y el personal se cubre con prendas de abrigo.

 Por cierto, no es el mencionado el único título que ostenta la Patrona Leonesa, dado que también le fue concedida la Medalla de oro y brillantes de la Diputación de León (30 de junio de 1954) y es, asimismo, Regidora Honoraria y Perpetua del ayuntamiento de Valverde de la Virgen desde el 30 de junio de 2005, amén de patrona de las carreteras (algo tendría que aportar el nombre). A nuestra Virgen del Camino, ya de por sí Reina de los Cielos, nos la han convertido en todo un personaje terrenal.

  Es notable la tradición patria de conceder titulaciones de alto grado militar o regidurías civiles a las advocaciones religiosas. Ha sucedido tradicionalmente en épocas de acerados conflictos bélicos, de lucha entre el bien (nosotros) y el mal (el enemigo), con tantas y tanta veneradas imágenes de vírgenes, cristos, santos e incluso reliquias y otros objetos de culto. Ese empeño de otorgar al sentimiento religioso un espíritu militante, incluso belicista… Y este afán se vuelca especialmente con la dulce María, a la que quieren presentarnos como una Atenea helénica o como una Ishtar mesopotámica… Dejó una explicación más por extenso de la atribución de semejante e  injustificado ardor guerrero a la sabiduría de más de uno de los compañeros que aparecen de vez en cuando por este foro, por si alguno de ellos tiene a bien ilustrarnos al respecto.

  Y ahora, me vais a permitir un inciso para ofreceros algunos datos sobre los orígenes y antecedentes de esta tan española costumbre. Lo siento, pero la cosa me está saliendo así, de modo que, si os aburre, os lo saltáis.* 

  Parece ser que ya durante la Reconquista se atribuía la victoria en ciertas batallas contra el moro infiel a la intervención de mediadores divinos: la Virgen de Covadonga, Santiago el “matamoros”, la Virgen de la Mayor de Sigüenza, considerada, allá por el siglo XII, nada menos que efigie socia belli (‘compañera de batalla’) del obispo Bernardo… 

  Cuando en el siglo XVI se inventa el grado de capitán general, muy pronto comenzó a ser otorgado a advocaciones de la Madre de Dios. La primera en recibirlo fue, según se documenta, Nuestra Señora de Butarque, en la villa madrileña de Leganés. 

  Pasan los años, y aún los siglos, y el enemigo gabacho, puñetero e imperialista, nos invade, y toda ayuda es poca para intentar echarlo de aquí. Y ahí aparece la más belicosa _no por culpa suya, claro_ de nuestras vírgenes: la del Pilar, la que no quería ser francesa, sino capitana de la tropa aragonesa. La siguieron, en aquellos años de hierro y miseria, la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia, nombrada por el el Consell de la Ciutat “generala y aun generalísima de la ciudad y Reyno de Valencia, y siempre que salga en procesión que le rindan honores militares y se dispare la artillería del Baluarte”. Y la Virgen de Zocueca, a la que se atribuyó una intervención decisiva en la batalla de Bailén, debido a la cual, en agradecimiento con más de un siglo de retraso, el rey Alfonso XIII le otorgó el rango de capitana general. Y, ya puesto, este monarca hizo lo propio con la del Rocío y la del Pino (patrona de Gran Canaria), aunque a estas dos últimas no se les atribuían hazañas bélicas reseñables.

  Llegados a la desdichada Guerra Civil, época a la que corresponde el retrato que nos ocupa, la cosa se dispara (perdón, no es un juego de palabras). El caudillo triunfador decide otorgar los máximos honores militares a todas estas advocaciones marianas, que se suponía que habían estado de su parte: Virgen de Covadonga (1939); la Fuencisla, patrona de Segovia (1941); del Rosario de Cádiz (1947); la Esperanza de Toledo (1952); de África, en Ceuta (1954); la Caridad de Cartagena (1955); Virgen de los Remedios de Fregenal de la Sierra (1956); la Fuensanta de Murcia (1958); del Puy de Estella, Navarra (1958), y del Rosario, Granada (1962). También, algo después, a la madrileña Virgen de la Almudena, a la que, al poco de la muerte de Franco, le fue ofrecido el fajín del victorioso general por parte de su viuda, si bien he de confesar que, cuando he ido por la catedral que lleva su nombre, nunca he reparado en que lo luciera.

  Pasado el furor militarista, los nombramientos se orientaron hacia el poder civil y, de este modo, se constata la existencia de al menos 84 regidoras perpetuas, la mayoría vírgenes, muchas de ellas recientes, puesto que la investidura corresponde a los años del gobierno de Rajoy. Sorprendente, ¿no?

  Y aquí vuelvo _que ya está bien de digresión_ a retomar el hilo del comienzo. En la fotografía, nuestra Dolorosa aparece en el centro de una procesión, rodeada de fusiles, los contundentes máuseres o mosquetones de entonces, con la bayoneta calada _espeluznante visión_, combinando, tal vez, protección frente a un enemigo ausente y rendición de honores. Seguramente el acto tuviera condición de rogativa, una más de las que por entonces se efectuaban en cualquier ciudad o pueblo de la llamada Zona Nacional para impetrar la victoria sobre los enemigos de la religión.  

  Centrémonos ahora en la instantánea, recorte puntual, como cualquier otra, en el devenir del tiempo del tiempo y el espacio de la vida humana. Al sumergirnos en ella, todo lo demás queda fuera: el tiempo se paró ahí y el espacio se redujo a lo que cabía en el enfoque de la cámara. En este momento, la comitiva pasa ante las puertas de un establecimiento, en cuya anodina fachada puede leerse, echándole un poco de imaginación, FERRETERÍA EL CRUCERO, y algo más abajo, a los lados de las puertas “semillas” y “herramientas de todas clases”; y algo más que ya no soy capaz de adivinar. Semillas y herramientas, buena conjunción de elementos imprescindibles para la subsistencia en tiempos tan difíciles y tan revueltos. Y todo, como decía, muy sobrio, muy sepia, con los anuncios a modo de grafitis desvaídos, lacónicos y sin gracia. No habían llegado aún los neones ni estaban los tiempos para luminarias.

