Me cuadro ante Santines Vibot y aquí os dejo en portada la foto nº 39, y el resto, con la fuente del pulpo rodeada por mis compañeros de la gloriosa del 61, entre los que reconozco a todos pero solo pongo nombre a Becerra, José Antonio Fernández FER, César Alvarez, Javivi...
Guindilla querido, ojalá hubiera localizado la fuente. Llevo casi dos años denunciando su impune desaparición. Lo que yo te había pedido era algo más difícil: localizar una descripción que hice de ella -perdida en las profundidades del blog- cuando todavía estaba en su sitio, aunque un poco viejecita.
Me he pasado la tarde buscándola y al final la he encontrado.
Está inmersa en la evocación de una visita solitaria que hice en el puente de Todos los Santos inmediato al Reencuentro. Aunque es un poco larga, el pasaje de la fuente está mejor en su contexto. Yo creía que le había pedido fotografiarla a Quique, pero veo que fue a Trapi.
Entonces todavía no tenía claro quien vivía más cerca de ella. El caso es que unos por otros, la fuentecilla ha desaparecido y tal vez no exista ninguna fotografía de aquel mosaico tan risueño y arcádico.
Así me fue aquel viaje:
"Querido Trapiello, parece que no eres el único que ha sentido el impulso de pasear solo por el Colegio después del Reencuentro.
Yo había quedado en verme con Santos Suárez en Palencia durante este puente, para una conversación que los dos hemos pospuesto una vida entera -y la tuvimos, pero después de lo que voy a contar, en su casa de León, donde además conocí más de cerca a su encantadora y simpatiquísima mujer -Socorro, perdona que no me quedara a cenar- y a uno de sus hijos y su esposa, de quien esperan un nieto pronto.
Pero cambié súbitamente los planes, me escapé hasta allí y entré en el solitario Santuario, me senté frente a la vidriera y estuve analizando largo rato su misterioso influjo en tantas vidas, sobre todo en la mía. Otro día lo escribiré, si puedo con ello.
Después entré por detrás del teatro, y me asomé a los viejos camerinos -que arroparon nuestro primer pánico escénico y nuestra exacerbada fantasía de pequeños actores con la cara pintada por Iparraguirre y aquellos bellos o divertidos textos temblando en nuestros labios-.
La primera sorpresa al rodear el teatro fue ver convertida toda aquella zona -que sólo mirábamos a través de las ventanas de las clases de la escuela mayor y que siempre fue un rastrojo abandonado- en un tapiz de césped, hasta el medio del cual había volado La Virgen de los Campos, aquella esculpida por el P. Morán y que tenía unas letras de hierro en torno a la columna de su base "CAUSA DE NUESTRA ALEGRIA".
Cuando estaba junto al campo de balonmano, muchos nos hicimos fotos a su lado, recuerdo una de Javidelvigo, con su aire de púber solitario, y otra de un numeroso y divertido grupo de mi curso... También recuerdo ciertos rosarios de la aurora en Mayo que acababan allí con sus flores silvestres y sus cánticos. Lo mejor: nuestras voces azules y aquellos pensamientos que tendríamos con carita de sueño...
Pero pensé: está mejor aquí.
El recodo de sombra en las mañanas que yo veía desde mi esquina junto a la ventana en la clase de 6º y cuyas gotas de rocío, o de escarcha en invierno, me alucinaban con su hialino espectro de colores purísimos, ¡oh irretornables magias de la infancia!, aquel feliz y trágico rastrojo en las horribles horas de melancolía y desamparo...
ese recodo es también ahora un macizo de hortensias y cuidadas macetas. También está mejor, con los arrendatarios.
El ventanal contiguo, que era del del Director, tiene ahora una puerta de despacho. Y en el muro del fondo del Estudio han abierto una articulada compuerta de garaje para mercancías...aquel Estudio inolvidable, sobre cuya desaparecida cátedra tocamos Los Canalones mientras Heredia-Sandie Show nos mataba de sorpresa y de risa, y tantos ensayos de la Escolanía sonaron, y "emisiones de voz" en soleadas mañanas de domingo... y aquellas misteriosas pupilas dilatadas del solista Tascón en los ensayos nocturnos por voces -los fluorescentes estaban demasiado altos, la luz era escasa y él tenía ojos de gato perezoso con inmensas pupilas cristalinas, nunca te lo dije, Tascón, pero casi me asustaba la hipnótica belleza de tus ojos, así de misteriosos, en aquellos ensayos nocturnos con Torrellas- ...en ese Estudio mágico donde también -al solico detrás de los cristales de una fría y esmaltada mañana del invierno descubrí estupefacto el paraíso fiel de la escritura en aquellos renglones de Gabriel Miró que aún me sé de memoria...
El agresivo cambio del Estudio me cuesta perdonarlo.