  La imagen de la Virgen domina, como no podía ser de otro modo, la escena. Ahí está, en su baldaquino ambulante, elevada sobre los mortales. Pero no demasiado, no sé si por ser los costaleros algo enclenques o por haberla sorprendido la instantánea en un momento en el que estos llevaban a cabo algún movimiento elevación o de descendimiento. Pero la veo muy sola: los componentes del cortejo procesional parecen estar a lo suyo, apenas se ve a nadie que le muestre fervor o, al menos, atención. Apenas puedo distinguir una mujer cubierta con pañuelo, justo detrás de las andas, que parece mirar fervorosamente hacia arriba y un par de personas, en la parte delantera, que se vuelven para dedicarle un saludo romano.

  La foto, tomada en picado suave, muestra sobre todo un conglomerado de cabezas, si bien en algunos casos se puede ver también parte del tronco que las sostiene. No son pocas las que están peladas, las que muestran el esplendor de la calvicie, ese sol tan humano que a veces reluce con el reflejo del de allá arriba. Y es que se trata, en su mayoría de gente de edad, y en la época no se habían inventado los injertos de pelo, y el champú seguramente tampoco abundaba. Las mujeres se cubren con el velo negro a que obligaban los actos de devoción, el hiyab cristiano de por entonces, de uso obligado en los actos religiosos y lugares sagrados. ¡Qué discriminación, Señor! Si hubiera sido ahora…

    Ahí van los soldaditos, portadores de los fusiles, desfilando con el garbo propio de los esbeltos gastadores, con el gorro “de plátano” echado hacia un lado y la borla colorada balanceándose sobre la frente, todo con  su punto de chulería: como debe ser. Puedo contar siete u ocho, flanqueando a la Virgen por los cuatro costados. Son los más jóvenes, lo más guapos, a la par que importantes en tiempo de guerra. Seguro que más de un piropo disimulado habrán recibido de las parroquianas que los rodean. Fijaos, si no, en ese que, casi en primer plano, comparte una sonrisa cómplice y pillina con la compañera de al lado. No sería de extrañar que, momentos antes, se hayan dicho algo solapadamente. A lo mejor hasta han quedado para ir al baile. O la mejor ya tenían algo que ver. Otros van más serios, más marciales, muy en su papel, pero luciendo palmito igualmente.

  Detrás de la imagen se ven los que parecen ser los próceres, tres señores bien maqueados, con prestancia. Dos de ellos lucen la consabida calva, mientras que el de la izquierda exhibe un tupido y lustroso peinado hacia atrás, seguramente fijado con brillantina, y unas gafas oscuras que lo convierten en un personaje prototípico de la época, miembro del movimiento político dominante en el bando nacional, o tal vez de la policía política, o algo así. El del centro parece llevar la voz cantante en ese momento, mientras que los otros dos inclinan la cabeza hacia él, en actitud de atenta escucha. ¿Qué estarán tramando?

  El resto es puro pueblo, de apariencia humilde en su mayoría, aunque también se ven algunos encorbatados, sobre todo los que siguen a los presuntos mandamases: tal vez sean miembros de la corporación municipal o funcionarios de algún rango. Reparad en esos dos hombres de la parte delantera, alineados en breve fila, ambos con profundas entradas y apariencia rural o menestral. Uno de ellos porta un largo cirio, tal vez en cumplimiento de una manda personal emanada de algún favor que ha recibido o espera recibir de la Patrona. Los dos miran, al unísono, hacia la izquierda, quizá porque se han dado cuenta de la presencia del retratista que, de algún modo, los va a perpetuar. Observad también a ese cargador delantero que, aunque con atuendo más de ciudad, lleva guardado en el bolsillo lo que parece ser una boina, el tocado masculino rural y popular por excelencia en las tierras mesetarias.

  Pero, como comentaba más arriba, la procesión se muestra en esos momentos un tanto descontrolada. La mayoría ofrece la impresión de estar charlando de sus cosas, incluso formando corrillos y dando la espalda a la venerada imagen. Hay expresiones, gestos, complicidades, sonrisas, conversaciones, cotilleos. Esas dos señoras que se desmarcan junto a la fachada…; y las que aparecen apoyadas en una de las puertas…; y el alegre círculo que se ha formado detrás de los importantes…; y aquellos que se limitan a mirar pasar… ¡Será posible! ¿No hay nadie que ponga orden aquí? Pero es que el clero no está, no se ven sacerdotes revestidos para la ocasión, cuando debería estar presente el propio obispo; ni siquiera monjas orantes y cantoras. Y eso que estamos en la zona nacional y católica ¿Dónde se han metido? Puede que vayan un poco más adelante, o más atrás, y que el fotógrafo, irreverente él, haya decidido por su cuenta excluirlos del plano. Pero, sea como sea, no tienen disculpa, ¡hombre! Su obligación es estar al lado de la imagen. Y poner orden en este cortejo tan desmadrado, antes de que lo haga, a grito pelado, algún jefe político o militar. ¡Con las broncas que nos echaban a nosotros en cuanto rebullíamos lo más mínimo!

  Pero, de uno u otro modo, mejor o peor organizada, contamos con que la comitiva seguiría avanzando hasta finalizar el trayecto marcado, probablemente con un acto solemne postrero y una arenga de alguien importante. Después, cada uno de los participantes se marcharía a su casa, o a sus obligaciones, y continuaría, día tras día hasta agotarlo, el camino de su vida. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde entonces! Quizá ninguno de los humanos que aparecen en la instantánea deambule ya por los andurriales de este mundo, pues quedó fijada antes de que cualquiera de nosotros (nuestro padre Pedro y algunos más de nuestros frailes aparte) hubiera asomado por él. Y ya todos nosotros vamos tan de vencida…

 

Eugenio Cascón

* Por si alguien quiere ampliar datos, y para no caer en la tentación de atribuirme erudiciones ajenas, esta es la fuente de donde procede en su mayor parte lo que aquí expongo en relación con el tema: 

Religión y poder. Las Vírgenes capitanas generales y alcaldesas, por: Demetrio E. Brisset Martín · Gazeta de Antropología · 8 jul

EL PIANO VIEJO Y POLVORIENTO (Por Maxi Olóriz)

EL PIANO VIEJO Y POLVORIENTO (Por Maxi Olóriz)

Veo esta foto y ese piano viejo y polvoriento como una metáfora de los tiempos que corren: la música que más me gusta, cada vez más arrinconada. Tiempos en los que resultan totalmente extravagantes y estrafalarios estos carrozones que, cuando eran chavales, se lo pasaban chachi cantando una música aburridísima de un tal Palestrina y una tal Victoria. 