¡Y el jardín! Allí siguen en pie nuestros cerezos. Nunca entonces se me hubiera ocurrido contarlos. Pero hoy conté hasta diez. Como quien cuenta hijos, o sobrinos, o nietos. Quizá falte ya alguno, como nos faltan ya Fernando Soria, Tejo, Urío, Barrigón..., pero todos los que quedan están vivos, robustos y "mayores", como nosotros mismos, con algunas heridas pero más dulces que nunca nuestros rojos frutos, ¿no creeis?
Bajo el alero alto de La Recreación eché en falta el cónico altavoz de tómbola que inundaba Los Campos de Olimpiadas, de los chistes de Gila, o de aquellos discos clásicos que yo gozaba tanto con Herrero paseando hasta la granja y hablando, hablando, hablando. El ciprés arizónica que había junto a la puerta, ha crecido tantísimo como nuestra nostalgia. Junto a él hacíamos fila para la merienda y mordíamos aquellas frías pastillas de chocolate (¡ah, cómo crecen con nosotros los árboles!).
Desde luego también La Recreación está mejor, parece más caliente y aseada, aunque ya no es la nuestra.

Y rodeándola llegué hasta uno de de los recodos más deliciosos del Colegio. Aquella fuentecilla exagonal con seis cañitos de agua, bajo las catalpas, aquellos arbolitos -ahora grandes- con sus pequeñas pirámides como una diminuta arquetectura de exóticas y perfumadas flores cada primavera, y aquel alegre mosaico de Iturgáiz que no está entre las fotos de su álbum y sobre el que tanto calmamos nuestra sed, no sólo de agua sino de juegueteos. Sentí no llevar cámara pero os diré cómo la encontré para que la veáis también vosotros por mis ojos y recordéis tanto como jugamos en torno a ella, mojándonos y riendo tan felices: ahora está viejecita y desconchada -siempre lo estuvo un poco- y cuando me acerqué fascinado de encanto de recuerdos, su cuenco estaba casi cubierto de hojas de catalpa, que ya se van cayendo con sus distintos tonos de amarillos y verdes otoñales, la imagen viva de un jardín romántico.
La desnudé de hojas, casi acariciándola y descubrí la fresca sorpresa de una mata de berros(?) que vive en el desagüe. No la quise arrancar, es la única vida que le queda. ¡Y le sienta tan bien! Ya no tiene las ruedecitas lobuladas con las que disparábamos los chorros, ni los pequeños caños que tanto disfrutaron nuestras ardientes bocas juveniles, no rie el agua feliz...pero, asombrosamente, el mosaico está intacto. Y es tan precioso como podáis recordarlo. Mucho más, claro, después de tantos tragos olvidados.

Estuve por ir a por un poco de agua para verlo brillar. No tenía ni papel ni bolígrafo donde apuntaros una descripción. Pero es algo así:
sobre un fondo azulado de marina exquisita hay un pequeño banco de pececillos negros, un pez gordo listado en blanco y negro, otros peces pequeños solitarios y uno maravillosamente único y granate con las tesellas muy irregulares...¡ah... y el pulpo!, tan emblemático de nuestra adolescencia que cuando lo veáis, recordaréis de pronto vuestras risas. Trapiello, tú que vives tan cerca deberías hacernos esas fotos (llévate una botella y humedece el mosaico para la última imagen).
Claro que acaricié las dos viejas porterías de fútbol que aún quedan oxidadas, como todas nuestras fotos en blanco y negro, pero tan evocadoras de nuestros gritos, risas, paseos y conversaciones por "los campos", aquellos campos en los que desollamos nuestras manos, rodillas, codos, piernas...campos rojizos y pedrizos y brotados de viñas en Septiembre...
Miré luego el magnífico terreno de juego reglamentario, de hierba, con sus gradas y todo, atravesado sobre los dos campos de fútbol de la escuela menor y el izquierdo de la escuela mayor -todo ello arrasado-.
También pensé: está mejor así.
Nos dejamos la piel.
Y los conmovedores ruinosos urinarios -que también fotografió Javidelvigo- de los que entrábamos y salíamos corriendo entre lances de fútbol o volea, aliviados, meados nuestros "meybas" por la prisa del juego o de la risa.
Eché de menos aquella fuente que había allí cerca que era tan sólo un tubo agujereado pero que tan felices nos hacía para remojarnos y chillar...y aquellas presas de agua que hacíamos con las manos en el barro, justo al lado de ella...
Ya sé que nada existe como era. Que no hay donde volver...que somos otros.
Yo he sido muy revisitador de todo aquello. Cada verano hasta el 75 pasaba algunos días con la comunidad, para examinarme por libre de la carrera de piano en el Conservatorio de León. Y aún después de vivir allí todo el curso 75-76 en el que dirigí la Escolanía y comencé a mirarlos desde "afuera", he vuelto alguna vez, pese al deslumbramiento de Madrid.
Aún no sé su misterio. Tal vez la clave esté en la vidriera...
Pero ninguna visita tan transparente, tan enriquecedora, tan real, emotiva y sana como la de estos días con vosotros.
Abrazaros y hablaros ha sido y está siendo un regalo tan grande como aquello.
SANTOS VIBOT.
Fecha: 04/11/2007 15:41"