Tiempos en los que el Himno a la alegría es una canción viejísima. Con decirte que es de un rockero de los años 70... 

Es que flipas. Cuando eran jóvenes les ponían esa música en la radio en Semana Santa, probablemente como penitencia.

Cuando se piensa en cómo recibieron a un compositor nada fácil, como Shostakovich,  en el aeropuerto de Nueva York en 1945, como a una estrella mediática, vitoreado por cinco mil personas como si fuera Kiko Rivera o así. O en el periplo de su séptima sinfonía saliendo en microfilms del Leningrado asediado por los nazis para recorrer, sorteando enormes peligros, miles de kilómetros hasta Vladivostok y de nuevo miles de kilómetros hasta Nueva York donde, tras transcribirse, se estrenó triunfalmente bajo la batuta de Toscanini, repitiéndose por todo EEUU en unos mil conciertos más como un enorme acontecimiento…

 

En fin, lo dijo don Sebastián en aquella zarzuela: “… lo pasao, pasao. Bueno, pa pasao, yo”.

Maxi Olóriz

TRECE AÑOS DEL BLOG

TRECE AÑOS DEL BLOG

Hoy cumplimos los primeros 13 años de esta aventura. Ya nos estamos haciendo mayores. Felicidades para todos y que sea enhorabuena.

Total de visitas recibidas desde el inicio del blog: 3.084.996. Benditos seáis.

Y mi querido Jesusito Herrero, ni que decir tengo compañero y "gloria del 61", acude en mi ayuda para conmemorarlo y dejar constancia de tamaña fecha en la portada de nuestro escaparate.

 


 

Estimado ( osea, querido (bastante)) (si te parece poco invítame a unas gambas), a ver, por donde iba, ah si, por lo de estimado Furri: He pensado que el "13" no es un buen número para muchos, a mi me da igual, Dios me libre, pero por respeto a los que les puede afectar, o sea, a los supersticiosos... (tenía yo un trozo de madera para tocar y no lo encuentro ¡leches!)... se me ha ocurrido dibujar el campanil del santuario (en funciones de 1) y tres nubes (osea el 3). No hay que sumar nada (que me perdone Fernando) sino visualizar con la imaginación el 1 y el 3 por separado y no decir: "¡Anda leches! 13". No, eso nunca. Hay que decir: "Un campanil y al lado tres nubes, oyes, que original..." ¡Ángelamaríajuana! Acabo de encontrar el trozo de madera. Espera que le pase la mano por encima y te mando el dibujo. Abrazos (lo de las gambas no era broma).

 

Jesús el herrero

CECILIA (Interpretación- Por Isidro Cicero)

CECILIA (Interpretación- Por Isidro Cicero)

La puerta principal del Santuario está dedicada a los cinco misterios gozosos del Rosario, destacando repartidos sobre la gran superficie de bronce. Los espacios entre ellos, los aprovecha Subirachs para hacer referencias de todo tipo. Muchas las hemos comentado en otros lugares. Nos faltaba este anagrama que creíamos esotérico, jeroglifo de tanto darle vueltas. Pues bien, hoy podemos decir que se trata de una inscripción en la que es posible leer un nombre femenino: Cecilia.

Cecilia Burgaya fue la mujer de Josep Maria Subirachs. Mientras el escultor trabajaba aquí, en la Virgen del Camino, y sabemos que lo hizo con dedicación de meses, Cecilia en Barcelona se ocupaba de sus dos niños pequeños, Roger que nació el 11 de septiembre de 1956 y Judit, nacida el 11 de marzo de 1959. Por muy artista que seas tienes esposa e hijos y allí tienes puesta el alma. Entre los misterios con los que arranca el Nuevo Testamento, Josep Maria Subirachs -¡cómo le entendemos! - quiso eternizar el nombre de Cecilia Burgaya Ibáñez. La madre de aquellos dos niños. Su mujer. 

Hay que observarlo con detalle para descubrir precisamente los detalles que lo conforman. Lo que es una cruz, es una cruz, pero también es una esvástica, con los rayos girando hacia la izquierda; esvásticas como ésta ya las que grababan hace 7.000 años los pastores de las montañas de ese territorio siempre misterioso que milenios más tarde se llamó Irán. Y Afganistán. Los humanos de la edad de bronce y los de ahora en el fondo somos la misma cosa. Nos gusta desear a quienes amamos salud, buena suerte, y que les vaya bien. 

Un anagrama, lo sabemos todos, es una palabra que se forma trastocando las letras de otra palabra, cambiándolas de sitio, poniéndolas al revés. Escribes Roma, pero quieres que se lea Amor, Voltaire, pero quieren que leas Arouet, Escribes una palabra con las mismas letras que otra, con las mismas repeticiones de letras si las hay, pero el orden te lo inventas.

Subirachs lo resuelve así: En el comienzo del brazo izquierdo de la cruz, el primer trazo es una C al revés, dada la vuelta. Esta C lleva dentro inscrita una E, una épsilon. (Si las giramos sobre un eje imaginario, parecerían el símbolo del euro, aunque le faltaría la rayita horizontal que en su momento la Comisión Europea decidió que tuviera el símbolo de la moneda común para reflejar el ideal y el objetivo de la estabilidad financiera, pero este paréntesis nada tiene que ver con Cecilia). 

A continuación tenemos el estípite de la cruz, que también es una gran I. El ángulo que forma esa I con el trazo horizontal del brazo derecho de la cruz hace una L. Volvemos a usar la I y finalmente, ponemos la A que aparece en el extremo del trazo horizontal derecho de la cruz. Con la foto delante se lee mejor.  

Esta escrito luna, cruz, pirámide. Se lee Cecilia. Subirachs incluyó este anagrama en otras ocasiones.

Espero os haya gustado.

Isidro Cicero

 

UN POEMA DEL “CERVANTES 2019” DEDICADO A NUESTRO SUBIRACHS (Por Isidro Cicero)

UN POEMA DEL “CERVANTES 2019” DEDICADO A NUESTRO SUBIRACHS (Por Isidro Cicero)

 

El próximo 23 de abril, S. M. el Rey entregará el premio Cervantes a un poeta leridano que escribe a la vez en castellano y catalán. Se llama Joan Margarit, no ha sido muy leído en estas mesetas nuestras, pero os aseguro que es un poeta grandioso. ¿Por qué hablo aquí de él? Hablo de él aquí porque a ver si averiguáis quién ha sido el mejor amigo de Margarit; al menos, el amigo de más larga duración en el tiempo. La familia de Margarit y la de su amigo pasaban juntas las tardes de los domingos; los niños de las dos parejas jugaban juntos en el jardín de la casa del amigo. Cuando se les hacía tarde, con tanta conversación sobre arte, arquitectura y versos, el poeta y su familia se quedaban a cenar. 

Sí, lo habéis adivinado. Joan Margarit tuvo un amigo del alma que se llamó Josep Maria Subirachs. Margarit se sabe de fondo y forma -iba a decir de memoria, pero es poco- la obra entera de Subirachs. Cuando Margarit, el premio Cervantes de este año, se refiere a nuestro santo Santuario habla de la “magna fachada” que hizo Subirachs y de “las cuatro puertas de bronce”, que a algunos de nosotros nos vuelven tarumbas de tanto misterio y de tanta sugerencia como encierran en cada uno de sus centímetros cuadrados. De tanta belleza. 

Cuando en 1962 Margarit conoció a Subirachs, el poeta tenía 24 años, estaba en el último año de Arquitectura y como poeta era un auténtico desconocido. Subirachs ya tenía 36 años y era un escultor reconocido. Ya había realizado una obra importante, desconcertante para la mayoría de la gente y muy polémica. Para cuando los dos artistas se conocieron, hacía cinco años ya que Subirachs había dado un campanazo en Barcelona al conseguir colocar en la zona de Vall d’ Hebrón la primera obra abstracta que se exhibía públicamente en la ciudad condal: Forma 12. Y. sobre todo, ya había hecho la Virgen del Camino.

Se conocieron así. En septiembre de 1962 tuvieron lugar las inundaciones de la comarca del Vallés. 1.000 muertos, dicen que llegó a haber, algunas fuentes aseguran que no pasaron de 600. La estadística no era muy de fiar porque en aquellos años, el hacinamiento y la infravivienda en las zonas industriales eran cosa habitual y los censos no demasiado rigurosos. El padre del poeta, el señor Margarit, era arquitecto de la delegación del Ministerio de la Vivienda y, dentro de los planes de reconstrucción, al señor le había correspondido el pueblo de Rubí. En Rubí el desastre había adquirido proporciones de cambio climático. Encargaron hacer el puente al ingeniero riojano Carlos Fernández Casado. Un catedrático, un pionero de referencia como proyectista en el mundo del hormigón, un intelectual.

Terminado el puente, se pensó, bien pensado, en colocar en él un monumento a las víctimas de la riada. Fueran 600, fueran 1000, qué más daba. Lo importante es que el monumento se lo encargaron a nuestro Subirachs y nuestro Subirachs hizo una de las cosas más emocionantes que yo he visto en este tipo de monumentos en honor de víctimas. Su sencillez bronca y rotunda de railes de tren cruzados conmueve.

Subirachs quiso poner en el bronce un poema breve. Y se lo encargó a su amigo Margarit, diez años más joven que él, con quien pasaba todos los ratos libres hablando de poesía, de arquitectura, de escultura, de arte en general.

Subirachs comentaba los enigmas cifrados que le gustaba incrustar aquí y allá, por todas partes. Su extensa cultura le impulsaba a sembrar sus obras de sugerencias para entendidos que en aquel momento solo tenían un significado simbólico para él y para los más próximos, los frailes del Camino, su esposa, Margarit y para de contar.

Margarit escribió el poema, pero a la hora de la verdad, no sirvió. Las autoridades prefirieron colocar, en vez del poema, un fragmento del discurso que el Caudillo pronunció sobre la solidaridad de España con el Vallés. 

A Subirachs le gustaba mucho la poesía de Margarit. Puedo decir sin equivocarme, que más le gustaba la poesía de Margarit a Subirachs, que al propio Margarit. Si no llega a ser por Subirachs, muy respetado en el mundo de la vanguardia, los poemas de Margarit hubieran tardado mucho más en ser considerados, pero el escultor habló con Camilo José Cela, que escribió un prólogo al poeta y con el editor Pere Vicens que le publicó su primer libro. 

Subirachs estaba casado desde 1955 con Cecilia Burgaya. Y Margarit, al año siguiente de hacerse amigo de Subirachs se casó Mariona Ribalta. La amistad de los dos artistas se amplió a las dos parejas, y solo la interrumpiría la muerte. Primero murió Cecilia en 1994 y luego Josep Maria, en 2014. Cuando se inauguró el santuario, estuvo aquí el hijo mayor de Subirachs y Cecilia, Roger, que también murió en 2017.

Para el hoy premio Cervantes y para Mariona, el matrimonio Subirachs-Cecilia Burgaya era un modelo. Él y Mariona solían decir: Cuando tengamos niños, a ver si somos capaces de educarlos como hacen Josep y Cecilia con los suyos. 

A Cecilia, Josep María la adoraba. En las tardes de los domingos, mientras los niños corrían por el jardín, el poeta-arquitecto y el escultor entraban en el estudio de Subirachs para comentar las creaciones que iba haciendo. Las grandes maquetas, las piezas pequeñas, los objetos de orfebrería, las joyas, los diseños e inscripciones enigmáticas que cuando se iluminaban por la interpretación adquirían bellezas alquímicas. Enigmas sencillos, pero crípticos. Nombres familiares, algunas veces anagramas de Cecilia.

Cuando los domingos se les hacía tarde de tanta conversación, la esposa de Subirachs, dulce y alegre, preparaba la cena para todos. Mariona la acompañaba con los niños y la cena mientras, en paralelo sus esposos continuaban una conversación artística ininterrumpida desde el año 1962. 

1986 fue un año crucial para todos ellos. A Josep María le encargaron la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia y a Joan, un brillante arquitecto, catedrático de arquitectura y de resistencia de materiales, el cálculo, los proyectos y la dirección de las obras de estructura del Templo de Gaudí. 

Hasta que murió Cecilia, que supuso un golpe brutal no solo para Subirachs sino para todo el grupo.  Era, como ya he dicho, el año 1994. Cuando ocurren cosas así, las demás cosas nunca vuelven a ser las mismas. A Subirachs poco a poco le fueron abandonando las fuerzas físicas -un escultor debe poseer fuerzas físicas - y se refugió en la pintura. 

A última hora, Margarit visitó a Subirachs en la residencia donde pasaba sus últimos años. Su hija Judit le atendía con mimo.

 

Judit Subirachs-Burgaya junto a la escultura ’La Familia’

 A Judit la conocí yo, Isidro Cicero, personalmente; hicimos juntos un coloquio sobre nuestro Santuario en Madrid, en el espacio O_Lumen. Para el premio Cervantes de este año, Judit es la reencarnación de Cecilia, una segunda Cecilia, encarnación de su dulzura, su alegría, su sencillez. Muchas personas, yo entre ellas, a veces escribo correos a Judit, y por contacto la llamo Cecilia. Tiene mucha paciencia y me dice: Cecilia era mi madre, pero no me importa que me llames como ella, muchas personas lo hacen.

La visita que hizo Margarit a Subirachs, la última, no hablaron nada, pero fue su despedida. El poeta se quedó con la duda de si le conoció o no. Subirachs no pronunció una sola palabra. Los tres sabían que aquella era la despedida. 

La editorial Nórdica Libros publicó en 2015 un poemario de Margarit con el título “La sombra del otro mar”.

Margarit quiso que las ilustraciones del libro fueran algunos de los cuadros que pintó Subirachs cuando las fuerzas para hacer escultura le abandonaron.

Es un libro muy bello en cuya introducción el poeta se explaya sobre la amistad de las dos parejas, Cecilia y Subirachs, Mariona y él. Se percibe un gran respeto, un hondo afecto, una enorme admiración y conocimiento.

El primer poema del libro está dedicado a Subirachs y, significativamente, se titula “Infierno”. Quiero que lo conozcáis.  Pertenece a Restos de aquel naufragio, de la colección 1975 – 1986. Dice así.

Imagina una noche de verano

junto al mar, entre sábanas tendidas,

la luna traspasando barandas en el patio, 

y sombras de alambradas en la piel

para escribir la música de un sueño.

Imagina las islas con olivos, 

sus colinas de mármoles y muerte

donde Leonardo reina, condenado

por un matiz de rojo que nunca consiguió.

 

Yo veo aquí un tendal bajo la luz de la luna que refleja la sombra de los alambres sobre las sábanas tendidas y la piel del amigo. Parece una partitura. Se pueden escribir en ella las notas de un sueño. ¿Cuál? El propio de un artista: la pesadilla torturante de no conseguir nunca la belleza inalcanzable que aspira a expresar.

Isidro Cicero

 


 

nota del Furriel:- 

¡es una historia preciosa!
Pero no llego a interpretar algunas migas sueltas que debo seguir, como pulgarcito, para descifrar el enigma de este signo misterioso  que Josep María Subirachs incluyó en la puerta principal de nuestro santo santuario.

 



RETO Y EJERCICIO ESTIUMULANTE

RETO Y EJERCICIO ESTIUMULANTE

Queridos compis,

Hoy os planteo este ejercicio que creo puede ser muy estimulante para todos nosotros.

Consiste en ver si alguno de nosotros es capaz de interpretar este signo misterioso  que el escultor Josep María Subirachs incluyó en la puerta principal de nuestro santo santuario de la Virgen del Camino.

Reto y ejercicio estimulante: ¿Alguien entre los nuestros sabría descifrarlo? 

Os diré que sólo media docena de personas, o menos, parecen conocer su significado, y “uno” de nosotros está dentro de esa media docena. Desde luego yo no soy, pero sí sé quién es.


Premio para el que lo descifre:

Una semana en Santander en casa de  Isidro Cicero visitando la Cantabria profunda o diez días de recogimiento y ejercicios espirituales en la Casa de la Virgen del Camino.

Aunque creo que sin premio, también es estimulante el descubrirlo.

 

¿Lo intentamos o dejamos que nos descubran el jeroglífico?

 

(La foto es una foto que en su día hizo Javier del Vigo para el libro "Virgen del Camino, en.clave de misterios").


 

Villamanín, postal de los 60

Villamanín, postal de los 60

Aquel pueblo y sus gentes.Lo vivimos en los meses de julio durante aquellos años, 64, 65, 66.

Albergue en el centro de la plaza, campamento de verano con todo incluido, cara al sol en la madrugada, baños en el río, marchas a los picos, etc.

Por aquí se cruzaba para bajar hasta el río.

¿Recordáis?

Comiendo bajo la protección del HUMILLADERO

Comiendo bajo la protección del HUMILLADERO

 Lugar donde según la leyenda se apareció la Virgen al pastor y desde ahí tiro la piedra con la honda y llegó al lugar donde edificarían el Santuario. 

DESDE EL AIRE

DESDE EL AIRE

Otra preciosa foto aérea que me he encocntrado. Data del año 1955, el colegio en construccción y el viejo santuario desmontándose.

En el álbum EL COLEGIO tenemos otras dos fotografías tomadas desdd el mismo avión pero desde puntos diferentes.

UN VIEJO AMIGO EN LA LIBRERÍA, UNA BELLÍSIMA PERSONA: FRANCISCO JAVIER FERNÁNDEZ MARTÍN (Por Isidro Cicero)

UN VIEJO AMIGO EN LA LIBRERÍA, UNA BELLÍSIMA PERSONA: FRANCISCO JAVIER FERNÁNDEZ MARTÍN (Por Isidro Cicero)

 

A Francisco Javier Fernández Martín, unos amigos le quieren por unas cosas y otros le admiran por otras. Los que le quieren dicen que este Javier es una persona tan buena, tan inocente, tan transparente y tan tímida, que no hay en este mundo nadie capaz de hacerle daño.

Es ese tipo de personas de las que puedes poner la mano en el fuego de que tampoco son capaces de hacer daño jamás a nadie. No te lo imaginas a este voluntario del libro causando la mínima molestia a otro. Haciendo a otro un favor, eso sí le cuadra bien. Eso dicen los que le quieren.


Los que le admiran lo hacen entre otras cosas por su capacidad de infinita memoria en la que caben infinitos datos. Ahora mismo, dice él, “empiezo a tener visitas de vez en cuando del señor Alzheimer”. No fastidies Javier.  


Como javieres hay muchísimos en este mundo, el número de javieres también es o se acerca al infinito, a este amigo mío, a este Francisco Javier, por ahí afuera le llaman “Javier el de Torrelavega”. Pero no es de Torrelavega. Es de Mata. Es de Los Corrales. Más precisión aún, es de San Felices. A los siete, le trajeron a Torrelavega, y a los once le llevaron de aquí. ¿A dónde llevaron a Javier? A un colegio internado del que yo he hablado y escrito multitud de veces.

El dueño de las cervezas Corona construyó aquel colegio para los frailes dominicos, para que los frailes dominicos lo seminaran, entiéndaseme bien, de vocaciones religiosas a últimos de los cincuenta y todos los sesenta, aunque acabó siendo una oportunidad de oro para dar estudios a varios miles de niños pobres del cuadrante noroeste de la península ibérica. Yo fui uno de ellos, aunque no lo aproveché como era debido. Fernández Martín y yo fuimos grandes beneficiados de aquella construcción ultramoderna para la época, a expensas del magnate Pablo Diez. La cerveza Corona del magnate Pablo Diez aquí en España tuvo que llamarse Coronita porque no hubiera confusiones con otro tipo de marcas registradas de coronas de índole y categoría no bebible.

El colegio, no sé si ya lo he dicho, se llamaba Virgen del Camino, en León. 


Acabó este Javier Filosofía después de pasar por Comillas y la Complutense donde aprendió lo que no está escrito. Comillas fue su auténtica alma mater, donde aprendió más y mejor filosofía, más y mejor literatura, más y mejores letras que en ningún otro sitio. Siempre, desde niño, Javier quiso ser escritor. Siempre. Escribía textos para la revista del Colegio, pero no había manera de colar ninguno, el profesor de Literatura, que al mismo tiempo lo era de griego, le tenía una manía feroz.

Nunca ha sido capaz Javier de saber de dónde le venía aquella especie de aversión a aquel fraile, que aparte de esto, era un señor que lo hacía todo bien, componía buenos versos, música, escribía y dirigía teatro, electrizaba a los alumnos con sus brillantes comentarios de texto y tenía una caligrafía maravillosa. 


Pero aquel fraile a este Francisco Javier le hizo odiar el griego y amar la literatura. Y mira tú por dónde, ya en Madrid, ya licenciado en Filosofía, ya aprobada su tesis fin de carrera sobre Teilhard de Chardin, ya examinado de forma escrita y reexaminado por vía oral de los 30 libros obligatorios que en Comillas constituían el canon fundamental de conocimiento filosófico, al joven de Torrelavega que en realidad no era de Torrelavega, alguien le conoció y le contrató para dar clases en uno de los colegios privados más elitistas de España, en la zona más exclusiva de Madrid, en el corazón de Moncloa más próximo al Tribunal Tutelar de Menores, al Ministerio de Hacienda y al domicilio de Vicente Aleixandre, al que por más que lo intentó, el joven de Torrelavega jamás logró acceder.

Los que le contrataron vieron su expediente académico, les gustó y le pusieron una condición sine qua non para integrarle en la plantilla docente. ¡Tenía que dar griego! Pero hombre, pero si el chaval de Torrelavega el griego lo odiaba desde pequeño. Pues no había trato, sin griego no había nada que hacer allí. 


Buscó por todas las librerías de Madrid el método de los métodos, consultó con compañeros y amigos y se convenció de que el mejor método era el mismo que había estudiado de niño a través del cual había aprendido todo lo que se debe saber para odiar una lengua muerta. No quita una cosa para la otra. Independientemente del profesor que no se lo enseñó a él, el libro era excelente, lo iba a descubrir ahora. El autor del método era un alemán cuyo nombre ahora mismo no recuerda. El libro ahora lo tiene repetido y yo le he pedido uno, a ver si hay suerte. Aquel manual de griego tenía tapas duras, de color verde. Decían que lo usaban también en la Sorbona. Su secreto consistía en el descubrimiento de que la forma de las palabras declinadas si eran nombres o adjetivos o conjugadas si eran verbos, se basaba en reglas fonéticas casi matemáticas casi algebraicas. Las reglas eran escasas y sencillas pero infalibles. Armar el mecano de una palabra consistía en separar primero y combinar después raíces y terminaciones, que dependiendo de su naturaleza, unas veces se atraían y se fusionaban y otras se repelían y buscaban la manera de separarse como fuera, incluso introduciendo por medio separadores como en la sociedad humana introducen muros y vallas. De aquellos cocktails sabios salían los casos del nombre y del adjetivo, las tres personas gramaticales del verbo, los géneros y el número, singular o plural. 


Se ha jubilado Javier en el mismo colegio, sin salir de allí y mira tú por dónde no ha acertado todavía a descubrir cómo una cosa tan sencilla, tan lógica y tan exacta como si fuera álgebra solo que más divertida que el álgebra, pudo habérsele hecho tan insoportablemente odiosa e inexpugnable en otros tiempos. Misterios de la vida. 


Al de Torrelavega le encargaron también Historia cuando esta materia se dividía en tres (Geografía/ Historia / Etica Política) Con esta materia había que tener mucho cuidado… El Colegio, cuyas raíces fundacionales se remontaban a la vieja Institución Libre de Enseñanza, a saber cómo se salvó de la quema el tronco y las ramas, no tenía ideario.

Los padres de los niños eran el ideario, teledirigían, vigilaban, eran omnipotentes. Mandaban ellos. Eran personas muy, muy, muy poderosas. Lo eran ya antes de la transición y lo siguieron siendo después. Había alumnos, nietos de líderes políticos de primera línea que acudían a las fiestas escolares con guardaespaldas, hijos de ministros o de ministras; hijos de presidentes de alguna de las dos Cámaras legislativas; nietos y nietas de presidentes de clubs de fútbol de la liga nacional; hijos de secretarios de estado del PP o del PSOE, hijos o nietos de los grandes empresarios de la nación, gente muy poderosa. Los niños y las niñas, sin embargo, me supongo yo, como todos los niños y como todas las niñas. 


Javier el de Torrelavega, esta bellísima persona que ahora hace de voluntario del libro, trató con ellos con tiento, elegancia, y tacto. Le adoraban. Todavía es hoy el día que le llaman cada dos por tres para charlar con él. Cuando era un veinteañero siempre obsesionado con escribir, una dama de la alta burguesía madrileña conoció uno de los textos escritos por este Javier de Torrelavega y le dijo: “Escribes muy bien, Javier. Me recuerdas horrores a Martín Abril”. Nuestro voluntario se esponjó. Porque él quería escribir, siempre soñó con escribir, y lo sigue soñando, la verdad, no sé a qué espera. Tiene memoria, tiene sabiduría, tiene historias que contar hasta aburrir, tiene una sensibilidad acrisolada, tiene una honestidad intelectual a prueba de rotabator, tiene ganas de narrar, lo ves a poco que estés con él y le des pie. Y sobre todo y ante todo, conoce los secretos del alma.


Conoce los secretos del alma, porque tiene la cualidad fundamental de la observación atenta y minuciosa, pero además, y entre otras cosas, porque después de la Filosofía, estudió la carrera de Psicología y en aquel colegio de élite donde se ha pasado su vida replicando en buena parte el mismo y excelente esquema de animación cultural y de expresión artística de los dominicos de León, creó el gabinete de orientación psicopedagógica para todos los niveles. Desde pequeñitos a adolescentes. Lo puso en marcha y se encargó de él en exclusiva desde los años ochenta.

Muy frecuentemente Javier va a Madrid, porque, aunque todos le llaman Javier el de Torrelavega, él en Torrelavega ha vivido tan poco, que es como si no fuera de aquí. Tampoco se siente ya de Mata. Tampoco en realidad, de Madrid. Le pasa como a tantas y tantas personas, que no sabemos de donde somos. Con nosotros se siente muy a gusto y ojalá llegue a sentirse más a gusto todavía.

Hace años me dijo que le gustaría desarrollar algún tipo de voluntariado en Torrelavega y mira tú por dónde ahora se nos presentó la ocasión con la puesta en marcha de esta maravillosa Librería Solidaria de AMICA donde le encontraréis al menos una vez al mes. A mí me alegra tanto tenerle en nuestro grupo de voluntarios…

EN LA ESCUELA MAYOR

EN LA ESCUELA MAYOR

Creo que esta foto de la capilla de la Escuela Mayor no la tenemos en nuestros álbumes.

Otra para el museo.

EN MAQUETA

EN MAQUETA

PERO ERAN DE CAOBA AUTÉNTICA (Por Juan Iturriaga)

PERO ERAN DE CAOBA AUTÉNTICA (Por Juan Iturriaga)

Recuerdo un chiste que aparecía en el libro “Autopista” del Perich, en el que un currante, con los ojos desencajados, se enfrentaba a un jefe parapetado en su mesa y le gritaba:  ¡TODO!... 

No era una reivindicación puntual. Era una enmienda a la totalidad.

Esa fue mi primera impresión cuan vi el confesionario del Santuario, aunque posteriormente y, una vez que se los enseñé a un par de amigos, explicándoles que eran de caoba de la auténtica, casi me dio pena y hasta una cierta melancolía al reconocer que se habían convertido en cuartos trasteros.

De todas formas, para nosotros, por lo menos para mí, estos confesionarios, fueron un poco misteriosos y lejanos. Allí se confesaban “los gentiles”.

Nosotros lo hacíamos en las capillas respectivas, y “a pelo”. Quiero decir sin separación alguna con el confesor. Un poco enredado en sus hábitos y con una intimidad que, ciertamente, recuerdo con desagrado.

Lo tenías casi encima de ti. Alguno tenía la costumbre de acariciarte por aquí y por allá, e incluso había quien se rascaba con su barba medio afeitada por tu bendita cara.   

¡NO!

¿Quién ha dicho NO?

Los apostólicos bastante tenían con arrepentirse de haber hablado en filas, no rezar lo suficiente o, ya en la escuela mayor, haberse masturbado.

- ¿Cuántas veces?

- ¿Pensabas en mujer?

Buenas preguntas.

El  día que leí a Juan Marsé aquello del olor del obispo, “huele bien, a cera virgen, a parquet de casa de ricos, a nardos de entierro, a masaje Floid”, yo me acordé del olor de alguno de aquellos. A champú Geniol, a jabón Heno de Pravia y en algún caso, a tabaco medio rubio.

Hoy en el confesionario solo hay trastos viejos.

¿Quién se confiesa a estas alturas?

¿Siguen preguntando “cuantas veces”?

¿Y qué les contestan?

Pero amigos, eran de caoba auténtica. Una maravilla.

 

DE BODA

DE BODA

Y, ¿uántos de vosotros os casásteis en la Virgen del Camino?

AL LADO DEL CAMINO

AL LADO DEL CAMINO

Otra fotografía del viejo y desaparecido Santuario de la Virgen del Camino que me he encontrado por Internet.

“Prohibidos trastos viejos para mí” (Por Eugenio González)

“Prohibidos trastos viejos para mí” (Por Eugenio González)

“Prohibidos trastos viejos para mí”

 

Envidia me daban aquellos pianos,                                                 

a los que manos de ángeles dotados                                          

arrancaban miles de sones divinos.

 

Descansaban solitarios en el trastero,                                                   

dormidos,

secretas sus teclas para mí. 

 

¡Pobre de mí que solo pude                                                            

- y sin que nadie me viera -                                                     

acariciarlos y ver su teclado!

 

Así pasa el empeño,                                                                         

así pasan los años,                                                                            

dejando en el alma                                                                         

sonidos truncados,                                                                               

de oídos sin ritmo,                                                                             

que el cielo me dio.                                                                         

Crónica retrospectiva de la Presentación de Poecanciones de amor en La Virgen del Camino, León. (Por Mariano Estrada)

Crónica retrospectiva de la Presentación de Poecanciones de amor en La Virgen del Camino, León. (Por Mariano Estrada)

Altar de la capilla del Colegio Menor. Virgen del Camino, León

 

La citada presentación tuvo lugar el día 14 de septiembre del año 2013. La tinta que ha llovido desde entonces ha dado para alumbrar 12 nuevos libros. La parte musical se celebró en la capilla del Colegio Menor, que es la que aparece en las fotografías, donde yo asistí a muchos actos religiosos en mis tiempos de niño internado.

 

El mosaico del retablo es de Domingo Iturgáiz, sacerdore dominico y arqueólogo, del que fui afortunado alumno en el Colegio Menor. Fue todo un placer que estuviera presente en el acto. No volví a verle más, ya que murió poco tiempo después.

 

La decoración de la capilla corrió a cargo de Enrique Muñiz, antiguo compañero del Colegio y amigo. Otro compañero y amigo, Andrés Cortés, se encargó de la intendencia en lo que se refiere a los libros.

 

El Conjunto arquitectónico donde está ubicado el Colegio -que comprende también una casa de Ejercicios Espirituales y un Santuario-, es obra del arquitecto Francisco Coello de Portugal, sacerdote dominico, en cuyo Estudio, situado en la calle Claudio Coello de Madrid, trabajé un tiempo como delineante. Por cierto, el padre Coello murió poco antes de la Presentación y, para celebrar un Solemne Funeral el día anterior, se habían reunido en el Colegio varios frailes dominicos -entre los que estaban el padre Provincial de la Orden y el padre Prior del Colegio-, que, aprovechando la coyuntura, asistieron a la presentación. Los magníficos bronces del Santuario son de José María Subirachs, el escultor que, con el tiempo, culminaría las obras que dejó pendientes Gaudí en la Sagrada Familia.

 

La parte musical corrió a cargo de “Los Chicos del coro”: un nutrido grupo de compañeros que, en su día, pertenecieron a la Escolanía del Colegio, así como de la soprano Carmen Bocanegra. Fueron dirigidos por José Luis Zamanillo, antiguo solista de la Escolanía y músico de profesión, además de compañero y amigo. José Luis me honró con sus palabras, con su música, y también llevando con él a su madre, que, durante un tiempo, fue también la mía y hacía mucho tiempo que no la había visto. Se llamaba Mari Paz Martínez y hace poco que ha muerto.

 

 

La parte literaria. Intervinieron en este apartado, además del lingüista Pablo Gallego, que murió un tiempo después, los compañeros siguientes: Juan Manuel Díaz, filósofo; Javier del Vigo, historiador; Isidro Cicero, periodista y escritor; y José María Cortés, en representación de Lalo F. Mayo, periodista y editor del libro que, con gran pena de todos, tuvo que quedarse en su casa de La Coruña por un mal pasajero. Ahora vive en Málaga, donde Rosa, su mujer, sigue al servicio de la medicina. 

 

 

Concurrencia. Asistieron al acto más de 100 personas, la mayoría antiguos compañeros del Colegio y residentes en distintos puntos de España, gran parte de ellos con sus parejas. Asistieron también algunos otros amigos y varios miembros de mi familia, entre los que se encontraba mi hermana Antonia que, si bien vive en Kiev, estaba pasando unos días en Muelas de los Caballeros. Y, por supuesto, estuvo también Rosa, mi mujer, que, amén de estar presente en mi vida, suele estarlo también en las presentaciones de mis libros.

 

 

Mi agradecimiento a las personas citadas y también a las que, siendo tan importantes como las anteriores, me es imposible citar. Todas ellas formaron una piña, que tuvo su punto culminante cuando nos unimos a “Los Chicos del coro” para cantar el Adiós, madre de mi vida con la misma pasión con que la cantábamos entonces, ya que esa canción fue siempre un himno para los alumnos de este Colegio.

 

 

Posdata. Se podían decir más cosas, pero creo que las expuestas exceden con creces los méritos del libro presentado, que no es otra cosa que una recopilación comentada de las letras que escribí en el año 2004 para que Ramón Acusa, amigo y componente del Dúo Dinámico, le pusiera la música a una de ellas. Se la puso, naturalmente, y también escribió el hermoso prólogo del libro. Ramón, y su compañero Manolo, siguen al pie del cañón, resistiendo como auténticos jabatos de la música y de la vida.

 

Noticia relacionada. Última hora. Uno de los más prestigiosos exalumnos del Colegio es Eugenio Cascón. Pues bien, Eugenio ha escrito un fantástico prólogo para mi próximo libro, del que Lalo F. Mayo es nuevamente diseñador y editor. Se titula La sonrisa de los erizos y tiene la suficiente seriedad como para ser un libro de humor. Eugenio Cascón es autor, entre otros, del libro “Español coloquial” y ha trabajado durante varios años en la Real Academia Española.

 

Villajoyosa, 14-01-2020

 Los Chicos del coro, dirigidos por José Luis Zamanillo